Categoría: Mente y vida

Mente, cerebro, salud, afectos, capacidad cognitiva, vida social, aprendizaje, estrés, longevidad y hasta la dieta misma no son elementos separados como solemos creer. Tienen conexiones, en ocasiones sutiles, a veces directas. En esta sección ponemos a su disposición una serie de notas con lo último que las ciencias médicas, la psicología y los expertos de estas áreas ofrecen sobre esta conexión fascinante.

  • Las rutas de la creatividad

    Las rutas de la creatividad

    Científicos afirman que llegamos a ideas o actitudes nuevas mediante dos caminos mentales diferentes: agrupamiento y conmutación.

    Gentileza del Institut du Cerveau, París

    Llegar a una idea creativa requiere que recurramos a todos nuestros conocimientos previos. Pero, ¿cómo sucede esto en nuestra mente y en nuestro cerebro? El grupo de Emmanuelle Volle del Frontlab del Institut du Cerveau, París, en colaboración con las Universidades de Graz (Austria) y Warwick (Reino Unido), y el Instituto Tecnológico de Israel, ha identificado dos procesos de búsqueda de memoria semántica implicados en la creatividad.

    Ser creativo no surge de la nada. Sin embargo, el nacimiento de una idea creativa en nuestro cerebro es todavía un fenómeno desconocido. Las teorías actuales sugieren que se basa en parte en la organización de nuestro conocimiento almacenado en la memoria semántica y en cómo buscamos conceptos en ella. “¿Qué sucede realmente cuando buscamos una nueva idea? Hasta ahora, no teníamos una idea clara sobre los procesos que nos permiten navegar nuestra memoria semántica y ser creativos”, explica Marcela Ovando-Tellez, becaria postdoctoral en Frontlab y autora del estudio.

    Memoria semántica y creatividad

    La memoria semántica puede estudiarse como una red de asociaciones de objetos y conceptos que se vinculan entre sí en mayor o menor medida. Por ejemplo, la palabra “manzana” estará fuertemente conectada con el conjunto más amplio de “fruta”, pero también estará conectada con los conceptos de “dulce”, “vegetal” o incluso con palabras más lejanas como “cuento de hadas” (si ha leído Blancanieves) o “gravitación” (si se conoce la anécdota de Newton y la manzana). Son todos estos conceptos, almacenados en nuestra memoria semántica, los que nos permiten dar sentido al mundo.

    La creatividad está íntimamente ligada a la estructura de esta red y la forma en que navegamos dentro de ella ligada a los procesos de control ejecutivo. Si las asociaciones semánticas se organizan de tal manera que se establezcan fácilmente vínculos entre objetos distantes, es más fácil generar ideas originales.

    Clave: agrupamiento y conmutación

    Para comprender cómo navegamos por esta red de asociaciones semánticas para descubrir pensamientos creativos, el grupo de Emmanuelle Volle y sus colaboradores construyeron una tarea de asociación semántica libre que consiste en dar una palabra clave a un participante y preguntarle por todas las asociaciones que le vienen a la mente en relación con la palabra propuesta. “La especificidad aquí fue que las palabras clave eran polisémicas, es decir, tenían varios significados posibles”, explica Emmanuelle Volle, también autora del estudio. “Esta ambigüedad da como resultado la activación de varios significados de las palabras clave, lo que nos permitió clasificar las respuestas según el significado relacionado y distinguir dos componentes que interactúan en el proceso de búsqueda de memoria: agrupamiento y conmutación (cambio)”.

    ¿Qué son el agrupamiento y la conmutación? Tomando el ejemplo de una tarea de generación de palabras que involucre la categoría “Animales”, la agrupación consistiría en enumerar sucesivamente una cantidad de nombres de una subcategoría de animales como aves, mientras que el cambio implicaría pasar de una subcategoría a otra, de aves a anfibios o mamíferos.

    Experimento

    La tarea desarrollada por el grupo de científicos contenía, por ejemplo, la palabra francesa “rayon”, que puede tener varios significados: los rayos del sol, los estantes de los supermercados o los radios de las bicicletas. Así, si un participante propone palabras asociadas a “rayo”” en relación con el tiempo en un pasillo (en inglés puede significar columna o línea), adopta un tipo de búsqueda de memoria de tipo agrupamiento, mientras qué si alterna entre palabras asociadas al tiempo y al supermercado, su búsqueda de memoria ahora es del tipo de conmutación (cambio).

    Los investigadores combinaron esta tarea de asociación con toda una serie de otras pruebas que miden la creatividad, el juicio de asociaciones semánticas y el control ejecutivo (es decir, inhibición, memoria de trabajo, etc.). Gracias a estos datos, pudieron reconstruir la estructura de la red semántica de cada participante y relacionar los dos componentes de la búsqueda de memoria con la creatividad, la organización de la memoria semántica y las habilidades de control ejecutivo. Finalmente, las adquisiciones de imágenes de resonancia magnética funcional nos han permitido explorar los correlatos neurales subyacentes.

    Creatividad, búsqueda de memoria y control cognitivo

    El primer resultado obtenido por el equipo es que el agrupamiento y la conmutación (cambio) sí están relacionados con la creatividad, pero de manera diferente. El agrupamiento está relacionado con el pensamiento divergente, es decir, la generación libre de ideas, mientras que el cambio está relacionado con la capacidad de combinar asociaciones distantes entre conceptos. Además, el componente de conmutación también se relacionó con la organización de los conceptos en la memoria y las habilidades de control ejecutivo.

    Luego, los investigadores pudieron predecir tanto la agrupación como el cambio de la conectividad funcional del cerebro del participante y demostrar que los dos componentes tienen diferentes correlatos cerebrales.

    • El agrupamiento fue predicho por los patrones de conectividad entre las redes cerebrales relacionadas con la atención y el control ejecutivo, lo que sugiere que persistir en una categoría semántica (por ejemplo, todos los nombres de mamíferos que vienen a la mente) involucra procesos de atención y puede estar involucrado en la generación de ideas creativas.
    • La conmutación, por otro lado, fue predicha por los patrones de conectividad que involucran principalmente la red predeterminada y la red de control. Este patrón de conectividad puede respaldar los procesos de control ejecutivo que interactúan con la memoria semántica para explorar y combinar elementos distantes de la memoria.

