Categoría: Mente y vida

Mente, cerebro, salud, afectos, capacidad cognitiva, vida social, aprendizaje, estrés, longevidad y hasta la dieta misma no son elementos separados como solemos creer. Tienen conexiones, en ocasiones sutiles, a veces directas. En esta sección ponemos a su disposición una serie de notas con lo último que las ciencias médicas, la psicología y los expertos de estas áreas ofrecen sobre esta conexión fascinante.

  • Los beneficios cognitivos de caminar hacia atrás

    Los beneficios cognitivos de caminar hacia atrás

    Hacerlo de espaldas aumenta la actividad en la parte del cerebro responsable de la resolución de problemas y la toma de decisiones. Y ayuda a la salud cardíaca.

    Leslie Finlay, The Healthy

    Caminar hacia atrás es un movimiento al que nuestro cuerpo no está acostumbrado y se lo subestima. Es un ejercicio desafiante para casi cualquier persona, pero no solo se considera que es un excelente ejercicio para el cuerpo, sino que también es positivo para la mente.

    “Todos pueden beneficiarse, pero no todos pueden hacerlo de forma segura”, explica el Dr. Shane Davis, médico especialista en medicina deportiva y fisiatra del Tufts Medical Center, en los Estados Unidos.

    A continuación, se indican quiénes deben evitarlo y se ofrecen consejos para mantenerse a salvo de caídas.

    Alivia ciertos dolores

    También conocida como “marcha hacia atrás”, esta técnica suele formar parte de los programas de fisioterapia. “En fisioterapia, puede utilizarse específicamente con personas que sufren dolor en las extremidades inferiores, ya que caminar hacia atrás modifica los patrones de fuerza y ​​puede aliviar la presión sobre las partes del cuerpo que de otro modo serían dolorosas”, explica el Dr. Davis.

    Hoy en día, es posible que vea a más gente caminando hacia atrás en el gimnasio o en las redes sociales. Según el Dr. Davis y estudios recientes, existen muchas razones para que esta tendencia de fitness se mantenga gracias a sus beneficios para la salud. (Solo tenga cuidado con lo que vea detrás suyo… y cuando se acostumbre, pruebe a caminar cuesta arriba para un entrenamiento muscular aún más efectivo).

    1. Caminar hacia atrás fortalece los músculos poco utilizados

    “[Caminar hacia atrás] activa los músculos de forma diferente a caminar hacia adelante, lo que fortalece músculos que quizás no reciban tanta atención al caminar hacia adelante”, explica el Dr. Davis.

    En concreto, un estudio de 2024 publicado en el Journal of Clinical and Diagnostic Research destaca que caminar hacia atrás activa los cuádriceps, los isquiotibiales, los glúteos, los flexores de la cadera y los músculos de la pantorrilla. Si bien utilizamos estos músculos al caminar normalmente, caminar hacia atrás requiere que actúen de forma diferente, alargándose bajo carga. Este tipo de trabajo muscular se denomina “movimiento excéntrico” y se asocia con mayores ganancias de fuerza.

    2. Caminar hacia atrás mejora el equilibrio y la estabilidad

    “Este nuevo patrón de movimiento también conllevará mejoras en la coordinación mediante adaptaciones neuromusculares y en el equilibrio”, afirma el Dr. Davis. “[Esto se logra] a través del entrenamiento de la propiocepción, que consiste en saber dónde se encuentra el cuerpo en el espacio”.

    En esencia, al caminar hacia adelante, dependemos del sentido propioceptivo natural de nuestro cuerpo. “Nuestras articulaciones y músculos están diseñados para optimizar el movimiento hacia adelante, y nuestro sistema visual está diseñado para ver hacia adelante, no hacia atrás”, explica el Dr. Davis. Por lo tanto, cuando no podemos ver hacia dónde vamos, los músculos estabilizadores más pequeños de nuestro cuerpo —como los de los tobillos, las rodillas y las caderas— se activan para ayudarnos a mantener el equilibrio y el control.

    Además de las mejoras generales en el equilibrio y la estabilidad, el Dr. Davis afirma: “Esto puede ser importante para mejorar el rendimiento deportivo y prevenir caídas”.

    3. Caminar hacia atrás quema más calorías

    “Estamos acostumbrados a caminar hacia adelante tanto por costumbre como por razones biomecánicas”, explica el Dr. Davis. “Si bien podemos caminar o correr hacia atrás, nuestra anatomía nos dificulta mucho más el proceso”.

    Esta mayor exigencia implica un entrenamiento más intenso. El Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM, por sus siglas en inglés) utiliza el término equivalente metabólico de una tarea (MET, por sus siglas en inglés) para estimar la intensidad del ejercicio y la quema de calorías. Según el ACSM, una caminata moderada equivale a 3,5 MET, y caminar hacia atrás a 6 MET. Esto sugiere que caminar hacia atrás puede quemar hasta el doble de calorías.

    4. Caminar hacia atrás mejora la salud del corazón

    El mayor esfuerzo físico que supone caminar hacia atrás también es excelente para la salud del corazón.

    Un estudio de 2023 publicado en Health Science Reports monitoreó a participantes que pasaron al menos 15 minutos caminando hacia atrás en una cinta de correr cuatro veces por semana. Después de 12 semanas, en comparación con las personas que caminaban hacia adelante, los participantes que caminaban hacia atrás experimentaron:

    • Mayores respuestas de consumo de oxígeno (VO2), una medida de aptitud cardiovascular.
    • Mejora de los niveles de presión arterial
    • Reducción de la inflamación sistémica, que está relacionada con las enfermedades cardiovasculares.

    5. Caminar hacia atrás también es un ejercicio cognitivo

    “Parte de la dificultad de caminar hacia atrás radica en que no estamos acostumbrados a hacerlo”, explica el Dr. Davis. “Al principio, requerirá tanto esfuerzo mental como físico”.

    Al igual que uno tiene que reaprender a caminar después de una lesión, el Dr. Davis afirma que caminar hacia atrás supone un reto similar. “Aprender cosas nuevas y estimular el cerebro es beneficioso para nuestra salud cognitiva, por lo que caminar hacia atrás puede aportar mejoras tanto físicas como cognitivas”.

    Si bien la investigación continúa, UCLA Health informa que varios estudios demuestran que caminar hacia atrás aumenta la actividad en la parte del cerebro responsable de la resolución de problemas y la toma de decisiones. De hecho, un estudio de 2019 publicado en Cognition descubrió que caminar hacia atrás incluso podría mejorar la memoria a corto plazo.

    6. Caminar hacia atrás favorece la salud de las articulaciones

    La investigación publicada en Health Science Reports señala otra gran ventaja de caminar hacia atrás: reduce considerablemente la presión sobre las articulaciones. La forma en que nuestros músculos se activan al mover las articulaciones en sentido inverso ayuda a absorber el impacto, a la vez que fortalece los músculos estabilizadores para una mejor salud articular a largo plazo. Caminar hacia atrás también mejora la flexibilidad articular, según un artículo del Journal of Clinical and Diagnostic Research.

    El Dr. Davis afirma que caminar hacia atrás también puede ser un ejercicio beneficioso para las personas que padecen dolor articular. “En ciertos casos, esto puede aliviar la presión sobre la articulación al modificar los patrones de fuerza y ​​mejorar la fuerza y ​​el control muscular”.

    7. Caminar hacia atrás puede aliviar el dolor lumbar

    Caminar hacia atrás también fortalece los músculos abdominales. Al desafiar nuestro equilibrio y coordinación, esta actividad obliga a activar los músculos abdominales, en particular los músculos profundos de la columna que sostienen la zona lumbar, según un estudio de 2022 publicado en el Asian Pacific Journal of Health Sciences. Esta actividad aumenta el rango de movimiento de los músculos lumbares, reduciendo significativamente el dolor de espalda baja en los participantes del estudio.

    Cómo empezar a caminar hacia atrás de forma segura

    ¿Otra razón para empezar a caminar hacia atrás? Es un ejercicio sencillo que casi cualquiera puede hacer, lo que lo convierte en una excelente manera de comenzar una nueva rutina de ejercicios. O si ya tiene un programa de ejercicios, este movimiento novedoso supondrá un reto para la mayoría de las personas, afirma el Dr. Davis, siempre y cuando puedan hacerlo de forma segura.

