Categoría: Mente y vida

Mente, cerebro, salud, afectos, capacidad cognitiva, vida social, aprendizaje, estrés, longevidad y hasta la dieta misma no son elementos separados como solemos creer. Tienen conexiones, en ocasiones sutiles, a veces directas. En esta sección ponemos a su disposición una serie de notas con lo último que las ciencias médicas, la psicología y los expertos de estas áreas ofrecen sobre esta conexión fascinante.

  • Siete juegos mentales para  mantener el cerebro activo

    Siete juegos mentales para mantener el cerebro activo

    Crucigramas, rompecabezas, acertijos y desafíos visuales son mucho más que entretenimientos. Estas actividades ejercitan la memoria, la atención y el razonamiento, y pueden contribuir a un envejecimiento cognitivo saludable.

    Ingenio

    Resolver un crucigrama, descubrir una figura escondida o encontrar la solución de un problema matemático puede parecer una simple manera de pasar el tiempo. Sin embargo, detrás de estas actividades se ponen en marcha numerosas funciones cerebrales: recuperar recuerdos, interpretar información, establecer relaciones, mantener la concentración y elegir entre distintas posibilidades.

    Los científicos denominan estimulación cognitiva a las actividades que ponen en funcionamiento estas capacidades. Cuando los ejercicios están organizados para desarrollar habilidades específicas, con una dificultad progresiva, también se habla de entrenamiento cognitivo.

    En los últimos años, investigaciones realizadas en Estados Unidos, Europa y otros países han encontrado que determinados programas de entrenamiento mental pueden mejorar funciones como la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento. Pero también han puesto de manifiesto una limitación importante: mejorar el rendimiento en un juego no significa necesariamente mejorar todas las capacidades mentales ni prevenir la enfermedad de Alzheimer.

    Una revisión científica publicada en 2025, que reunió resultados de numerosos estudios anteriores, encontró beneficios del entrenamiento cognitivo, aunque señaló que todavía faltan investigaciones de mayor calidad sobre su impacto en las actividades cotidianas y sus efectos a largo plazo. Acá, siete posibilidades para mantener nuestra mente en buenas condiciones.

    1. Palabras cruzadas: recuperar lo que sabemos

    Los crucigramas son uno de los pasatiempos más estudiados por los investigadores de la salud cerebral. Resolverlos exige comprender definiciones, recuperar palabras almacenadas en la memoria, reconocer relaciones entre conceptos y mantener la atención mientras se completan las casillas.

    En 2022, investigadores de las universidades de Columbia y Duke, en Estados Unidos, publicaron en NEJM Evidence un ensayo clínico con 107 adultos que presentaban deterioro cognitivo leve. Durante 78 semanas compararon los resultados de quienes resolvían crucigramas digitales con los de participantes que utilizaban otros juegos cognitivos informatizados.

    Los crucigramas obtuvieron mejores resultados en la principal prueba de rendimiento cognitivo empleada. También se observaron diferencias favorables en algunas mediciones funcionales y cerebrales. Sin embargo, el estudio fue relativamente pequeño y no incluyó un grupo sin entrenamiento, por lo que sus conclusiones necesitan confirmación.

    Cómo practicarlo: elija crucigramas que exijan cierto esfuerzo, pero que pueda resolver sin frustrarse. Cuando resulten demasiado sencillos, aumente gradualmente la dificultad. También puede alternar crucigramas temáticos, tradicionales y con definiciones más complejas.

    2. Rompecabezas: entrenar la percepción espacial

    Armar un rompecabezas obliga al cerebro a reconocer formas, distinguir colores, identificar patrones y comprender cómo encajan distintas partes de una imagen.

    Durante la actividad intervienen especialmente las habilidades visuoespaciales, que permiten interpretar la posición de los objetos y sus relaciones. También utilizamos la memoria de trabajo para recordar qué piezas hemos probado y la planificación para decidir cómo continuar.

    Algunos estudios han encontrado asociaciones entre la experiencia resolviendo rompecabezas y un mejor rendimiento visuoespacial. Sin embargo, los ensayos disponibles no permiten asegurar que esta actividad, por sí sola, mejore la capacidad cognitiva general o prevenga enfermedades neurodegenerativas.