    Estas investigaciones pueden aplicarse en términos sencillos, organizando en solitario o en grupo tareas que elijan o privilegien uno u otro de los cambios, cuando se busca promover la creatividad.

  • Cómo aprender a aprender

    Cómo aprender a aprender

    Las personas que combinan la práctica de espaciado y recuperación tienen más posibilidades de recordar datos y consolidar sus aprendizajes.

    Iowa State University

    Ya sea que uno esté tratando de aprobar un examen o adquirir un nuevo pasatiempo o destreza, la profesora de psicología del estado de Iowa, Shana Carpenter, dice que combinar dos estrategias, bautizadas como práctica de “espaciado” y “recuperación”, resulta clave para tener éxito.

    Carpenter es la autora principal de un artículo que se enfocó en examinar más de 100 años de investigación sobre el aprendizaje.

    Darse entretiempos

    “Los beneficios de la práctica de espaciado y recuperación se han confirmado una y otra vez en estudios en laboratorios, aulas, lugares de trabajo, pero la razón por la que promovemos la difusión de nuestra investigación es porque estas dos técnicas no se han puesto del todo de moda”. No deja de ser contradictoria, pues, “si se utilizaran todos momento, veríamos aumentos drásticos en el aprendizaje”, dice Carpenter.

    En el artículo, ella y sus coautores describen el espaciado como una estrategia para aprender en pequeñas dosis a lo largo del tiempo. Es lo contrario de sentarse toda la noche antes de un examen. Por ejemplo, en uno de los estudios, los estudiantes de medicina que recibieron capacitación en cirugía repetida e intermitente durante tres semanas se desempeñaron mejor y más rápido en las pruebas dos semanas y un año más tarde en comparación con los estudiantes de medicina que recibieron la misma capacitación intensiva en un solo día.

    Carpenter dice que no existe una regla universal sobre cuánto tiempo programar entre sesiones de práctica. Pero la investigación muestra que volver al material después de olvidar parte del contenido, pero no todo, es efectivo.

    Ayudarse y ayudar

    La práctica de recuperación es una estrategia que consiste en recordar lo aprendido previamente. Puede tomar muchas formas, incluidas tarjetas didácticas, pruebas de práctica y sugerencias de escritura abiertas, y ayuda, a los alumnos apara que puedan reconocer lo que saben y lo que no saben.

    Los autores del artículo enfatizan que las personas que verifican sus respuestas en busca de errores o reciben comentarios de inmediato aprenden aún mejor.

    Más de 200 estudios muestran que las personas generalmente retienen más información durante períodos de tiempo más prolongados con la práctica de recuperación en comparación con las estrategias que no implican la recuperación (por ejemplo, volver a leer un libro de texto).

    Los autores argumentan que las personas que combinan la práctica de espaciado y recuperación tienen más posibilidades de recordar información.

    “Olvidar es algo muy natural; no puedes dejar de olvidar incluso si lo intentas, pero puedes retrasar el olvido mediante el uso de la práctica de recuperación y el espaciado”, dice Carpenter.

    Resaltadores e ilusiones de aprendizaje

    Carpenter dice que las creencias falsas sobre el aprendizaje son parte de la razón por la cual la práctica de recuperación y el espaciado no se usan más ampliamente.

    “Probablemente, el concepto erróneo número uno es que el aprendizaje debe sentirse fácil para que funcione, y eso no es cierto en absoluto. Se prenderá de manera más duradera y efectiva si uno persiste y supera esos desafíos, qué si ello hubiera sido fácil todo el tiempo”, enfatiza Carpenter.

    Simplemente resaltar o volver a leer un libro de texto se siente más fácil que escribir respuestas para practicar preguntas de ensayo. Pero sin la verificación de conocimientos que conlleva tratar de recuperar la información aprendida, existe un mayor riesgo de caer en lo que los autores llaman una “ilusión de aprendizaje”.

    Carpenter reconoce que a muchas personas no les gusta cometer errores o darse cuenta de que no entienden el material tan bien como pensaban. Ello porque puede sacar a la luz inseguridades, miedo a fallar o alguna otra emoción que quieran evitar. Pero es muy probable que eventualmente tengan que confrontar lo que no saben cuándo hay más en juego, como durante un examen o una presentación en el trabajo.

    Llevándolo a la sala de clases

    Carpenter dice que usa herramientas digitales (p. ej., cuestionarios de práctica en línea, preguntas de si/no) para incorporar la práctica de recuperación y el espaciado en sus cursos universitarios, pero hay otras formas de llevar estas estrategias al salón de clases.

    Da el ejemplo de una maestra de matemáticas de escuela primaria cuyas técnicas se destacaron en una conferencia reciente. Unos días después de una lección sobre fracciones, la maestra pidió a sus alumnos que compartieran todo lo que pudieran recordar sobre las fracciones. Fue una actividad abierta y comunitaria.

    “Cuanto más hablaban, más empezaban a recordar, y esos niños estaban emocionados de hablar sobre fracciones”, recuerda Carpenter.

    Ella comparte otra historia de una maestra de secundaria que rutinariamente proyecta preguntas de práctica de lecciones anteriores en una pantalla. Los estudiantes anotan las respuestas en tarjetas de notas y luego verifican sus respuestas por su cuenta o discuten en grupo.

    Carpenter enfatiza que los maestros en ambos ejemplos no calificaron, esto es, no pusieron notas por estas actividades. Más bien, brindaron oportunidades de práctica de bajo o ningún riesgo para ayudar a los estudiantes a aprender y reconocer los errores como una parte importante de ese proceso, lo que beneficia a los estudiantes más allá del salón de clases.

    “Aprender a aprender garantizará que, dondequiera que vaya después de los años de educación formal, sabrá cómo aprender algo y tener éxito”, concluye.