    Recomienda empezar en un entorno controlado, como una cinta de correr con apoyabrazos o una superficie plana con una barra de agarre cerca. También puede pedirle a un amigo que te ayude; asegúrese de usar un área abierta y plana, libre de obstáculos.

    Asegúrese de empezar despacio. Por ejemplo, no espere caminar hacia atrás tan rápido como hacia adelante. “Es importante no progresar demasiado rápido ni en un entorno peligroso, ya que caminar hacia atrás puede suponer un riesgo de caída”, explica el Dr. Davis. Esto podría significar incorporar caminar hacia atrás a su calentamiento o enfriamiento, o empezar con caminatas cortas e ir aumentando la intensidad a medida que se sienta más cómodo.

    Precauciones y quiénes deben evitarlo

    “Todos pueden beneficiarse, pero no todos pueden hacerlo de forma segura”, explica el Dr. Davis. “Si usted padece lesiones o problemas neurológicos que comprometen gravemente su equilibrio y coordinación, caminar hacia atrás puede suponer un alto riesgo de caídas”.

    Eso no significa que deba evitar caminar hacia atrás por completo. Simplemente es importante hacerlo bajo la supervisión de un profesional de la salud, como un fisioterapeuta, explica el Dr. Davis.

    En muchos casos, caminar hacia atrás es un ejercicio eficaz para personas que se recuperan de una lesión, y una investigación de 2023 publicada en Multiple Sclerosis and Related Disorders destaca su efecto positivo en el equilibrio, la marcha y la movilidad en personas con enfermedades neurológicas.

    Pero sea cual sea su situación, manténgase a salvo y aproveche al máximo los beneficios de caminar hacia atrás siguiendo estas reglas de oro:

    • Use calzado adecuado.
    • Manténgase atento al entorno.
    • Evite terrenos irregulares, espacios concurridos y áreas con posibles obstáculos.
    • Comience despacio, con pasos pequeños y controlados.
    • Mantenga una buena postura.
    • Si sufre alguna lesión, consulte primero a su médico.
  • Decisiones complejas: ¿cuánto más rápido, mejor?

    Decisiones complejas: ¿cuánto más rápido, mejor?

    En algunas decisiones difíciles, un menor tiempo de reflexión se asocia con una mayor calidad de las decisiones.

    Universidad Ludwig-Maximilians de Múnich (LMU) y Universidad de Bonn

    En ajedrez, las decisiones más rápidas suelen ser las de mayor calidad. Esta es la conclusión de un equipo de investigadores de la LMU y científicos de la Universidad Erasmus de Róterdam y la UniDistance Suisse. ¿Y en la vida?

    Para lo primero, los expertos se basaronn en datos de partidas profesionales de ese juego, donde investigaron la relación entre el tiempo empleado para tomar una decisión estratégica compleja y la calidad de dicha decisión.

    El profesor Uwe Sunde y sus colegas creen que los resultados de su investigación indican que el tiempo de decisión refleja la dificultad –percibida subjetivamente– del problema, la cual puede variar según la situación.

    El experto razona que tomarse más tiempo para tomar una decisión puede resultar en una decisión mejor meditada, que es lo que suele pensarse como lo mejor. Sin embargo, también puede indicar que la pregunta que requiere respuesta se percibe como más difícil, lo que podría estar asociado con una menor calidad de la decisión.

    “Con este estudio, hemos podido demostrar que, si se mantiene constante la dificultad objetivamente medible de la decisión, quien reflexiona durante más tiempo tomará peores decisiones”, afirma el investigador.

    Una persona que reflexiona sobre un asunto durante más tiempo puede percibir, como se dijo, un mayor nivel de complejidad. Por el contrario, un menor tiempo de toma de decisiones podría indicar que el jugador tiene una fuerte intuición, es decir, un sentido innato de cuál es la mejor opción.

    Lo anterior “es lo que distingue a los humanos de las máquinas: los humanos suelen reconocer qué es bueno y qué no lo es en una situación”. Por ello, “si una persona no logra comprender la situación rápidamente, le resulta difícil seguir analizando el problema racionalmente”, explica Sunde.

    Correlación entre velocidad y calidad

    Como economista conductual, Uwe Sunde está interesado en explorar cómo las personas toman decisiones. “Anteriormente, la mayoría de los estudios sobre el tiempo y la calidad de las decisiones han analizado decisiones relativamente simples, frecuentemente con estudiantes en entornos de laboratorio estandarizados”, explica Sunde. “En nuestra investigación, cuando examinamos decisiones reales fuera del laboratorio, a menudo tenemos que basarnos en observaciones que no son estrictamente comparables”.

    En colaboración con su equipo de coautores, el economista halló una forma alternativa de analizar decisiones estratégicas complejas: analizaron los movimientos individuales de los jugadores en torneos profesionales de ajedrez. Midieron el tiempo que tardaban en tomar sus decisiones y compararon el resultado con los parámetros de referencia establecidos por los programas de ajedrez para obtener una evaluación objetiva de la calidad. Los investigadores compararon las decisiones que un jugador tomaba en diferentes configuraciones del tablero contra el mismo oponente.

    Las “otras” decisiones

    No obstante, la gente no vive la vida como si fuera un juego de ajedrez donde en cada movimiento puede jugarse el destino final. Las opciones suelen ser, o verse, como menos trascendentes.

    Por ejemplo: ¿Darse un capricho o ahorrar para unas vacaciones inolvidables? ¿Relajarse en el sofá o hacer ejercicio? ¿Comerse una tableta entera de chocolate o guardar algo para después? En estas decisiones se presenta un dilema entre la necesidad de gratificación inmediata frente a un deseo a largo plazo. Lo que sabemos que el comportamiento de las personas es muy individual en este sentido, y también parecen existir diferencias entre culturas.

    Justamente, para comprender mejor este tipo de decisiones, psicólogos de la Universidad de Bonn, también en Alemania, colaboran con investigadores de 77 países en un estudio en línea de gran envergadura: se encuestará a unas 15 000 personas hasta el 18 de agosto de 2026.

    ¿Correcto e incorrecto?

    Cuando sopesamos las consecuencias a corto y largo plazo, tomamos lo que se conoce como “decisiones intertemporales” (esto es que una de las partes de lo que se decide no está o no ocurre en un momento inmediato). “Estas decisiones dan forma a nuestra vida cotidiana”, afirma el Dr. Kristof Keidel, coordinador del estudio y miembro del Departamento de Psicología de la Universidad de Bonn.

    En la actualidad, la tendencia al consumo inmediato, incluso, se ha inmortalizado en el himno del rock “Lo quiero todo, lo quiero ya”. Sin embargo, en muchos casos, las mayores ventajas solo se hacen evidentes tras un periodo de tiempo más prolongado. Las decisiones intertemporales, y el sacrificio que conllevan, son la base de las grandes compras, la salud y la sostenibilidad.

    “Aquí no hay decisiones correctas ni incorrectas”, subraya Keidel. “Se trata simplemente de preferencias personales, que, naturalmente, también están influenciadas por la situación”. Cuando los recursos son limitados, puede ser incluso mejor optar por la recompensa menor de inmediato, ya que no está claro si quedará algo mañana. Además, estas decisiones suelen depender del estado de ánimo: quienes buscan comodidad son más propensos a optar por el consumo inmediato que quienes tienen una visión optimista del futuro.

    No obstante, además de las preferencias individuales, los hallazgos de estudios previos indican que el comportamiento en la toma de decisiones intertemporales también puede variar entre países y culturas. ¿Una conclusión clara e importante? No confundir la impulsividad o los apetitos con la intuición, pero darse cuenta, también, de que darle demasiadas vueltas a las cosas trascendentes puede ser un obstáculo.

  • Adiós, Romeo y Julieta. ¿Está la tecnología digital acabando con el amor tradicional?

    Adiós, Romeo y Julieta. ¿Está la tecnología digital acabando con el amor tradicional?

    Mientras más utilizan las personas las plataformas de citas y pornografía de forma adictiva, menos valoran el amor.