    Cómo practicarlo: comience con un rompecabezas de dificultad moderada. En lugar de limitarse a ordenar las piezas por colores, intente reconocer estructuras, bordes y detalles. Cuando domines el procedimiento, elija imágenes con menos diferencias visuales o con mayor cantidad de piezas.

    3. Adivinanzas y acertijos: pensar de otra manera

    Las adivinanzas y los acertijos requieren buscar relaciones que no siempre resultan evidentes. En muchos casos, la dificultad no consiste en recordar un dato, sino en abandonar una interpretación inicial para encontrar otra solución posible.

    Este tipo de desafío pone en juego el razonamiento, la flexibilidad cognitiva y el control de respuestas impulsivas. Esas capacidades forman parte de las llamadas funciones ejecutivas, que intervienen cuando debemos planificar, cambiar de estrategia o resolver situaciones novedosas.

    Aunque no existen pruebas sólidas de que resolver adivinanzas reduzca el riesgo de demencia, los ejercicios de razonamiento forman parte de diversos programas de entrenamiento cognitivo que han mostrado beneficios específicos.

    Cómo practicarlo: busque acertijos de lógica, problemas de pensamiento lateral o adivinanzas que admitan una única respuesta razonada. Antes de consultar la solución, intente explicar por qué las primeras respuestas que imaginó podrían ser incorrectas. El verdadero desafío consiste en revisar las propias ideas y descubrir caminos alternativos.

    4. Desafíos matemáticos: mantener activo el razonamiento

    No hace falta resolver ecuaciones difíciles para ejercitar las habilidades numéricas. Los cálculos mentales, las series de números y los problemas de lógica matemática exigen concentración, memoria de trabajo y capacidad para establecer relaciones.

    La memoria de trabajo es especialmente importante porque permite conservar temporalmente información mientras la utilizamos. Por ejemplo, cuando calculamos un descuento sin escribir las operaciones o intentamos descubrir qué número continúa una secuencia.

    Los programas de entrenamiento cognitivo que incorporan ejercicios de razonamiento y memoria de trabajo han mostrado mejoras en determinadas pruebas, aunque no siempre se trasladan a otras habilidades o situaciones cotidianas.

    Cómo practicarlo: dedique unos minutos a resolver series numéricas, sudokus o problemas aritméticos sin calculadora. Alterne operaciones conocidas con desafíos nuevos. Lo importante no es resolver todo rápidamente, sino encontrar estrategias, comprobar resultados y comprender los errores.

    5. Juegos visuales: descubrir lo que se nos escapa

    Encontrar diferencias entre dos imágenes, descubrir objetos ocultos o identificar una figura que no corresponde a una secuencia son ejercicios que requieren observar con atención y seleccionar información visual relevante.

    Estas actividades utilizan la atención selectiva, que permite concentrarse en determinados estímulos mientras se ignoran otros. También pueden involucrar la memoria visual y la velocidad de procesamiento.

    Precisamente, la velocidad de procesamiento constituye una de las áreas más interesantes de la investigación reciente sobre entrenamiento cognitivo.

    En febrero de 2026 se publicaron resultados de un seguimiento de hasta veinte años del estudio estadounidense ACTIVE. Los participantes que habían completado un entrenamiento específico de velocidad de procesamiento visual, acompañado de sesiones de refuerzo, presentaron una menor incidencia de diagnósticos de demencia que el grupo de control.

    El hallazgo es prometedor, pero es importante aclarar que se utilizó un programa informático estructurado, con tareas progresivas de identificación visual y atención dividida. No se ha demostrado que cualquier juego de observación produzca el mismo beneficio.

    Cómo practicarlo: busque imágenes con diferencias, objetos escondidos o secuencias visuales. Comience sin límite de tiempo y, cuando le resulte cómodo, intente resolverlas algo más rápido sin sacrificar la precisión.

    6. Juegos de memoria: recordar sin mirar

    Los juegos en los que debemos memorizar cartas, figuras, palabras o posiciones utilizan distintos sistemas de memoria.