  • Actividad mental intensa rejuvenece 13 años la velocidad mental

    Actividad mental intensa rejuvenece 13 años la velocidad mental

    La mejora es de 17 años entre los hombres, 10 años entre las mujeres. Incluye, leer revistas y libros, ir a clases, jugar juegos sencillos o bingos.

    Gentileza de la American Academy of Neurology

    Diversos estudios han demostrado que la actividad física y mental ayuda a preservar las habilidades de pensamiento y retrasar la aparición de demencia. Un nuevo estudio sugiere que estos beneficios pueden variar entre hombres y mujeres, pero que pueden ser más importantes de lo que pensamos.

    El estudio, publicado en julio de 2022 en Neurology, la revista médica de la Academia Estadounidense de Neurología analiza los efectos de actividades físicas y mentales como: leer, ir a clases, jugar a las cartas o juegos, sobre la reserva cognitiva en las áreas vinculadas a velocidad de pensamiento y memoria. La reserva cognitiva es la “reserva” que se forma cuando las personas desarrollan fuertes habilidades de pensamiento y les permite funcionar con normalidad, incluso, cuando sus cerebros ya muestran signos de los cambios subyacentes asociados con el deterioro cognitivo y la demencia.

    Memoria y actividad física

    “Descubrimos que una mayor actividad física se asoció con una mayor reserva de velocidad de pensamiento en las mujeres, pero no en los hombres”, dice la autora del estudio, Judy Pa, experta de la Universidad de California en San Diego. En tanto que, “participar en más actividades mentales se asoció con una mayor reserva de velocidad de pensamiento tanto para hombres como para mujeres”.

    En cuanto a otro aspecto central en los problemas de envejecimiento, una mayor actividad física no se asoció con la reserva de memoria en hombres o mujeres.

    Cabe notar que el estudio involucró a 758 personas con una edad promedio de 76 años. Algunas no tenían problemas de memoria o de pensamiento, algunas tenían un deterioro cognitivo leve y otras tenían demencia. Los participantes se sometieron a escáneres cerebrales y tomaron pruebas de memoria y velocidad de pensamiento. Para calcular la reserva cognitiva, las puntuaciones de las pruebas de pensamiento de las personas se compararon con los cambios en el cerebro asociados con la demencia, como el volumen total del hipocampo, una región clave del cerebro afectada por la enfermedad de Alzheimer.

    También se preguntó a las personas sobre su actividad física semanal habitual. Para la actividad mental, se les preguntó si habían participado en tres tipos de actividades en los últimos 13 meses: a) leer revistas, periódicos o libros; b) ir a clases; y c) haber participado en juegos de cartas, otros juegos o bingo. Se les asignó un punto por cada tipo de actividad, hasta un máximo de tres puntos.

    Prevención que vale oro

    Para la actividad mental, los participantes promediaron 1,4 puntos. Para la actividad física, los participantes participaron, en promedio, en al menos 15 minutos por semana de actividades que elevan el ritmo cardíaco, como caminar a paso ligero y andar en bicicleta.

    Pa asevera que cada actividad mental adicional en la que participaban las personas correspondía a 13 años menos de envejecimiento en su velocidad de procesamiento en sus habilidades de pensamiento: 17 años entre los hombres y 10 años entre las mujeres.

    “Dado que posiblemente tenemos pocos o ningún tratamiento efectivo para la enfermedad de Alzheimer, la prevención es crucial. Cien gramos de prevención valen más que un kilo de tratamiento”, destaca Pa. “Saber que las personas podrían mejorar potencialmente su reserva cognitiva tomando medidas simples como ir a clases en el centro comunitario, jugar al bingo con sus amigos o pasar más tiempo caminando o haciendo jardinería es muy emocionante”.

    Pa agrega que, según los tamaños del efecto observados en el estudio, duplicar la cantidad de actividad física equivaldría a unos 2,75 años menos de envejecimiento en lo que respecta a la velocidad de procesamiento de las habilidades de pensamiento de las mujeres.

    Los investigadores también analizaron si la relación entre las actividades físicas y mentales, y la reserva cognitiva se veía afectada por el gen que conlleva el mayor riesgo de Alzheimer, llamado APOE e4. Encontraron qué para las mujeres, tener el gen disminuye los efectos de la relación beneficiosa entre las actividades físicas y mentales, y la reserva cognitiva.

    En términos metodológicos estrictos, el estudio no prueba que las actividades físicas y mentales ayuden a mejorar la reserva cognitiva. Solo muestra una asociación.

    Otra limitación del estudio fue que las personas informaron sobre su propia actividad física y mental, por lo que es posible que no recordaran correctamente. Además, los factores estructurales y sociales que afectan la reserva cognitiva, como la educación, no se midieron en el estudio.

  • El poder de la música para prevenir el deterioro cognitivo

    El poder de la música para prevenir el deterioro cognitivo

    Sea practicándola o escuchándola, los efectos positivos contrarrestan, parcialmente, el envejecimiento cerebral.

    Université de Genève e Ingenio

    El envejecimiento normal está asociado a un deterioro cognitivo progresivo. Pero ¿podemos entrenar nuestro cerebro para retrasar este proceso? Una de las medidas propuestas, recientemente, es aprender un nuevo idioma o una disciplina ajena; matemáticas, por ejemplo. Ahora, un equipo integrado por científicos de la Universidad de Ginebra (UNIGE), Suiza, HES-SO Ginebra y EPFL ha descubierto que practicar y escuchar música puede alterar el deterioro cognitivo en ancianos sanos, al estimular la producción de materia gris.

    Para lograr estos resultados, los investigadores siguieron a más de 100 jubilados que nunca habían practicado música. Se les inscribió en un curso de piano y sensibilización musical durante seis meses.  Los resultados produjeron entusiasmo.

    Plasticidad en baja

    A lo largo de nuestra vida, nuestro cerebro se remodela. La morfología y las conexiones cerebrales cambian en función del entorno y las experiencias. Por ejemplo, cuando aprendemos nuevas habilidades o superamos las consecuencias de un ictus. Sin embargo, a medida que envejecemos, esta “plasticidad cerebral” disminuye. El cerebro también pierde materia gris, donde se encuentran nuestras más preciadas neuronas. Esto se conoce como “atrofia cerebral”.