    El uso de aplicaciones de citas y sitios web de pornografía ha crecido rápidamente en los últimos años, lo que podría derivar en una adicción y, potencialmente, socavar las creencias tradicionales sobre el romance y el amor verdadero.

    Para profundizar en el tema, expertos internacionales encuestaron a 664 usuarios de aplicaciones de citas y pornografía en línea para evaluar sus opiniones sobre el amor y el valor existencial que le otorgan, según explica el Dr. Reza Shabahang, investigador de psicología de la Universidad de Flinders, en Australia, uno de los autores dela investigación.

    Problemas previos

    “Ya sabemos que el uso excesivo (casi adictivo) de aplicaciones de citas y pornografía está relacionado con problemas como la ansiedad, la depresión, los malos hábitos alimenticios y la dificultad para controlar el comportamiento sexual”, afirma Shabahang.

    “Algunos usuarios incluso pueden sentirse aburridos o inquietos cuando no utilizan constantemente estas plataformas”, afirma.

    “Queríamos saber —agrega— si el uso adictivo de aplicaciones de citas y pornografía influye en cómo las personas perciben el amor romántico. Es decir: ¿siguen considerándolo significativo, más valioso que el dinero y digno de fidelidad?”.

    ¿Y de qué manera “afecta esto a nuestra forma de ver el amor y al valor existencial que le atribuimos?”.

    El amor visto como menos significativo

    La profesora asociada Ágnes Zsila, psicóloga y coautora húngara, afirma que los resultados mostraron que cuanto más utilizaban las personas estas plataformas de forma adictiva, menos valoraban el amor.

    “Tenían más probabilidades de ver el amor como algo sin sentido, de creer que solo funciona cuando hay dinero de por medio y de entrar y salir rápidamente de las relaciones”, dice Zsila.

    “Creemos que las desventajas de estas plataformas son parte de la solución. Por ejemplo, las aplicaciones de citas pueden abrumar a las personas con tantas opciones y hacer que se queden atrapadas en conversaciones superficiales”.

    La pornografía suele dar mayor importancia a la gratificación física que a la cercanía y la intimidad en las relaciones personales. Con el tiempo, este énfasis puede contribuir a que las relaciones se perciban principalmente como un medio para satisfacer necesidades sexuales, en lugar de como una fuente de conexión emocional más profunda.

    El uso consciente puede reducir los daños

    Sin embargo, Shabahang afirma que hubo un hallazgo esperanzador.

    “Las personas que usaban la tecnología de forma más consciente tenían menos probabilidades de volverse adictas y reportaban menos problemas con su percepción del amor”, afirma. En otras palabras, usar la tecnología, incluidas estas herramientas, con consciencia resulta beneficioso. “Por ejemplo, preguntándote por qué las usas y recordando que las experiencias en estas plataformas pueden ser diferentes a las de la vida fuera de línea”.

    Una advertencia para futuras relaciones

    Los resultados respaldan la necesidad de que los usuarios sean conscientes de los riesgos que pueden sufrir al utilizar estas tecnologías.

    “Creemos que esta simple toma de conciencia puede ayudar a sacar el máximo provecho de la tecnología al tiempo que te proteges de sus daños”, añade Demetrovics, director del Instituto Flinders para la Salud Mental y el Bienestar.

    “La sociedad y las generaciones futuras todavía necesitan historias románticas que merezcan ser contadas, y la tecnología no debe ser un obstáculo para ello”.

    El trabajo se realizó en grupo ​​con el profesor Zsolt Demetrovics de la Universidad de Flinders, la profesora asociada Ágnes Zsila de la Universidad ELTE Eötvös Loránd, en Hungría, y otros expertos en psicología y comportamiento humano en la era digital.

  • La felicidad tiene más de dos ojos

    La felicidad tiene más de dos ojos

    Encontrar el contento en la vida real supone aprender que hay más de una perspectiva correcta tanto en los conflictos como en las soluciones.

    Mundo Ingenio

    Está bien documentado que, cada vez que nos sentimos particularmente estresados o exhaustos, solemos tener pensamientos negativos y pesimistas. Nuestro organismo se tensa y nuestra visión mental se reduce. Desarrollamos sentimientos de desesperación y sentimos que no podemos lidiar con las situaciones, lo que termina volviéndose realidad. Muchas veces nos sentimos arrojados, así, a una vida de infelicidad.

    Un consuelo que suelen ofrecernos es decir que tal infelicidad no es más que otro nombre para el realismo. ¿Pero qué tiene de realista esperar siempre desenlaces negativos o sentirse impotente frente a todo? Al intentar mirar las cosas desde otra perspectiva, a menudo es posible cambiar nuestra realidad. Eso pasa porque no siempre son las situaciones, sino la forma en la que las interpretamos lo que afecta cómo funcionamos y nos sentimos. Y, como individuos, tenemos la capacidad de determinar cómo vemos una situación o a otra persona.

    Por ejemplo, hay investigaciones médicas que demostraron que, si se les dice a los pacientes que esperen efectos adversos durante un tratamiento, es más probable que los experimenten comparados con los pacientes a los que no se les advierte. Incluso, parece que, si a uno le dicen que tiene mayor riesgo de desarrollar una enfermedad, es más probable que la desarrolle en relación con las personas que tienen el mismo riesgo, pero a las que se les dice que su riesgo es menor.

    En otro estudio revelador, investigadores de Harvard les explicaron a 44 mucamas de hotel que su trabajo diario implicaba hacer ejercicio de verdad. Cuando se les hicieron análisis, un mes más tarde, se descubrió que se les había reducido la tensión arterial, habían bajado de peso y habían mejorado la proporción entre cintura y cadera sin haber hecho nada diferente. El solo hecho de pensar que estaban haciendo ejercicio regular fue el truco. Un grupo de control al que no se le dio esa información no mostró la misma mejora de la salud. Esa es una prueba más del poder de la mente. Sin embargo, ¿cada cuánto desafiamos nuestros pensamientos y actitudes? Estudios como el señalado demuestran que cambiar el pensamiento cambia nuestra experiencia.

    Refuerce lo positivo

    Si se da cuenta de que se inclina más a tener un pensamiento negativo que positivo, aquí tiene un ejercicio de disciplina mental simple pero efectivo que le dará una visión más positiva.

     Cada vez que se descubra pensando algo negativo o crítico, inviértalo y formule exactamente lo opuesto, luego repítalo una y otra vez en la cabeza. Haga eso, aunque escuche una voz interior que le diga que lo que piensa es ridículo o una mentira lisa y llana. Repetir cosas positivas permite que se asienten en el subconsciente, y desde ahí influyen tanto en sus puntos de vista como en su comportamiento. Acostúmbrese a practicar esta técnica todos los días para obtener más equilibrio en su pensamiento.

    Busque el lado bueno

    Cuando las cosas parezcan imposibles o malas, busque algo bueno en la situación. Encontrar algunos aspectos buenos en cualquier cosa con la que tenga que lidiar no significa negar la situación real, sino solamente llevar algo de equilibrio a circunstancias que lo hayan hecho sentir desequilibrado o agobiado. No es cuestión de engañarse a uno mismo respecto de los problemas o los estresores; más bien, se trata de disciplinarse para buscar formas de pensar en positivo, lo que a la larga lo fortalecerá, si lo mantiene activo en la búsqueda de soluciones.

    Es seguro que buscar lo positivo le hace la vida más fácil y feliz, por eso es crucial intentar modificar su manera de pensar si se volvió negativa por default. La negatividad no ayuda a nadie. Consume la energía. Paraliza. No lleva al éxito en las relaciones ni en nada que trate de hacer en la vida.

    Encontrar un balance en el pensamiento

    Podemos hacer algunos ejercicios para reconocer que hay diferentes formas de considerar una situación y también a entender que tener una mirada diferente puede dar lugar a un estado de ánimo tranquilizador o energizante. A continuación, uno de ellos.

    • Imagínese que vive en una casa en la que las ventanas del frente dan a una calle principal muy transitada, con mucho tráfico. El movimiento constante de autos y personas puede ser estimulante o molesto, pero esa vista no lo hará sentir en paz.