    Uno de los más conocidos consiste en colocar varias tarjetas boca abajo y encontrar sus parejas. Para conseguirlo, hay que recordar la ubicación de las imágenes observadas previamente y actualizar esa información después de cada intento.

    También pueden practicarse desafíos verbales, como memorizar una lista breve de palabras y recuperarlas unos minutos después.

    Las investigaciones muestran que el entrenamiento de memoria puede mejorar el desempeño en tareas similares a las practicadas. Sin embargo, los resultados sobre su transferencia a la memoria cotidiana son variables, y no existe evidencia suficiente para afirmar que estos juegos eviten la aparición de demencia.

    Cómo practicarlo: observá durante un minuto seis u ocho objetos diferentes. Cúbralos e intente recordar cuáles eran y en qué posición estaban. Después aumente gradualmente la cantidad de elementos o el tiempo transcurrido antes de recordarlos.

    Para introducir una dificultad adicional, pruebe agrupar los objetos por categorías o inventar una pequeña historia que los relacione.

    7. Juegos de estrategia: anticipar y tomar decisiones

    El ajedrez, las damas y determinados juegos de mesa obligan a evaluar posibilidades, anticipar consecuencias, recordar reglas y modificar decisiones según lo que haga el adversario.

    Estas actividades combinan atención, razonamiento, planificación y flexibilidad mental. Cuando se practican con otras personas, incorporan además interacción social y comunicación.

    Un estudio publicado en JAMA Network Open en 2023 analizó información de 10.318 adultos mayores australianos. Encontró que quienes participaban con mayor frecuencia en actividades mentales activas, como juegos, ajedrez, crucigramas y rompecabezas, presentaban un menor riesgo de desarrollar demencia durante el seguimiento.

    No obstante, se trató de un estudio observacional. Esto significa que identificó una asociación, pero no pudo demostrar que los juegos fueran la causa directa de esa diferencia.

    Cómo practicarlo: juegue una partida de ajedrez, damas u otro juego de estrategia. Si dispone de poco tiempo, elija un problema concreto, como encontrar la mejor jugada en una posición determinada.

    También puede analizar una partida terminada y preguntarse qué otras decisiones habrían sido posibles.

    ¿Cuánto tiempo conviene dedicarles?

    No existe una cantidad universal de minutos que garantice beneficios cognitivos. Los estudios científicos utilizan programas muy diferentes, con sesiones que pueden extenderse durante varias semanas o meses.

    Como orientación práctica, se puede comenzar con diez o quince minutos diarios, alternando actividades que pongan en funcionamiento habilidades distintas.

    La variedad puede ser una buena manera de mantener el interés y evitar que todos los ejercicios se vuelvan automáticos. Sin embargo, todavía no está demostrado que cambiar constantemente de juego sea superior a practicar regularmente una actividad exigente y bien elegida.

    También conviene adaptar la dificultad. Si un pasatiempo resulta demasiado sencillo, probablemente deje de representar un desafío significativo. Si es excesivamente complicado, puede generar frustración y abandono.

    Lo ideal es encontrar un equilibrio entre esfuerzo, entretenimiento y satisfacción personal.

    Es importante recalcar que las recomendaciones internacionales insisten en que la salud cerebral no depende exclusivamente de los ejercicios mentales. La actividad física, el control de la presión arterial, la alimentación, el descanso, la salud auditiva y visual y las relaciones sociales también cumplen funciones fundamentales.

    Por eso, los juegos de ingenio deben entenderse como una parte de un estilo de vida saludable, y no como un tratamiento médico ni una garantía contra el deterioro cognitivo.

    La mejor razón para seguir jugando es que el cerebro continúa aprendiendo durante toda la vida. Un crucigrama que nos obliga a recordar, un acertijo que cambia nuestra manera de pensar o un rompecabezas que exige paciencia ofrecen oportunidades para mantenernos curiosos, activos y mentalmente comprometidos con el mundo que nos rodea.

  • Momentos felices en la infancia protegen la salud mental adulta

    Momentos felices en la infancia protegen la salud mental adulta

    Amistades, confianza en padres y profesores y la sensación de seguridad en el barrio pueden hacer grandes diferencias.