    Debido a ello, poco a poco, aparece un declive cognitivo. La memoria de trabajo es una de las funciones cognitivas que más sufre. La memoria de trabajo se define como el proceso en el que retenemos y manipulamos brevemente la información para alcanzar un objetivo, como recordar un número de teléfono el tiempo suficiente para escribirlo o traducir una frase de un idioma extranjero.

    Sin embargo, el estudio antes citado reveló que la práctica musical y la escucha activa podían prevenir el deterioro de la memoria de trabajo. Estas actividades demostraron fomentar la plasticidad cerebral y asociarse a un aumento del volumen de materia gris. También se midieron los efectos positivos sobre la memoria de trabajo. Este estudio se realizó entre 132 jubilados sanos de 62 a 78 años. Una de las condiciones para participar era que no hubieran tomado clases de música durante más de seis meses en su vida.

    Practicar frente a escuchar

    “Queríamos personas cuyos cerebros aún no mostraran ningún rastro de plasticidad relacionada con el aprendizaje musical. De hecho, incluso una breve experiencia de aprendizaje a lo largo de la vida puede dejar huellas en el cerebro, lo que habría sesgado nuestros resultados”, explica Damien Marie, primer autor del estudio, investigador asociado en el Centro de Imágenes Biomédicas CIBM, la Facultad de Medicina y el Centro Interfacultativo de Ciencias Afectivas (CISA) de la UNIGE, así como en la Escuela de Ciencias de la Salud de Ginebra.

    Los participantes fueron asignados aleatoriamente a dos grupos, independientemente de su motivación para tocar un instrumento. El segundo grupo recibió clases de escucha activa, centradas en el reconocimiento de instrumentos y el análisis de propiedades musicales en una amplia gama de estilos musicales. Las clases duraban una hora. Los participantes de ambos grupos debían hacer deberes durante media hora al día.

    Efectos positivos en ambos grupos

    “Al cabo de seis meses, observamos efectos comunes en ambas intervenciones, afirma Clara James, última autora del estudio y profesora titular de la Escuela de Ciencias de la Salud de Ginebra. Y agrega que “las neuroimágenes revelaron un aumento de la materia gris en cuatro regiones cerebrales implicadas en el funcionamiento cognitivo de alto nivel en todos los participantes, incluidas las zonas del cerebelo relacionadas con la memoria de trabajo. Su rendimiento aumentó un 6 % y este resultado se correlacionó directamente con la plasticidad del cerebelo”. Los científicos también descubrieron que la calidad del sueño, el número de lecciones seguidas a lo largo de la intervención y la cantidad de entrenamiento diario repercutían positivamente en el grado de mejora del rendimiento.

    Sin embargo, los investigadores también hallaron diferencias entre los dos grupos. En los pianistas, el volumen de materia gris se mantuvo estable en el córtex auditivo primario derecho, una región clave para el procesamiento del sonido, mientras que disminuyó en el grupo de escucha activa. Además, se observó un patrón cerebral global de atrofia en todos los participantes. Por tanto, “no podemos concluir que las intervenciones musicales rejuvenezcan el cerebro en su totalidad. Sólo previenen el envejecimiento en regiones específicas”, concluye Damien Marie. No es poco, dado que, otras investigaciones muestran que la pérdida auditiva acelera los procesos asociados a la demencia.

    En resumen, estos resultados demuestran que practicar y escuchar música favorece la plasticidad cerebral y la reserva cognitiva. Los autores del estudio creen que estas intervenciones lúdicas y accesibles deberían convertirse en una prioridad política de primer orden para promover un envejecimiento saludable. El siguiente paso del equipo es evaluar el potencial de estas intervenciones en personas con deterioro cognitivo leve, un estadio intermedio entre el envejecimiento normal y la demencia.

  • Venza el insomnio, deje los alimentos ultraprocesados

    Venza el insomnio, deje los alimentos ultraprocesados

    Quienes consumen mayor cantidad de bebidas, snacks, panes industriales, salchichas y carnes procesadas suelen dormir peor.

    Gentileza de Elsevier

    Se estima que un tercio de los adultos padecen insomnio debido a la ingesta de alimentos ultraprocesados. Un análisis de los patrones de alimentación y sueño publicado en el Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics muestra una asociación estadísticamente significativa entre el consumo de este tipo de alimentos (salchichas, carnes procesadas, panes industriales, bebidas, gaseosas y aguas saborizadas, jugos de fruta endulzados, bebidas energizantes, postres lácteos y snacks) ​​y el insomnio crónico, independientemente de las características sociodemográficas, de estilo de vida, de calidad de la dieta y del estado de salud mental.

    La investigadora principal, Marie-Pierre St-Onge, la División de Medicina General y Centro de Excelencia para la Investigación del Sueño, Departamento de Medicina, Universidad de Columbia, explica: “En un momento en el que cada vez hay más alimentos altamente procesados ​​y los trastornos del sueño son desenfrenados, es importante evaluar si la dieta podría contribuir a un sueño adverso o de buena calidad”.

    Si bien estudios anteriores han examinado los nutrientes o los suplementos dietéticos en relación con el sueño (por ejemplo, proteínas, magnesio), este estudio es novedoso porque evalúa un patrón dietético más allá de los nutrientes y alimentos específicos y muestra que el grado en el que se procesan los alimentos puede tener cierta relevancia para la salud del sueño.

    Energía y AUP

    La Dr. St-Onge añade: “Nuestro equipo de investigación había informado anteriormente de asociaciones entre patrones alimentarios saludables, como la dieta mediterránea, con un menor riesgo de insomnio y mala calidad del sueño (tanto transversalmente como longitudinalmente), y dietas ricas en carbohidratos con un mayor riesgo de insomnio. El consumo de AUP está aumentando en todo el mundo y se ha vinculado a numerosas enfermedades como la diabetes, la obesidad y el cáncer”.

    El estudio utilizó datos de más de 39.000 adultos franceses. Se recogieron datos cada seis meses entre 2013 y 2015 de adultos que completaron múltiples registros dietéticos de 24 horas y proporcionaron información sobre los síntomas del insomnio.