    • Luego, visualice las ventanas traseras de la casa, que dan a campos que se extienden a lo lejos, adonde las montañas se elevan para alcanzar el cielo; una vista tranquila, relajante.

    • Ahora imagínese que llega una visita. Si él o ella no pudieran ver la vista que hay de las ventanas traseras, asumirían que usted vive en un ambiente estresante. Pero si entraran por la parte de atrás de la casa y miraran por las ventanas traseras solamente, él o ella llegarían a la conclusión de que su entorno es pacífico y armonioso.

    Lo importante es que, aunque los dos puntos de vista son correctos, cada uno es, de hecho, solo una verdad a medias. Todo depende de las ventanas por las que decida mirar. ¿Cada cuánto pasa eso en nuestra vida? ¿Cada cuánto vemos nada más que una parte de la imagen, o un solo lado de la discusión? Esa imagen mental puede ayudarlo a modificar y equilibrar el pensamiento. Cuando las cosas se pongan difíciles o agobiantes, conjure la imagen de la casa con ventanas en dos orientaciones, luego tome la decisión consciente de visualizarse a usted mismo mirando por las ventanas que más lo ayudarán en el momento indicado. Siempre hay otra forma de ver las cosas. Cuando lo reconocemos, generalmente encontramos más recursos para enfrentar los problemas.

  • El espejo fiel de los otros

    El espejo fiel de los otros

    Cada vez que conocemos personas nuevas que nos simpatizan aparece un efecto paradojal, creemos que nos ven peor de lo que nosotros los vemos a ellas.

    Rodrigo Lara Serrano

    La culpa es de la palabra “metafísica”. La escuchamos y en nuestra mente aparecen asuntos tan inaccesibles como una planilla Excel que muestra el balance de una empresa transnacional china con sede en las islas Comores. Ahora, si le ponemos una lupa encima, la responsabilidad está en la parte que dice “meta”. Es un reflejo condicionado: no por nada algo parecido nos ocurre con “metabolismo” (que siempre es un embole) o metacrítica (¿una crítica de la crítica o qué?). Dicho lo anterior, tenemos que ser herejes y admitir que, unas pocas veces, el famoso “meta” puede resultar útil, como cuando nos los encontramos en “metapercepción”.

    ¿Qué es la metapercepción? Pues bien, la visión que tenemos acerca de la visión que tienen los demás sobre nosotros. En sencillo, cuando nos decimos “creo que le caí bien” o “me sonríe, pero no me quiere ver ni en pintura” la estamos usando. Los paranoicos son unos obsesivos al respecto. Y los enamorados, también. Aunque a estos últimos solo les interese enfocarla en una única persona en todo el universo.

    Para el resto de los que pertenecemos al vasto zoológico humano, nuestras vidas sociales se componen de manera importante en la variedad más común de meta-percepción ya mencionada: tratar de descubrir cómo nos ven otras personas. Es todo un tema, especialmente cuando recién conocemos a alguien, ¿piensan que somos aburridos o interesantes, egoístas o altruistas, apreciables o despreciables, atractivos o no?

    Brecha

    Pues bien, la noticia es que, como detectives principiantes en busca de sutiles pistas químicas o genéticas en la escena del crimen, pasamos por alto ese pañuelo con sus iniciales o aquella tarjeta de presentación que el “asesino” dejó a plena vista. Es lo que afirma una investigación dada a conocer, en septiembre pasado, en la revista Psychological Science de los EE.UU.

    “Nuestra investigación sugiere que estimar con precisión cuánto le gusta uno a un nuevo compañero/a de conversación —a pesar de que es una parte fundamental de la vida social y algo con lo que tenemos práctica amplia— se trata de una tarea mucho más difícil de lo que imaginamos”, explican Erica Boothby, investigadora postdoctoral en la Universidad de Cornell, y Gus Cooney, investigador postdoctoral en la Universidad de Harvard, que participaron en la investigación.

    “Llamamos a esto una ´brecha de gusto´ y puede obstaculizar nuestra capacidad para desarrollar nuevas relaciones”, agrega la coautora del estudio Margaret S. Clark, profesora de psicología en la Universidad de Yale.

    Llegar a esta conclusión no fue algo que hicieron en un abrir y cerrar de ojos. Para lograrlo, los citados Boothby, Cooney y Clark, junto con Gillian M. Sandstrom, profesor de psicología en la Universidad de Essex, examinaron varios aspectos de la llamada ´brecha de gusto  en una serie de cinco estudios.

    Cinco minutos

    En uno de ellos, los investigadores emparejaron a los participantes que no se habían visto antes y les pidieron que sostuvieran una conversación de cinco minutos con preguntas típicas para romper el hielo (por ejemplo, ¿de dónde eres?, ¿cuáles son tus aficiones?). Al final de la conversación, los participantes respondieron preguntas que evaluaban cuánto les gustaba su compañero de conversación y cuánto pensaban que le habían gustado.

    En promedio, las calificaciones mostraron que a los participantes se sentían más a gusto con su nuevo compañero de lo que pensaban que ellos mismos le gustaban al otro. Para los científicos esta disparidad en las calificaciones promedio sugiere que los participantes tendieron a cometer un error de estimación. De hecho, los análisis de las grabaciones de video mostraron que los participantes no tomaban en cuenta las señales de comportamiento de su interlocutor que indicaban interés y disfrute.

    Nada fugaz

    En un estudio separado, los participantes reflexionaron sobre las conversaciones que acababan de tener: de acuerdo con sus calificaciones, creían que los momentos más destacados que daban forma a los pensamientos de su interlocutor sobre ellos eran más negativos que los momentos que configuraron sus propios pensamientos sobre él.

    “Parecen estar demasiado absortos en sus propias preocupaciones sobre lo que deberían decir o dijeron para ver las señales de que los demás les caen bien, lo que los observadores de las conservaciones ven de inmediato”, señala Clark.

    Estudios adicionales mostraron que la diferencia de gusto surgió independientemente de si las personas tenían conversaciones más largas o tenían conversaciones en entornos del mundo real. Y, más importante todavía, un estudio entre compañeros reales de la universidad mostró que la brecha de gusto estaba lejos de ser fugaz, perdurando durante varios meses.

    El fenómeno es interesante porque contrasta con la creencia bien establecida de que generalmente nos vemos a nosotros mismos más positivamente que a los demás, sea que estemos pensando en nuestras habilidades para conducir, nuestra inteligencia o nuestra posibilidad de experimentar eventos negativos como enfermedad o divorcio.

    Autoprotección pesimista

    No obstante, la diferencia de percepción reseñada funciona de manera muy diferente. “Cuando se trata de interacción social y conversación, las personas a menudo dudan, no están seguras de la impresión que dejan sobre los demás y son demasiado críticas con su propio desempeño”, explican Boothby y Cooney. Aun así, “a la luz del gran optimismo de la gente en otros ámbitos, el pesimismo de la gente sobre sus conversaciones es sorprendente”.

    Para los investigadores la diferencia puede deberse al contexto en el que hacemos estas autoevaluaciones. Cuando hay otra persona involucrada, como un compañero de conversación, podemos ser más cautelosos y autocríticos que en situaciones en las que calificamos nuestras propias cualidades sin otra fuente de información.

    “Somos autoprotectores pesimistas y no queremos suponer que les gustamos a los otros antes de descubrir si esto es realmente cierto”, aventura Clark. Hay algo triste en la posibilidad de que este autocontrol pueda evitar mantener o iniciar relaciones con otras personas que realmente nos quieren o nos aprecian. “A medida que nos adentramos en un nuevo vecindario, construimos nuevas amistades o tratamos de impresionar a nuevos colegas, necesitamos saber qué piensan los demás de nosotros”, explican Boothby y Cooney. Por ello, “cualquier error sistemático que hagamos podría tener un gran impacto en nuestra vida personal y profesional”.

    Queda flotando una pregunta. ¿Tal “pesimismo” es una manera humana universal de ser o el resultado de un entorno socio-cultural de esta época que presenta a las personas como seres esencialmente hedonistas, híperindividualistas y competitivas? Si quieren, lo conversamos.