    Royal College of Surgeons in Ireland

    Esos momentos de la niñez, de alegrías pequeñas y grandes, pueden ser claves para evitar o superar problemas mentales cuando ya crecemos.

    Así lo concluye una nueva investigación dirigida por la RCSI University of Medicine and Health Sciences, en Dublín, Irlanda; la cual mostró que los niños que experimentan relaciones más positivas y entornos de apoyo durante su crecimiento tienen muchas menos probabilidades de desarrollar depresión o ansiedad en la edad adulta temprana.

    Confianza

    El estudio halló que las experiencias positivas en la infancia, como las amistades de apoyo, las relaciones de confianza con los padres y los profesores, y la sensación de seguridad en el vecindario, estaban relacionadas con una mejor salud mental a los 24 años, incluso después de tener en cuenta otros factores de riesgo conocidos.

    Esta relación se mantuvo incluso después de que los investigadores tuvieran en cuenta factores conocidos de orden negativo que influyen en la salud mental, como los traumas infantiles, las circunstancias socioeconómicas y la predisposición genética a las enfermedades mentales. Lo anterior sugiere que las experiencias positivas son más que un simple indicador de un menor riesgo general. En cambio, parecen contribuir de forma independiente a la salud mental a largo plazo de los niños, junto con otras influencias.

    Cómo se hizo

    Investigadores del RCSI y de FutureNeuro analizaron datos de 3.499 niños del Estudio Longitudinal de Padres e Hijos de Avon (ALSPAC), también conocido como Niños de los 90, observando experiencias positivas desde el nacimiento hasta los 17 años.

    Realizaron un seguimiento de 10 tipos generales de experiencias positivas a lo largo de la infancia y la adolescencia, incluyendo una buena relación con un padre, una buena relación con un maestro, actividades regulares fuera del hogar, amistades de apoyo, sentirse seguro en el vecindario, disfrutar de la escuela y el contacto frecuente con familiares y amigos, y luego evaluaron los resultados de salud mental a los 24 años.

    Se evaluó a los participantes según la cantidad de experiencias positivas que habían tenido durante la infancia y la adolescencia. Quienes obtuvieron puntuaciones más altas, es decir, quienes tuvieron más experiencias positivas, presentaron una probabilidad significativamente menor de cumplir los criterios de depresión, ansiedad u otro trastorno psiquiátrico a los 24 años. El estudio empleó un enfoque estadístico avanzado diseñado para estimar la relación causa-efecto con la mayor precisión posible a partir de datos observacionales.

    Se aleja la depresión

    La asociación más fuerte se observó en el caso de la depresión: cada experiencia positiva adicional se relacionó con una menor probabilidad de padecerla en la adultez temprana. La asociación con la ansiedad fue menor, pero siguió siendo estadísticamente significativa. Los resultados sobre la psicosis fueron inconclusos, ya que muy pocos participantes desarrollaron la afección para poder extraer conclusiones definitivas.

    El profesor David Cotter, del Departamento de Psiquiatría del RCSI, fue el autor principal del artículo, y dice: “A menudo pensamos en proteger la salud mental de los niños en términos de prevenir experiencias negativas, y eso es absolutamente vital. Pero los niños también desarrollan relaciones de apoyo y otras experiencias positivas en casa, en la escuela y en sus comunidades. Nuestros hallazgos sugieren que todas estas experiencias pueden contribuir a una mejor salud mental en la edad adulta temprana”.

    Acumulación valiosa

    Los hallazgos no sugieren que las experiencias positivas borren o contrarresten los efectos del trauma. Por el contrario, indican que las experiencias positivas pueden brindar protección adicional para la salud mental, lo que contribuye a una visión cada vez más clara de que la salud mental en la adultez temprana está determinada por la acumulación de experiencias tanto de riesgo como de protección a lo largo de la infancia, y no por un solo factor.

    La Dra. Jennifer Murphy, primera autora del estudio, afirma: “Muchas afecciones de salud mental se manifiestan por primera vez en la edad adulta temprana, pero aún sabemos relativamente poco sobre qué experiencias de la infancia tienen la mayor influencia en el bienestar en esta etapa de la vida”.