    Los participantes informaron que consumían aproximadamente el 16 % de su energía a partir de AUP (Alimentos Ultra Procesados) y cerca del 20 % informaron que padecían insomnio crónico. Las personas que informaron insomnio crónico consumían un porcentaje mayor de su ingesta energética a partir de AUP. La asociación entre una mayor ingesta de AUP y el insomnio fue evidente tanto en hombres como en mujeres, pero el riesgo fue ligeramente mayor en hombres que en mujeres.

    Si bien los datos no prueban causalidad, entregan pistas. Los investigadores recomiendan que los estudios futuros prueben la causalidad y evalúen las asociaciones a lo largo del tiempo. Igualmente, recomiendan que las personas con dificultades para dormir consideren examinar su dieta para determinar si los AUP podrían estar contribuyendo a sus problemas de sueño.

  • Uso prolongado de analgésicos puede contribuir a las enfermedades mentales

    Uso prolongado de analgésicos puede contribuir a las enfermedades mentales

    El efecto, sorprendente, golpea a niños y adultos menores de 25 años afectados por el dolor crónico.

    Gentileza de la University of Liverpool

    El uso prolongado de analgésicos desde una edad temprana puede estar relacionado con un mayor riesgo de mala salud mental en el futuro. Esto es según una investigación dirigida por científicos de la Universidad de Liverpool y St George’s, Universidad de Londres.

    Los niños y adultos jóvenes menores de 25 años que padecen dolor crónico tenían un 29 % más de probabilidades de sufrir una enfermedad mental en la edad adulta. Pero aquellos que tenían dolor crónico y también recibieron un analgésico recetado tenían un 46 % más de probabilidades de tener una enfermedad mental en la vida adulta y un 82 % más de riesgo de abuso de sustancias.

    Los investigadores también encontraron que tener un diagnóstico de dolor crónico y que receten un analgésico a una edad temprana conduce a un mayor uso de opioides recetados en la edad adulta. Dicen, entonces, que es esencial tratar el dolor crónico para proteger la salud y el bienestar de quienes lo padecen, pero advierten que parte de este aumento en el uso de opioides podría alimentar las crisis de consumo de opioides que hoy afecta a los Estados Unidos, particularmente si otros tratamientos pueden ser igual de efectivos.

    Fundamentalmente, la tasa de enfermedades mentales, abuso de sustancias y uso de opioides recetados en la edad adulta fue mucho mayor para aquellos a quienes se les recetaron analgésicos repetidamente para tratar su dolor crónico, en comparación con aquellos que no recibieron analgésicos para el dolor.

    Dolor crónico

    El dolor crónico (definido como dolor que dura más de tres meses) es común y el 8% de los niños experimentan dolor intenso y frecuente. Sin embargo, la mayoría de las investigaciones sobre el dolor crónico y el uso de analgésicos a largo plazo se han centrado principalmente en adultos.

    Tanto el dolor crónico como los medicamentos utilizados para aliviarlo pueden causar daños a largo plazo. Hasta ahora, la mayoría de los estudios solo han analizado uno u otro, lo que significa que es difícil saber cuál causa el mayor impacto. Esto deja una brecha importante en la comprensión de cómo el dolor crónico y el uso prolongado de analgésicos afectan a los jóvenes.

    Utilizando una base de datos de registros médicos electrónicos anónimos, los investigadores examinaron los resultados de salud de 853.625 niños y jóvenes de entre 2 y 24 años. De estos individuos, a 115.101 se les diagnosticó dolor crónico, a 20.298 se les repitió la prescripción de analgésicos y a 11.032 se les diagnosticó dolor crónico y se les recetaron analgésicos.

    Fueron seguidos durante un promedio de cinco años después de los 25 años. En total, se identificó que 11.644 personas habían tenido un evento de abuso de sustancias, se observó que 143.838 tenían mala salud mental y 77.337 recibieron al menos una receta de opioides durante el seguimiento.

    Los resultados se ajustaron por género, privación, tabaquismo, consumo de alcohol, IMC, año de nacimiento, enfermedad mental previa y abuso de sustancias previo.

    Cambio de enfoque

    El Dr. Andrew Lambarth, miembro clínico académico en farmacología clínica y terapéutica en St George’s, Universidad de Londres, dice: “Está claro que es necesario optimizar el manejo del dolor crónico en los jóvenes. Sabemos que tratar mal el dolor puede causar daños tanto a corto como a largo plazo”, pero también es esencial evitar una dependencia excesiva de medicamentos que podría llevar a la dependencia de medicamentos recetados o no recetados en el futuro.

    “Ahora necesitamos trabajar con todos los proveedores de atención médica para ayudarlos a sopesar los riesgos y beneficios de recetar analgésicos a una edad temprana y alentar la consideración de otros enfoques de manejo no farmacológicos reconocidos y efectivos”.

    La profesora Reecha Sofat, catedrática Breckenridge de Farmacología Clínica y Terapéutica de la Universidad de Liverpool, afirma: “Estas tendencias son preocupantes, ya que los menores de 25 años son particularmente vulnerables. Esto significa que el uso regular de analgésicos para aliviar el dolor crónico puede llevar a una dependencia excesiva involuntaria sobre analgésicos en la vida adulta. Explorar cuándo es el momento adecuado para derivar a estos jóvenes a servicios especializados en dolor para un apoyo más específico también será un factor vital a la hora de renovar la práctica de su manejo”.

    Los investigadores reconocen que las tendencias encontradas en el estudio podrían deberse a multitud de factores. Una razón podría ser que los jóvenes que recibieron analgésicos pueden haber tenido un dolor más intenso o frecuente, posiblemente debido a una causa diferente del dolor. También señalan que una tendencia a solicitar una receta de analgésicos puede ser indicativa de peores resultados futuros.

    El equipo también encontró que los niños y jóvenes con discapacidad intelectual y trastorno del espectro autista estaban sobrerrepresentados entre los participantes que recibían recetas repetidas para aliviar el dolor en ausencia de un diagnóstico de dolor crónico. Dicen que esto puede indicar una prescripción excesiva en este grupo ya vulnerable.