  • Duérmete adulto, duérmete ya, que la batería del celu se agotará…

    Duérmete adulto, duérmete ya, que la batería del celu se agotará…

    A medida que una la epidemia de mal dormir se extiende por el planeta, científicos descubren efectos nocivos inesperados. Por ejemplo, la falta de sueño incrementa la soledad y el miedo social.

    Rodrigo Lara Serrano

    Supongamos que no realizar una actividad —que no requiere ningún esfuerzo físico ni mental — lo predispusiera a sufrir obesidad, depresión, enfermedad de Alzheimer, accidentes cerebrovasculares, diabetes, ataques cardíacos y cáncer. Y que llevarla a cabo fuera una fuente de la juventud, mejorando su aspecto, mente y órganos.

                  ¿Usted se negaría a realizarla?

                  ¿No?, ¿entonces por qué no duerme ocho horas diarias?

    25 minutos menos

    Los leones y los tigres se entregan al sueño 15 horas al día. Los murciélagos marrones duermen durante 19 horas. Los abuelos de todos nosotros estaban entre las sábanas 9 horas cuando no eran todavía abuelos. Es cierto, ninguno de ellos tenía whatsapp ni estaba suscrito a una empresa que ofrece soñar despierto mirando historias seriadas en una pantalla gigante o en una laptop. Lo cual tiene un precio concreto.

                  “Las personas con acceso DSL (a Internet) tienden a dormir 25 minutos menos que sus contrapartes sin Internet DSL”. Además, “son significativamente menos propensos a dormir entre 7 y 9 horas, la cantidad recomendada por la comunidad científica, y es menos probable que estén satisfechos con su sueño”, dice sobre el tema, Francesco Billari, profesor titular de Demografía en la Universidad Bocconi de Milán.

    Desatención tentadora

    Sucede que “las tentaciones digitales pueden llevar a un retraso en la hora de acostarse, lo que finalmente disminuye la duración del sueño para las personas que no pueden compensar la hora de dormir perdidas despertando más tarde en la mañana”, agrega. La evidencia existente muestra que la forma de las “tentaciones” tiende a variar según la edad. Adolescentes y adultos jóvenes (de 13-30 años) muestran una asociación significativa entre la falta de sueño y el tiempo dedicado a juegos de computadora o quedarse viendo televisión o videos por la noche. En el caso de los adultos mayores (31-59) la correlación se verifica con el uso de la PC y los teléfonos inteligentes.

    Azul, peor

    Para los más jóvenes los efectos pueden ser peores. Con sus cerebros, patrones de sueño y ojos todavía en desarrollo, los niños y adolescentes son más vulnerables a los efectos perturbadores del tiempo frente a las pantallas. Esto hace que los niños sean más sensibles que los adultos al impacto de la luz en el reloj corporal interno.

    “La luz es el cronometrador principal de nuestro reloj cerebral”, dice Monique LeBourgeois, profesora asociada en el Departamento de Fisiología Integrativa en la Universidad de Colorado en Boulder, quien explica que, cuando la luz llega a la retina en el ojo, en horas de la noche, ordena al sistema circadiano suprimir la hormona promotora del sueño, la melatonina. De esa manera retrasa la somnolencia y mueve hacia atrás las agujas del reloj biológico. Por si fuera poco, “sabemos que las personas más jóvenes tienen pupilas más grandes, y sus córneas son más transparentes, por lo que su exposición y sensibilidad a esa luz es aún mayor que en las personas mayores”.

    Un estudio reciente encontró que cuando los adultos y los niños en edad escolar estaban expuestos a la misma cantidad e intensidad de luz, los niveles de melatonina de los niños cayeron el doble. Los estudios también han demostrado que la “luz azul” de onda corta, omnipresente en la electrónica de mano, es particularmente potente para suprimir la melatonina. “A través de los ojos jóvenes de un niño, la exposición a una pantalla azul brillante en las horas previas a la hora de acostarse es la tormenta perfecta para el sueño y la interrupción circadiana”, agrega LeBourgeois.

    Saboteo en marcha

    No es algo sobre lo que pueda haber duda alguna. La evidencia es abrumadora: el 90 por ciento de más de cinco docenas de estudios, de todo el mundo, que han analizado jóvenes de entre 5 y 17 años, muestran que el tiempo de pantalla se asocia con retrasos en la hora de acostarse, menos horas de sueño y peor calidad del sueño.  

    La situación puede agravarse porque la “estimulación psicológica” de los medios digitales, ya sea exposición a medios violentos o mensajes de texto con amigos, también puede sabotear el sueño al aumentar la excitación cognitiva.

    Para colmo, los niños y adolescentes que dejan su teléfono o computadora durante la noche en su habitación tienen muchas más probabilidades de tener problemas para dormir. Con más del 75 por ciento de los jóvenes de los países desarrollados con algún tipo de medio de comunicación basado en pantallas en sus dormitorios, un 60 por ciento interactuando con ellos en la hora previa a acostarse, y el 45 por ciento utilizando sus teléfonos como una alarma, tenemos a la mitad de una generación humana poniendo en riesgo su salud.

    Cada vez más

    Y se trata de una tendencia en ascenso. Un informe reciente de Commonsense Media mostró que el uso de dispositivos móviles se ha triplicado entre los niños pequeños desde 2011, con niños menores de 8 años que los usan 48 minutos por día y muchos padres que incorporan medios digitales a la rutina de la hora de acostarse.

    “Los años preescolares son un momento muy sensible de desarrollo durante el cual el uso de los medios digitales se está volviendo cada vez más penetrante”, dice. Sobre sus efectos, “hay muchas cosas que no sabemos”.

    Sueño y plasticidad

    Una cosa que sí sabemos y la cual sólo en estos últimos tiempos se ha comprobado, es cómo el sueño contribuye a la plasticidad cerebral; esto es, la capacidad del cerebro para cambiar y reorganizarse.  Ello gracias a que investigadores de las Universidades Humboldt y Charité (la universidad clínica más grande de Europa) en Berlín, Alemania, utilizaron técnicas de vanguardia para registrar la actividad en una región particular de células cerebrales que es responsable de mantener e instalar nueva información: las dendritas.

    Un estudio, dirigido por la Dra. Julie Seibt de la Universidad de Surrey, descubrió que la actividad en las dendritas aumenta cuando dormimos, y que este aumento está relacionado con ondas cerebrales específicas que se consideran clave para la forma en que formamos recuerdos. Las dendritas son esos “pelos” enmarañados que salen de las cabezas de las neuronas y funcionan como receptores de impulsos nerviosos provenientes desde un axón (la cola) perteneciente a otra neurona.

    Seibt, que también es profesora de Sueño y Plasticidad en la Universidad de Surrey, dice: “Cada vez es más claro que el sueño juega un papel importante en estos cambios adaptativos (del cerebro). Nuestro estudio nos dice que una gran proporción de estos cambios pueden ocurrir durante ondas cerebrales muy cortas y repetitivas llamadas husos.

    Tales ondas cerebrales fueron bautizadas de esa manera debido a su aspecto cuando se imprime en papel una lectura de un EEG (Electro Encéfalograma). “Los husos de sueño se han asociado con la formación de memoria en humanos durante bastante tiempo, pero nadie sabía cómo lo hacían en el cerebro. Ahora sabemos qué durante su aparición, se activan vías específicas en las dendritas, lo que permite que nuestros recuerdos se refuercen durante el sueño”. Por ello, “en el futuro cercano, las técnicas que permiten la estimulación cerebral, como la estimulación magnética transcraneal (TMS), podrían usarse para estimular las dendritas con el mismo rango de frecuencias que los husos. Esto podría mejorar las funciones cognitivas en pacientes con trastornos de aprendizaje y memoria, como la demencia”.

    Peligro de aislamiento social

    Pero, antes que eso, para quitarle posibilidades a la demencia, quizás sería mejor dormir bien por otra razón muy poderosa: no hacerlo potencia la soledad y deteriora los lazos sociales. Y no porque estemos tan cansados que lo único que queramos es irnos a dormir.

    Es lo que afirman Eti Ben Simon y Matthew P. Walker del Centro para la Ciencia del Sueño Humano, en el Departamento de Psicología, de la Universidad de California.