    Dado lo anterior, “esperamos que estos hallazgos contribuyan a que las escuelas, los servicios de salud y el apoyo a la crianza se centren más en crear experiencias positivas para los niños y jóvenes, en lugar de concentrarse únicamente en reducir los daños”.

    En conjunto, los resultados sugieren que mejorar la salud mental de los niños probablemente requiera tanto reducir la adversidad como aumentar las oportunidades de experiencias positivas a lo largo de la infancia y la adolescencia.

  • La solidaridad mantiene el cerebro joven

    La solidaridad mantiene el cerebro joven

    La cantidad de tiempo que usamos para ayudar a los demás tiene efectos concretos en nuestras mentes, demorando el envejecimiento.

    Mundo Ingenio

    Puede parecer sorpresivo el pensar que la solidaridad haga que nuestras mentes se renueven y posean una forma más juvenil, pero, si lo pensamos bien, el ayudar a los demás nos conecta con lo mejor de la infancia y juventud. Ahora, investigadores de las universidades de Georgetown, Emory y Wisconsin-Madison (en Estados Unidos) comprobaron que, literalmente, ayudar a los demás nos rejuvenece.

    Resulta que los científicos estadounidenses realizaron un estudio para analizar la relación entre el tiempo dedicado a ayudar a otras personas y la salud cerebral. Y sus hallazgos sugieren que quienes dedican más tiempo a ayudar a los demás presentan un cerebro de apariencia más joven en relación con su edad cronológica.

    Antecedentes

    Encuestas y estudios científicos previos ya habían sugerido que las conexiones sociales significativas son un importante indicador de salud y longevidad. El sentimiento de pertenencia a un grupo y los vínculos sociales sólidos parecen estar relacionados con una mejor salud y una mayor esperanza de vida.

    Sin embargo, la mayoría de las investigaciones anteriores se centraron en los beneficios de recibir apoyo social o interactuar regularmente con otras personas. En cambio, los posibles efectos positivos de brindar ayuda a los demás siguen estando poco explorados.

    Cómo se refleja en el cerebro el apoyo a los demás

    Para investigar esta relación, los científicos analizaron información del estudio Midlife in the United States (MIDUS), una investigación a gran escala que reúne datos sobre la salud y el bienestar de miles de adultos estadounidenses.

    Usándolos, analizaron si la cantidad mensual de horas dedicadas a proporcionar apoyo instrumental y emocional podía predecir diferencias entre la edad cerebral estimada y la edad cronológica de los participantes.

    Para ello, emplearon una medida denominada BrainAGE, que calcula la diferencia entre la edad cerebral estimada mediante imágenes de resonancia magnética estructural y la edad real de una persona. La estimación se obtuvo mediante un algoritmo de aprendizaje automático entrenado para predecir la edad a partir de esas imágenes.

    Posteriormente, mediante distintos métodos estadísticos, los investigadores evaluaron la relación entre los valores de BrainAGE y el tiempo dedicado a ayudar a otras personas.

    Los resultados revelaron que los participantes que declararon brindar más apoyo presentaban valores de BrainAGE más bajos, lo que indica una apariencia cerebral más joven para su edad cronológica.

    Esta asociación se mantuvo incluso después de considerar numerosos factores que podrían influir en los resultados, como las características demográficas, las condiciones de salud, el estilo de vida, las circunstancias sociales y el apoyo recibido de otras personas.

    Además, los investigadores observaron que medir las horas efectivamente dedicadas a ayudar aportaba información adicional sobre la edad cerebral, más allá de categorías como ser cuidador o abuelo. Esto sugiere que la cantidad de tiempo destinado a brindar apoyo podría ser especialmente relevante para comprender la relación observada.

    Implicaciones para el envejecimiento

    Los resultados aportan nuevas evidencias sobre la relación entre el comportamiento prosocial y la salud cerebral. Sin embargo, los investigadores advierten que esta asociación no demuestra que ayudar a los demás ralentice el envejecimiento cerebral ni que prevenga enfermedades neurodegenerativas.