  • Un sueño saludable necesita un día saludable

    Un sueño saludable necesita un día saludable

     Para dormir mejor aumente el ejercicio de moderada a vigorosa.

    Gentileza de la University of South Australia

    Sean madrugadores o noctámbulos, todo el mundo aprecia una buena noche de sueño. Pero a pesar de las mejores intenciones, un sueño de calidad puede eludirnos, a veces hasta el punto de contribuir a generar problemas de salud graves.

    Ahora, un estudio de la Universidad de Australia del Sur muestra que dormir bien por la noche está relacionado con la forma en que se estructura la actividad durante el día, y que el ejercicio es el núcleo de la calidad del sueño.

    El estudio, publicado en Sleep Health, examinó diferentes componentes del uso del tiempo y diferentes aspectos del sueño entre 1.168 niños (edad promedio 12 años) y 1.360 adultos (sus padres, edad promedio 44 años, principalmente madres). Los investigadores descubrieron que, aquellos con niveles más altos de actividad física, de moderada a vigorosa, tuvieron menos problemas para dormir, menor cansancio y mejor calidad del sueño.

    Las directrices australianas indican que la mayoría de los adultos necesitan alrededor de ocho horas de sueño por noche, mientras que los niños y adolescentes necesitan entre 8 y 11 horas.

    La investigadora de la UniSA, Dra. Lisa Matricciani, afirma que comprender los factores que afectan la calidad del sueño es vital para la buena salud y el bienestar: “A pesar de lo que sabemos sobre el sueño, muchas personas todavía luchan por lograr una buena noche de descanso”, afirma el Dr. Matricciani.

    Actividades

    “Cuando las personas piensan en la calidad del sueño, tienden a centrarse en los ajustes inmediatamente antes de acostarse (por ejemplo, evitar las pantallas, no comer demasiado y evitar el alcohol), pero nuestra investigación va más allá de esto y abarca la variedad de actividades que realizamos durante el día”.

    Lo que se encontró es que las actividades diurnas están ligadas a diferentes aspectos de nuestro sueño, desde la calidad del sueño, su eficiencia (cuánto tiempo se pasa en la cama cuando en realidad se está dormido) y la cantidad total de horas de sueño que dormimos; también a los niveles de cansancio durante el día y cuándo elegimos ir a la cama.

    “A veces, las actividades que elegimos pueden desplazar directamente el sueño (pensemos en los niños que juegan videojuegos hasta altas horas de la noche), pero otras veces, es la forma en que pasamos las horas del día.

    “En este estudio creamos diferentes simulaciones para ver cómo los aspectos de extensión y restricción del tiempo se relacionaban con diferentes aspectos del sueño.

    “Descubrimos que, si los niños y los adultos aumentaran la actividad física de moderada a vigorosa, se sentirían menos cansados, tendrían, como efecto, menos problemas para dormir y dormirían mejor”.

    “Todo el mundo quiere dormir bien por la noche”. Luego, “si se trata (para lograrlo) de, simplemente, estar más activo durante el día, entonces puede ser un objetivo relativamente alcanzable para la mayoría de nosotros”.

  • Sabiduría futura para adolescentes

    Sabiduría futura para adolescentes

    Cuanto más se esfuerzan por comprender y tratan de aprender de historias conmovedoras o sorprendentes, más crecen redes vitales en su cerebro.

    Gentileza de la University of Southern California e Ingenio

    Todos fuimos adolescentes, pero en la adultez ese tiempo, cada vez más lejano, vilipendiado o idealizado, no siempre valoramos, en su justa medida, experiencias, relatos o conversaciones más bien reflexivas. Sin embargo, puede ser que esos momentos hayan marcado una diferencia tanto o más relevantes que los primeros amores, experiencias eróticas o laborales.

    Precisamente, investigadores de la casa de estudios estadounidense, University of Southern California, han demostrado por primera vez que un tipo de pensamiento que ha sido descrito durante más de un siglo como uno de los hitos del desarrollo de la adolescencia puede hacer crecer a los ‘cerebros adolescentes’ con el tiempo.

    Hablamos de un tipo de pensamiento, que los autores del estudio llaman “trascendente”, el cual va más allá de reaccionar a los detalles concretos de las situaciones sociales y también considera las implicaciones éticas, a nivel de sistemas, y personales más amplias en juego. Participar en este tipo de pensamiento implica analizar situaciones por su significado más profundo, contextos históricos, significado cívico y/o ideas subyacentes.

    A esto último fue que se avocaron los científicos del Centro de Neurociencia, Desarrollo, Aprendizaje y Educación (CANDLE) de la Escuela de Educación Rossier de la universidad citada. Dirigidos por la profesora Mary Helen Immordino-Yang, el grupo, que incluye a Rebecca J.M. Gotlieb y Xiao-Fei Yang descubrieron que el pensamiento trascendente de los adolescentes diversos predice los resultados psicosociales de los adultos jóvenes por medio del desarrollo de la red cerebral

    Más allá del “aquí y ahora”

    En estudios anteriores, los autores habían demostrado que cuando los adolescentes y adultos piensan en temas y situaciones de manera trascendente, muchos sistemas cerebrales coordinan su actividad, entre ellos dos redes importantes para el funcionamiento psicológico: primero, la red de control ejecutivo y, segundo, la red de modo predeterminado.

    La red de control ejecutivo participa en la gestión del pensamiento enfocado y dirigido a objetivos, mientras que la red de modo predeterminado está activa durante todo tipo de pensamiento que trasciende el “aquí y ahora”, como al recordar experiencias personales, imaginar el futuro y sentir emociones duraderas, como la compasión, la gratitud y la admiración por la virtud, soñar despierto o pensar creativamente.