    Según ellos, “la falta de sueño, tanto la privación total del sueño como reducciones más modestas observadas en el mundo real en la calidad del sueño, conducen a un perfil conductual de aislamiento social y soledad”, afirman. Lo interesante es que, en apariencia, han encontrado el mecanismo neuronal subyacente de este efecto social de la falta de sueño, el cual “implica hipersensibilidad en las regiones cerebrales que advierten del acercamiento (físico) humano: una señal de repulsión social, pero también un deterioro en las regiones que fomentan la comprensión de la intención de otro, una señal prosocial”, dicen.

    La soledad no duerme

    Y no es una idea, sino una comprobación. ¿Cómo lo hicieron? Primero, a un total de 1.033 personas a las que se les dijo que eran “jueces en línea” (con una edad media de 35,4 años, 52% mujeres), que no conocían el propósito del experimento y su condición de participantes se les mostraron videos de personas entrevistadas (en el mismo laboratorio), diciéndoles que debían calificar “a estos participantes en una serie de categorías sociales. Segundo, a los propios jueces se les preguntó si se sentían más solos como consecuencia de haberse comprometido en la observación del participante en cada video”.

    Eran cuatro videos cortos provenientes de la misma encuesta y debían calificar cada uno de ellos. “Los videos en línea tenían una duración suficiente como para producir cambios apreciables en la dinámica social interpersonal”, rememoran los expertos.

    Y en Argentina…

    En cuanto a Argentina, una investigación llevada a cabo por el doctor en ciencias fisiológicas e investigador de UCA y Conicet, Daniel Vigo, reveló, previo a la pandemia, que el 15 por ciento duerme menos de 6 horas y un 20 % padece somnolencia diurna. Y que estás cifras se agudizan al bajar en la escala socioeconómica.

    Un trabajo previo, realizado por la consultora Poliarquía había indicado que un sorprendente 51 por ciento de la población decía dormir seis horas o menos por día (y un 7 por ciento del total, incluido en el 51por ciento, menos de cuatro horas). En busca de tener datos más precisos, en estos momentos (y desde hace más de un año) el Laboratorio de Cronobiología de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQui) investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET),  mantiene abierta una encuesta online (http://www.cronoargentina.com/) que busca llegar a decenas de miles de personas. Y generar así una “fotografía” más precisa de los problemas de falta de sueño en el país.

    Porque la relación entre menos tiempo o peor calidad de sueño y mayor soledad social, se trata de una relación de refuerzo mutuo: se duerme menos/peor, se socializa menos y viceversa. Obviamente, elementos como la salud, el nivel de ingresos y la posición social matizan, mejorando o empeorando la combinación.

    Aunque estas son malas noticias, no deja de ser, por otra parte, esperanzador y revelador, que aún en nuestro momento más íntimo y solitario, el dormir, sigamos siendo animales o seres sociales. Porque descansar no sólo nos hace reponer fuerzas y reparar nuestros cuerpos, sino que también nos predispone al compartir y generar bienestar con los demás.

  • Las rutas de la creatividad

    Las rutas de la creatividad

    Científicos afirman que llegamos a ideas o actitudes nuevas mediante dos caminos mentales diferentes: agrupamiento y conmutación.

    Gentileza del Institut du Cerveau, París

    Llegar a una idea creativa requiere que recurramos a todos nuestros conocimientos previos. Pero, ¿cómo sucede esto en nuestra mente y en nuestro cerebro? El grupo de Emmanuelle Volle del Frontlab del Institut du Cerveau, París, en colaboración con las Universidades de Graz (Austria) y Warwick (Reino Unido), y el Instituto Tecnológico de Israel, ha identificado dos procesos de búsqueda de memoria semántica implicados en la creatividad.

    Ser creativo no surge de la nada. Sin embargo, el nacimiento de una idea creativa en nuestro cerebro es todavía un fenómeno desconocido. Las teorías actuales sugieren que se basa en parte en la organización de nuestro conocimiento almacenado en la memoria semántica y en cómo buscamos conceptos en ella. “¿Qué sucede realmente cuando buscamos una nueva idea? Hasta ahora, no teníamos una idea clara sobre los procesos que nos permiten navegar nuestra memoria semántica y ser creativos”, explica Marcela Ovando-Tellez, becaria postdoctoral en Frontlab y autora del estudio.

    Memoria semántica y creatividad

    La memoria semántica puede estudiarse como una red de asociaciones de objetos y conceptos que se vinculan entre sí en mayor o menor medida. Por ejemplo, la palabra “manzana” estará fuertemente conectada con el conjunto más amplio de “fruta”, pero también estará conectada con los conceptos de “dulce”, “vegetal” o incluso con palabras más lejanas como “cuento de hadas” (si ha leído Blancanieves) o “gravitación” (si se conoce la anécdota de Newton y la manzana). Son todos estos conceptos, almacenados en nuestra memoria semántica, los que nos permiten dar sentido al mundo.

    La creatividad está íntimamente ligada a la estructura de esta red y la forma en que navegamos dentro de ella ligada a los procesos de control ejecutivo. Si las asociaciones semánticas se organizan de tal manera que se establezcan fácilmente vínculos entre objetos distantes, es más fácil generar ideas originales.

    Clave: agrupamiento y conmutación

    Para comprender cómo navegamos por esta red de asociaciones semánticas para descubrir pensamientos creativos, el grupo de Emmanuelle Volle y sus colaboradores construyeron una tarea de asociación semántica libre que consiste en dar una palabra clave a un participante y preguntarle por todas las asociaciones que le vienen a la mente en relación con la palabra propuesta. “La especificidad aquí fue que las palabras clave eran polisémicas, es decir, tenían varios significados posibles”, explica Emmanuelle Volle, también autora del estudio. “Esta ambigüedad da como resultado la activación de varios significados de las palabras clave, lo que nos permitió clasificar las respuestas según el significado relacionado y distinguir dos componentes que interactúan en el proceso de búsqueda de memoria: agrupamiento y conmutación (cambio)”.

    ¿Qué son el agrupamiento y la conmutación? Tomando el ejemplo de una tarea de generación de palabras que involucre la categoría “Animales”, la agrupación consistiría en enumerar sucesivamente una cantidad de nombres de una subcategoría de animales como aves, mientras que el cambio implicaría pasar de una subcategoría a otra, de aves a anfibios o mamíferos.

    Experimento

    La tarea desarrollada por el grupo de científicos contenía, por ejemplo, la palabra francesa “rayon”, que puede tener varios significados: los rayos del sol, los estantes de los supermercados o los radios de las bicicletas. Así, si un participante propone palabras asociadas a “rayo”” en relación con el tiempo en un pasillo (en inglés puede significar columna o línea), adopta un tipo de búsqueda de memoria de tipo agrupamiento, mientras qué si alterna entre palabras asociadas al tiempo y al supermercado, su búsqueda de memoria ahora es del tipo de conmutación (cambio).

    Los investigadores combinaron esta tarea de asociación con toda una serie de otras pruebas que miden la creatividad, el juicio de asociaciones semánticas y el control ejecutivo (es decir, inhibición, memoria de trabajo, etc.). Gracias a estos datos, pudieron reconstruir la estructura de la red semántica de cada participante y relacionar los dos componentes de la búsqueda de memoria con la creatividad, la organización de la memoria semántica y las habilidades de control ejecutivo. Finalmente, las adquisiciones de imágenes de resonancia magnética funcional nos han permitido explorar los correlatos neurales subyacentes.

    Creatividad, búsqueda de memoria y control cognitivo

    El primer resultado obtenido por el equipo es que el agrupamiento y la conmutación (cambio) sí están relacionados con la creatividad, pero de manera diferente. El agrupamiento está relacionado con el pensamiento divergente, es decir, la generación libre de ideas, mientras que el cambio está relacionado con la capacidad de combinar asociaciones distantes entre conceptos. Además, el componente de conmutación también se relacionó con la organización de los conceptos en la memoria y las habilidades de control ejecutivo.

    Luego, los investigadores pudieron predecir tanto la agrupación como el cambio de la conectividad funcional del cerebro del participante y demostrar que los dos componentes tienen diferentes correlatos cerebrales.