    Para establecer si existe una relación causal, serán necesarios nuevos estudios que permitan comprender mejor los mecanismos mediante los cuales brindar apoyo podría influir en los procesos relacionados con el envejecimiento cerebral.

    Según los autores, sus hallazgos destacan la importancia potencial de los comportamientos prosociales cotidianos como una posible vía de protección cerebral durante la mediana y la tercera edad.

    Si futuras investigaciones confirman estos resultados en otras poblaciones, podrían contribuir al desarrollo de intervenciones y políticas destinadas a promover un envejecimiento saludable. Entre ellas, actividades que incentiven a los adultos y a las personas mayores a brindar apoyo emocional o práctico a quienes los rodean.

  • Cómo rumiar afecta sentimientos y estados de ánimo

    Cómo rumiar afecta sentimientos y estados de ánimo

    Nuestras ensoñaciones y divagaciones producen un mayor bienestar cuando se centran en el futuro o en temas positivos, y cuando fluyen libremente de un tema a otro.

    Julia Kam, Caitlin Mills, Jessica Andrews-Hanna, The Conversation

    A lo largo del día, nos vienen a la mente multitud de pensamientos. Quizás recordemos nuestras últimas vacaciones, pensemos en alguna noticia, rememoremos una conversación divertida o evaluemos planes para el fin de semana. Estos pensamientos no solo son muy comunes en la vida cotidiana, sino que también tienen un gran impacto en nuestro funcionamiento.

    Nuestra investigación demuestra que distintos tipos de pensamientos están estrechamente relacionados con el bienestar emocional. Al comprender estas conexiones, las personas pueden identificar nuevas maneras de cuidar y mejorar su salud mental.

    Esto cobra especial relevancia dado el aumento global de los problemas de salud mental, agravado por la escasez y el agotamiento de los profesionales en este campo. Ante estos desafíos, consideramos importante ampliar los enfoques de salud mental para incluir la prevención, además de la intervención.

    Alerta con el estrés

    Las iniciativas de prevención requieren comprender cómo surgen los patrones de pensamiento clínicamente significativos para elaborar estrategias de prevención eficaces que, en última instancia, puedan evitar que el estrés cotidiano se convierta en problemas de salud mental.

    Como equipo de científicos cognitivos que estudian la divagación mental y su importante relación con el bienestar emocional —así como los patrones cerebrales y de movimientos oculares que la sustentan—, realizamos varios estudios para examinar la relación entre pensamientos y emociones. En resumen, descubrimos que aquello en lo que la gente piensa está estrechamente relacionado con cómo se siente.

    Pensamientos y sentimientos

    En una serie de estudios, nos propusimos comprender esta relación entre estudiantes de Canadá y Estados Unidos. Durante una semana, enviamos diariamente varias encuestas breves a diferentes personas, pidiéndoles que informaran sobre sus pensamientos y emociones. Esto nos permitió captarlas de forma natural, en el momento en que realizaban sus actividades cotidianas.

    Descubrimos que las personas tendían a reportar un peor estado de ánimo cuando experimentaban pensamientos ajenos a la tarea, a menudo denominados divagaciones mentales (por ejemplo, pensar en qué preparar para la cena mientras se está en el trabajo). Por el contrario, tendían a reportar un mejor estado de ánimo cuando sentían que tenían el control de sus pensamientos y podían elegir en qué concentrarse (por ejemplo, pensar en la pareja durante una conversación importante).

    Las personas también reportaron un mejor estado de ánimo cuando sus pensamientos fluían libremente de un tema a otro. Por ejemplo, sus pensamientos pueden ir desde recuerdos de la infancia hasta un video divertido o unas próximas vacaciones. El tipo de pensamientos que experimentan las personas está estrechamente relacionado con su estado de ánimo del momento.

    Distraídos de lo que hacemos

    Si bien estos estudios fueron un buen punto de partida, también nos interesaba saber qué revelaba el conjunto de investigaciones existentes, especialmente si el contenido de los pensamientos de las personas influía en su estado de ánimo. Identificamos 76 estudios que examinaban una relación similar y realizamos una revisión sistemática y un metaanálisis para determinar la evidencia general.