    En este caso en particular, los investigadores entrevistaron en privado a 65 estudiantes de secundaria de entre 14 y 18 años sobre historias reales de otros adolescentes de todo el mundo y les pidieron que explicaran cómo les hacía sentir cada historia. Luego, los estudiantes se sometieron a escáneres cerebrales por resonancia magnética funcional ese día y nuevamente dos años después. Los investigadores hicieron un seguimiento de los participantes dos veces más durante los siguientes tres años, a medida que llegaban a los veinte años.

    Cambio de perspectiva

    Lo que encontraron los investigadores es que todos los adolescentes en el experimento hablaron al menos algo sobre el panorama más amplio (respecto de la historia que se les acercó): qué lecciones aprendieron cuando era particularmente conmovedora o cómo una historia pudo haber cambiado su perspectiva sobre algo en su propia vida o en la vida y el futuro de sus hijos. Sin embargo, también descubrieron que, si bien todos los adolescentes participantes podían pensar de manera trascendente, algunos lo hacían mucho más que otros.

    Y eso fue lo que marcó la diferencia.

    Cuanto más luchaba un adolescente con el panorama general y trataba de aprender de las historias, más aumentaba la coordinación entre las redes cerebrales durante los dos años siguientes, independientemente de su coeficiente intelectual o su estatus socioeconómico.

    Este crecimiento del cerebro (no cómo se compara el cerebro de un adolescente con el de otros adolescentes, sino cómo se compara el cerebro de un adolescente con el suyo propio dos años antes), a su vez, predijo importantes hitos del desarrollo, como el desarrollo de la identidad en los últimos años de la adolescencia y la satisfacción con la vida en la edad adulta temprana, unos cinco años después.

    Los hallazgos revelan un nuevo predictor del desarrollo del cerebro: el pensamiento trascendente. Los investigadores creen que el pensamiento trascendente puede hacer crecer el cerebro porque requiere coordinar las redes cerebrales involucradas en el pensamiento enfocado y con esfuerzo, como la red de control ejecutivo, con las involucradas en la reflexión interna y el pensamiento de forma libre, como la red de modo predeterminado.

    Impacto educativo y en la salud mental

    Estos hallazgos “tienen implicaciones importantes para el diseño de las escuelas intermedias y secundarias, y potencialmente también para la salud mental de los adolescentes”, afirma la investigadora principal Immordino-Yang. Los hallazgos sugieren “la importancia de atender las necesidades de los adolescentes de involucrarse con perspectivas y emociones complejas sobre la relevancia social y personal de los problemas, por ejemplo, a través de enfoques educativos con mentalidad cívica”, explica Immordino-Yang. En general, subraya “el importante papel que desempeñan los adolescentes en el desarrollo de su propio cerebro a través del significado que le dan al mundo social”. Esto es, las historias que se cuentan y que se valoran poseen un efecto concreto en el interior mismo del cerebro, en su estructura y funcionamiento. Y esto abre o cierra posibilidades, virtuosas o conflictivas, respecto de sí mismos y de sus relaciones con los demás, modelando de esa manera su futuro.

  • Rimas y canciones infantiles ayudan más a aprender a hablar

    Rimas y canciones infantiles ayudan más a aprender a hablar

    El acento o énfasis en las diferentes sílabas de las palabras, junto con la subida y bajada del tono son la clave para el aprendizaje de idiomas.

    Gentileza de la University of Cambridge

    Los padres deben hablar con sus bebés cantándoles canciones, ojalá infantiles, lo antes posible, dicen los investigadores. Esto se debe a que los pequeños aprenden idiomas a partir de información rítmica, no fonética, durante sus primeros meses de vida.

    Muchos lingüistas consideran que la información fonética (los elementos sonoros más pequeños del habla, llamados “fonemas”, típicamente representados por el alfabeto) es la base del lenguaje. Debido a ello, hasta ahora se creía que los bebés aprendían estos pequeños elementos sonoros y los sumaban para formar palabras. Pero un nuevo estudio cambia esa visión al sugerir que la información fonética se aprende demasiado tarde y lentamente para que este sea el caso.

    En cambio, es el habla rítmica lo que ayuda a los bebés a aprender el lenguaje al enfatizar los límites de las palabras individuales y es efectiva incluso en los primeros meses de vida.

    Demasiado lento

    Investigadores de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, y el Trinity College de Dublín investigaron la capacidad de los bebés para procesar información fonética durante el primer año. Su estudio, encontró que la información fonética no se codificaba con éxito hasta los siete meses de edad y aún era escasa a los 11 meses, cuando los bebés comenzaron a decir sus primeras palabras.

    “Nuestra investigación muestra que los sonidos individuales del habla no se procesan de manera confiable hasta alrededor de los siete meses, aunque la mayoría de los bebés pueden reconocer palabras familiares como ‘biberón’ en este momento”, dice la profesora Usha Goswami, neurocientífica de Cambridge. “A partir de entonces, los sonidos individuales del habla se añaden muy lentamente, demasiado lentamente para formar la base del lenguaje”.

    Los investigadores registraron patrones de actividad eléctrica cerebral en 50 bebés de cuatro, siete y once meses de edad mientras veían un vídeo de una maestra de escuela primaria cantándole 18 canciones infantiles a un bebé. Se alimentaron bandas de ondas cerebrales de baja frecuencia a través de un algoritmo especial, que produjo una “lectura” de la información fonológica que se estaba codificando.

    Gracias a ello, los investigadores descubrieron que la codificación fonética en los bebés emergió gradualmente durante el primer año de vida, comenzando con los sonidos labiales (por ejemplo, p para “papá”) y sonidos nasales (por ejemplo, m para “mamá”), y la “lectura” progresivamente parecía más como el de los adultos.

    Información rítmica

    El primer autor, el profesor Giovanni Di Liberto, científico cognitivo e informático del Trinity College Dublin e investigador del Centro ADAPT, dijo: “Esta es la primera evidencia que tenemos de cómo la actividad cerebral se relaciona con los cambios de información fonética a lo largo del tiempo en respuesta a discurso”.

    Anteriormente, los estudios se basaban en comparar las respuestas a sílabas sin sentido, como “bif” y “bof”.

    El estudio actual forma parte del proyecto BabyRhythm liderado por Goswami, que investiga cómo se aprende el lenguaje y cómo se relaciona con la dislexia y el trastorno del desarrollo del lenguaje.