    • El agrupamiento fue predicho por los patrones de conectividad entre las redes cerebrales relacionadas con la atención y el control ejecutivo, lo que sugiere que persistir en una categoría semántica (por ejemplo, todos los nombres de mamíferos que vienen a la mente) involucra procesos de atención y puede estar involucrado en la generación de ideas creativas.
    • La conmutación, por otro lado, fue predicha por los patrones de conectividad que involucran principalmente la red predeterminada y la red de control. Este patrón de conectividad puede respaldar los procesos de control ejecutivo que interactúan con la memoria semántica para explorar y combinar elementos distantes de la memoria.

    Estas investigaciones pueden aplicarse en términos sencillos, organizando en solitario o en grupo tareas que elijan o privilegien uno u otro de los cambios, cuando se busca promover la creatividad.

  • Cómo aprender a aprender

    Cómo aprender a aprender

    Las personas que combinan la práctica de espaciado y recuperación tienen más posibilidades de recordar datos y consolidar sus aprendizajes.

    Iowa State University

    Ya sea que uno esté tratando de aprobar un examen o adquirir un nuevo pasatiempo o destreza, la profesora de psicología del estado de Iowa, Shana Carpenter, dice que combinar dos estrategias, bautizadas como práctica de “espaciado” y “recuperación”, resulta clave para tener éxito.

    Carpenter es la autora principal de un artículo que se enfocó en examinar más de 100 años de investigación sobre el aprendizaje.

    Darse entretiempos

    “Los beneficios de la práctica de espaciado y recuperación se han confirmado una y otra vez en estudios en laboratorios, aulas, lugares de trabajo, pero la razón por la que promovemos la difusión de nuestra investigación es porque estas dos técnicas no se han puesto del todo de moda”. No deja de ser contradictoria, pues, “si se utilizaran todos momento, veríamos aumentos drásticos en el aprendizaje”, dice Carpenter.

    En el artículo, ella y sus coautores describen el espaciado como una estrategia para aprender en pequeñas dosis a lo largo del tiempo. Es lo contrario de sentarse toda la noche antes de un examen. Por ejemplo, en uno de los estudios, los estudiantes de medicina que recibieron capacitación en cirugía repetida e intermitente durante tres semanas se desempeñaron mejor y más rápido en las pruebas dos semanas y un año más tarde en comparación con los estudiantes de medicina que recibieron la misma capacitación intensiva en un solo día.

    Carpenter dice que no existe una regla universal sobre cuánto tiempo programar entre sesiones de práctica. Pero la investigación muestra que volver al material después de olvidar parte del contenido, pero no todo, es efectivo.

    Ayudarse y ayudar

    La práctica de recuperación es una estrategia que consiste en recordar lo aprendido previamente. Puede tomar muchas formas, incluidas tarjetas didácticas, pruebas de práctica y sugerencias de escritura abiertas, y ayuda, a los alumnos apara que puedan reconocer lo que saben y lo que no saben.

    Los autores del artículo enfatizan que las personas que verifican sus respuestas en busca de errores o reciben comentarios de inmediato aprenden aún mejor.

    Más de 200 estudios muestran que las personas generalmente retienen más información durante períodos de tiempo más prolongados con la práctica de recuperación en comparación con las estrategias que no implican la recuperación (por ejemplo, volver a leer un libro de texto).

    Los autores argumentan que las personas que combinan la práctica de espaciado y recuperación tienen más posibilidades de recordar información.

    “Olvidar es algo muy natural; no puedes dejar de olvidar incluso si lo intentas, pero puedes retrasar el olvido mediante el uso de la práctica de recuperación y el espaciado”, dice Carpenter.

    Resaltadores e ilusiones de aprendizaje

    Carpenter dice que las creencias falsas sobre el aprendizaje son parte de la razón por la cual la práctica de recuperación y el espaciado no se usan más ampliamente.

    “Probablemente, el concepto erróneo número uno es que el aprendizaje debe sentirse fácil para que funcione, y eso no es cierto en absoluto. Se prenderá de manera más duradera y efectiva si uno persiste y supera esos desafíos, qué si ello hubiera sido fácil todo el tiempo”, enfatiza Carpenter.

    Simplemente resaltar o volver a leer un libro de texto se siente más fácil que escribir respuestas para practicar preguntas de ensayo. Pero sin la verificación de conocimientos que conlleva tratar de recuperar la información aprendida, existe un mayor riesgo de caer en lo que los autores llaman una “ilusión de aprendizaje”.

    Carpenter reconoce que a muchas personas no les gusta cometer errores o darse cuenta de que no entienden el material tan bien como pensaban. Ello porque puede sacar a la luz inseguridades, miedo a fallar o alguna otra emoción que quieran evitar. Pero es muy probable que eventualmente tengan que confrontar lo que no saben cuándo hay más en juego, como durante un examen o una presentación en el trabajo.

    Llevándolo a la sala de clases

    Carpenter dice que usa herramientas digitales (p. ej., cuestionarios de práctica en línea, preguntas de si/no) para incorporar la práctica de recuperación y el espaciado en sus cursos universitarios, pero hay otras formas de llevar estas estrategias al salón de clases.

    Da el ejemplo de una maestra de matemáticas de escuela primaria cuyas técnicas se destacaron en una conferencia reciente. Unos días después de una lección sobre fracciones, la maestra pidió a sus alumnos que compartieran todo lo que pudieran recordar sobre las fracciones. Fue una actividad abierta y comunitaria.

    “Cuanto más hablaban, más empezaban a recordar, y esos niños estaban emocionados de hablar sobre fracciones”, recuerda Carpenter.

    Ella comparte otra historia de una maestra de secundaria que rutinariamente proyecta preguntas de práctica de lecciones anteriores en una pantalla. Los estudiantes anotan las respuestas en tarjetas de notas y luego verifican sus respuestas por su cuenta o discuten en grupo.

    Carpenter enfatiza que los maestros en ambos ejemplos no calificaron, esto es, no pusieron notas por estas actividades. Más bien, brindaron oportunidades de práctica de bajo o ningún riesgo para ayudar a los estudiantes a aprender y reconocer los errores como una parte importante de ese proceso, lo que beneficia a los estudiantes más allá del salón de clases.

    “Aprender a aprender garantizará que, dondequiera que vaya después de los años de educación formal, sabrá cómo aprender algo y tener éxito”, concluye.

  • Actividad mental intensa rejuvenece 13 años la velocidad mental

    Actividad mental intensa rejuvenece 13 años la velocidad mental

    La mejora es de 17 años entre los hombres, 10 años entre las mujeres. Incluye, leer revistas y libros, ir a clases, jugar juegos sencillos o bingos.

    Gentileza de la American Academy of Neurology

    Diversos estudios han demostrado que la actividad física y mental ayuda a preservar las habilidades de pensamiento y retrasar la aparición de demencia. Un nuevo estudio sugiere que estos beneficios pueden variar entre hombres y mujeres, pero que pueden ser más importantes de lo que pensamos.

    El estudio, publicado en julio de 2022 en Neurology, la revista médica de la Academia Estadounidense de Neurología analiza los efectos de actividades físicas y mentales como: leer, ir a clases, jugar a las cartas o juegos, sobre la reserva cognitiva en las áreas vinculadas a velocidad de pensamiento y memoria. La reserva cognitiva es la “reserva” que se forma cuando las personas desarrollan fuertes habilidades de pensamiento y les permite funcionar con normalidad, incluso, cuando sus cerebros ya muestran signos de los cambios subyacentes asociados con el deterioro cognitivo y la demencia.

    Memoria y actividad física

    “Descubrimos que una mayor actividad física se asoció con una mayor reserva de velocidad de pensamiento en las mujeres, pero no en los hombres”, dice la autora del estudio, Judy Pa, experta de la Universidad de California en San Diego. En tanto que, “participar en más actividades mentales se asoció con una mayor reserva de velocidad de pensamiento tanto para hombres como para mujeres”.

    En cuanto a otro aspecto central en los problemas de envejecimiento, una mayor actividad física no se asoció con la reserva de memoria en hombres o mujeres.