    Goswami cree que la información rítmica (el acento o énfasis en las diferentes sílabas de las palabras y la subida y bajada del tono) es la clave para el aprendizaje de idiomas. Un estudio hermano publicado en Brain and Language, que también forma parte del proyecto BabyRhythm, ha demostrado que los bebés procesaban la información del habla rítmica a los dos meses de edad, y las diferencias individuales predecían resultados lingüísticos posteriores. El experimento también se llevó a cabo con adultos que mostraron una “lectura” idéntica del ritmo y las sílabas a los bebés.

    “Creemos que la información sobre el ritmo del habla es el pegamento oculto que sustenta el desarrollo de un sistema lingüístico que funcione bien”, dice Goswami. “Los bebés pueden usar información rítmica como un andamio o un esqueleto para agregar información fonética. Por ejemplo, pueden aprender que el patrón rítmico de las palabras en inglés es típicamente fuerte-débil, como en ‘papá’ o ‘mamá’, con el énfasis en la primera sílaba. Pueden usar este patrón de ritmo para adivinar dónde termina una palabra y comienza otra cuando escuchan el habla natural”.

    ¡A cantar se ha dicho!

    “Los padres deben hablar y cantarles a sus bebés tanto como sea posible o utilizar discursos dirigidos a los bebés, como canciones infantiles, porque eso marcará una diferencia en el resultado del lenguaje”, añade.

    Goswami explica que el ritmo es un aspecto universal de todos los idiomas del mundo. “En todos los idiomas a los que están expuestos los bebés, hay una estructura de ritmo fuerte con una sílaba fuerte dos veces por segundo. Estamos biológicamente programados para enfatizar esto cuando les hablamos a los bebés”.

    Goswami dice que existe una larga historia de intentos de explicar la dislexia y el trastorno del desarrollo del lenguaje en términos de problemas fonéticos, pero que la evidencia no cuadra. Ella cree que las diferencias individuales en el lenguaje de los niños se originan en el ritmo.

    No importa si es desafinada o desafinado, recuerde aquellos ritmos y letras repetitivas de la infancia ¡y a cantar!

  • ¿Quiere reducir el riesgo de ACV? Oscurezca en serio su dormitorio

    ¿Quiere reducir el riesgo de ACV? Oscurezca en serio su dormitorio

    La contaminación lumínica proveniente de la calle aumenta el riesgo en un 43 %. Invertir en cortinas y persianas le ahorrará gastos médicos en el futuro.

    Meaghan Cameron, The Healthy

    Dormir bien, de siete a nueve horas por noche, es esencial para mantener una buena salud. A estas alturas, la mayoría de la gente sabe que la luz azul emitida por nuestros teléfonos y dispositivos puede interrumpir el sueño…, pero esa no es la única luz que puede impedir el sueño necesario. Una nueva investigación sugiere que, si su dormitorio no está lo suficientemente oscuro debido a la contaminación lumínica exterior, podría estar poniendo en riesgo su sueño y su salud.

    Mapeo

    Un estudio publicado en la revista Stroke, en marzo de este año, sugiere que las personas que viven en áreas bien iluminadas, como las ciudades, podrían estar aumentando su riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular. El estudio siguió a 28.302 adultos con una edad promedio de 62 años en una ciudad de China entre 2015 y 2021. Los participantes no tenían ninguna enfermedad cardiovascular diagnosticada al inicio del estudio. Fueron seguidos durante hasta seis años y evaluados para detectar enfermedades cerebrovasculares, accidentes cerebrovasculares isquémicos y accidentes cerebrovasculares hemorrágicos. El nivel de luz fue mapeado por satélite y correlacionado con el lugar donde vivía la gente. Luego se cotejó con registros hospitalarios y certificados de defunción.

    Según el estudio, las personas que vivían con el mayor nivel de luz nocturna tenían un 43 % más de riesgo de desarrollar enfermedad cerebrovascular. Las luces evaluadas fueron fuentes fluorescentes, incandescentes y LED. “Nuestro estudio sugiere que niveles más altos de exposición a la luz artificial exterior durante la noche pueden ser un factor de riesgo de enfermedad cerebrovascular”, dice uno de los autores del estudio, Jian-Bing Wang, investigador asociado con la Escuela de Ciencias de la Universidad de Zhejiang. Medicamento. “Por lo tanto, recomendamos a las personas, especialmente a aquellas que viven en áreas urbanas, que consideren reducir esa exposición para protegerse de su posible impacto dañino”.

    Luz nocturna, no

    Los autores del estudio destacan que este es un problema real para gran parte del mundo, y citan que alrededor del 80 % de la población vive en estos “entornos contaminados por luz”. La exposición a la luz nocturna ya se ha relacionado con tasas más altas de enfermedades cardiovasculares. Este estudio ahora vincula específicamente el exceso de luz nocturna con el riesgo de accidente cerebrovascular. “A pesar de los importantes avances en la reducción de los factores de riesgo cardiovascular tradicionales, como el tabaquismo, la obesidad y la diabetes tipo 2, es importante tener en cuenta los factores ambientales en nuestros esfuerzos por disminuir la carga mundial de enfermedades cardiovasculares”, afirmó Wang.

    El hecho de que la luz pueda afectar la calidad del sueño no es nuevo. El ritmo circadiano del cuerpo regula la liberación de melatonina y, cuando la luz artificial lo interrumpe, el sueño puede ser errático. “Por la mañana recibimos luz solar que suprime la liberación de melatonina. Y por la noche, cuando se pone el sol, se libera melatonina”, explicó anteriormente Raj Dasgupta, miembro de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño y profesor asistente de medicina clínica en la Facultad de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California.

    “Lo ideal sería dormir sin luces”, concluye el Dr. Dasgupta. Este es un consejo especialmente bueno si se vive en un ambiente donde la luz artificial interrumpe el sueño. Invertir en cortinas opacas y mantener su dormitorio lo más oscuro posible durante la noche podría mejorar su salud y tal vez, incluso, prolongar su vida.