    Cabe notar que el estudio involucró a 758 personas con una edad promedio de 76 años. Algunas no tenían problemas de memoria o de pensamiento, algunas tenían un deterioro cognitivo leve y otras tenían demencia. Los participantes se sometieron a escáneres cerebrales y tomaron pruebas de memoria y velocidad de pensamiento. Para calcular la reserva cognitiva, las puntuaciones de las pruebas de pensamiento de las personas se compararon con los cambios en el cerebro asociados con la demencia, como el volumen total del hipocampo, una región clave del cerebro afectada por la enfermedad de Alzheimer.

    También se preguntó a las personas sobre su actividad física semanal habitual. Para la actividad mental, se les preguntó si habían participado en tres tipos de actividades en los últimos 13 meses: a) leer revistas, periódicos o libros; b) ir a clases; y c) haber participado en juegos de cartas, otros juegos o bingo. Se les asignó un punto por cada tipo de actividad, hasta un máximo de tres puntos.

    Prevención que vale oro

    Para la actividad mental, los participantes promediaron 1,4 puntos. Para la actividad física, los participantes participaron, en promedio, en al menos 15 minutos por semana de actividades que elevan el ritmo cardíaco, como caminar a paso ligero y andar en bicicleta.

    Pa asevera que cada actividad mental adicional en la que participaban las personas correspondía a 13 años menos de envejecimiento en su velocidad de procesamiento en sus habilidades de pensamiento: 17 años entre los hombres y 10 años entre las mujeres.

    “Dado que posiblemente tenemos pocos o ningún tratamiento efectivo para la enfermedad de Alzheimer, la prevención es crucial. Cien gramos de prevención valen más que un kilo de tratamiento”, destaca Pa. “Saber que las personas podrían mejorar potencialmente su reserva cognitiva tomando medidas simples como ir a clases en el centro comunitario, jugar al bingo con sus amigos o pasar más tiempo caminando o haciendo jardinería es muy emocionante”.

    Pa agrega que, según los tamaños del efecto observados en el estudio, duplicar la cantidad de actividad física equivaldría a unos 2,75 años menos de envejecimiento en lo que respecta a la velocidad de procesamiento de las habilidades de pensamiento de las mujeres.

    Los investigadores también analizaron si la relación entre las actividades físicas y mentales, y la reserva cognitiva se veía afectada por el gen que conlleva el mayor riesgo de Alzheimer, llamado APOE e4. Encontraron qué para las mujeres, tener el gen disminuye los efectos de la relación beneficiosa entre las actividades físicas y mentales, y la reserva cognitiva.

    En términos metodológicos estrictos, el estudio no prueba que las actividades físicas y mentales ayuden a mejorar la reserva cognitiva. Solo muestra una asociación.

    Otra limitación del estudio fue que las personas informaron sobre su propia actividad física y mental, por lo que es posible que no recordaran correctamente. Además, los factores estructurales y sociales que afectan la reserva cognitiva, como la educación, no se midieron en el estudio.

  • El poder de la música para prevenir el deterioro cognitivo

    El poder de la música para prevenir el deterioro cognitivo

    Sea practicándola o escuchándola, los efectos positivos contrarrestan, parcialmente, el envejecimiento cerebral.

    Université de Genève e Ingenio

    El envejecimiento normal está asociado a un deterioro cognitivo progresivo. Pero ¿podemos entrenar nuestro cerebro para retrasar este proceso? Una de las medidas propuestas, recientemente, es aprender un nuevo idioma o una disciplina ajena; matemáticas, por ejemplo. Ahora, un equipo integrado por científicos de la Universidad de Ginebra (UNIGE), Suiza, HES-SO Ginebra y EPFL ha descubierto que practicar y escuchar música puede alterar el deterioro cognitivo en ancianos sanos, al estimular la producción de materia gris.

    Para lograr estos resultados, los investigadores siguieron a más de 100 jubilados que nunca habían practicado música. Se les inscribió en un curso de piano y sensibilización musical durante seis meses.  Los resultados produjeron entusiasmo.

    Plasticidad en baja

    A lo largo de nuestra vida, nuestro cerebro se remodela. La morfología y las conexiones cerebrales cambian en función del entorno y las experiencias. Por ejemplo, cuando aprendemos nuevas habilidades o superamos las consecuencias de un ictus. Sin embargo, a medida que envejecemos, esta “plasticidad cerebral” disminuye. El cerebro también pierde materia gris, donde se encuentran nuestras más preciadas neuronas. Esto se conoce como “atrofia cerebral”.

    Debido a ello, poco a poco, aparece un declive cognitivo. La memoria de trabajo es una de las funciones cognitivas que más sufre. La memoria de trabajo se define como el proceso en el que retenemos y manipulamos brevemente la información para alcanzar un objetivo, como recordar un número de teléfono el tiempo suficiente para escribirlo o traducir una frase de un idioma extranjero.

    Sin embargo, el estudio antes citado reveló que la práctica musical y la escucha activa podían prevenir el deterioro de la memoria de trabajo. Estas actividades demostraron fomentar la plasticidad cerebral y asociarse a un aumento del volumen de materia gris. También se midieron los efectos positivos sobre la memoria de trabajo. Este estudio se realizó entre 132 jubilados sanos de 62 a 78 años. Una de las condiciones para participar era que no hubieran tomado clases de música durante más de seis meses en su vida.

    Practicar frente a escuchar

    “Queríamos personas cuyos cerebros aún no mostraran ningún rastro de plasticidad relacionada con el aprendizaje musical. De hecho, incluso una breve experiencia de aprendizaje a lo largo de la vida puede dejar huellas en el cerebro, lo que habría sesgado nuestros resultados”, explica Damien Marie, primer autor del estudio, investigador asociado en el Centro de Imágenes Biomédicas CIBM, la Facultad de Medicina y el Centro Interfacultativo de Ciencias Afectivas (CISA) de la UNIGE, así como en la Escuela de Ciencias de la Salud de Ginebra.

    Los participantes fueron asignados aleatoriamente a dos grupos, independientemente de su motivación para tocar un instrumento. El segundo grupo recibió clases de escucha activa, centradas en el reconocimiento de instrumentos y el análisis de propiedades musicales en una amplia gama de estilos musicales. Las clases duraban una hora. Los participantes de ambos grupos debían hacer deberes durante media hora al día.

    Efectos positivos en ambos grupos

    “Al cabo de seis meses, observamos efectos comunes en ambas intervenciones, afirma Clara James, última autora del estudio y profesora titular de la Escuela de Ciencias de la Salud de Ginebra. Y agrega que “las neuroimágenes revelaron un aumento de la materia gris en cuatro regiones cerebrales implicadas en el funcionamiento cognitivo de alto nivel en todos los participantes, incluidas las zonas del cerebelo relacionadas con la memoria de trabajo. Su rendimiento aumentó un 6 % y este resultado se correlacionó directamente con la plasticidad del cerebelo”. Los científicos también descubrieron que la calidad del sueño, el número de lecciones seguidas a lo largo de la intervención y la cantidad de entrenamiento diario repercutían positivamente en el grado de mejora del rendimiento.

    Sin embargo, los investigadores también hallaron diferencias entre los dos grupos. En los pianistas, el volumen de materia gris se mantuvo estable en el córtex auditivo primario derecho, una región clave para el procesamiento del sonido, mientras que disminuyó en el grupo de escucha activa. Además, se observó un patrón cerebral global de atrofia en todos los participantes. Por tanto, “no podemos concluir que las intervenciones musicales rejuvenezcan el cerebro en su totalidad. Sólo previenen el envejecimiento en regiones específicas”, concluye Damien Marie. No es poco, dado que, otras investigaciones muestran que la pérdida auditiva acelera los procesos asociados a la demencia.

    En resumen, estos resultados demuestran que practicar y escuchar música favorece la plasticidad cerebral y la reserva cognitiva. Los autores del estudio creen que estas intervenciones lúdicas y accesibles deberían convertirse en una prioridad política de primer orden para promover un envejecimiento saludable. El siguiente paso del equipo es evaluar el potencial de estas intervenciones en personas con deterioro cognitivo leve, un estadio intermedio entre el envejecimiento normal y la demencia.