    Nuestro análisis reveló que los pensamientos ajenos a la tarea suelen estar relacionados con un peor estado de ánimo, especialmente cuando estos pensamientos se sienten fuera de control, son rumiantes o se centran en temas negativos. Es importante destacar que los pensamientos pueden estar relacionados con un mejor estado de ánimo cuando se centran en el futuro o en temas positivos y cuando fluyen libremente de un tema a otro.

    En pocas palabras, lo que pensamos puede influir en nuestra felicidad.

    Prestar atención a los patrones de pensamiento

    ¿Cómo pueden las personas aprovechar este conocimiento para mejorar su salud mental? Un primer paso importante implica la autoconciencia, el proceso de prestar atención a nuestros patrones de pensamiento y cómo estos afectan nuestras emociones.

    Si bien nuestros hallazgos sugieren que ciertos tipos de pensamientos están vinculados a variaciones del estado de ánimo en la población general, estas relaciones pueden ser diferentes para cada individuo. Es fundamental identificar los pensamientos que influyen positiva y negativamente en nuestra propia felicidad.

    Pasos

    El siguiente paso es explorar estrategias que puedan cambiar la relación que se tiene con los pensamientos o modificarlos directamente. Primero, es importante normalizar los pensamientos que se desvían de la tarea e incluso los pensamientos negativos; casi todos los humanos los experimentamos en una situación determinada. No son un defecto del pensamiento humano, sino más bien una característica inherente. Por lo tanto, hay que intentar adoptar un estado de consciencia plena, que implica no juzgarse a uno mismo ni a nuestros pensamientos, sino reconocer que los pensamientos negativos van y vienen.

    En segundo lugar, consideremos maneras de aumentar los pensamientos que generan un estado de ánimo positivo y disminuir los que generan un estado de ánimo negativo. Por ejemplo, si notamos que los pensamientos rumiantes (como una discusión acalorada con nuestras parejas) nos generan un estado de ánimo negativo, hay que considerar estrategias establecidas como la atención plena (o diversas formas de meditación), que han demostrado reducir los pensamientos rumiantes.

    Cabe destacar que no todas las estrategias funcionan para todo tipo de pensamiento ni para todas las personas; la clave está en encontrar la que mejor funcione para cada uno y para los tipos de pensamientos que se desea cambiar.

    Aunque nos hemos centrado principalmente en cómo los pensamientos pueden afectar el bienestar emocional, es importante tener en cuenta que lo contrario también puede ser cierto: cómo uno se siente también puede influir en lo que se piensa. Estas estrategias pueden ayudar a modificar tanto los pensamientos como las emociones.

    Prestar atención a dónde se dirigen los pensamientos y aprender a cambiarlos según se desee, puede ayudar a las personas a sentirse más contentas y evitar que el estrés cotidiano se convierta en problemas de salud mental más graves.

  • Las redes sociales no sustituyen apoyo emocional en la vida real

    Las redes sociales no sustituyen apoyo emocional en la vida real

    Usarlas antes de que pase media hora después de despertar podría estimular la depresión.

    Steve Lundeberg, Universidad Estatal de Oregón

    Dos nuevos estudios realizados por científicos de la Universidad Estatal de Oregón, en EE. UU., sugieren que las redes sociales podrían no ser suficientes para reemplazar el apoyo emocional que las personas reciben de las relaciones personales, y que el horario en que se utilizan las redes sociales puede ser importante para la salud mental de una persona.

    El primer estudio examinó la relación entre el apoyo emocional a través de las redes sociales, el apoyo emocional en la vida real y la soledad. El segundo estudio examinó si el uso de las redes sociales poco después de despertarse estaba asociado con la depresión.

    30 a 70 años

    Ambos estudios fueron financiados por los Institutos Nacionales de Salud y utilizaron la misma muestra representativa a nivel nacional de 1.512 adultos estadounidenses de entre 30 y 70 años que completaron un cuestionario en julio y agosto de 2023.

    “Si bien estos hallazgos no significan que las redes sociales sean intrínsecamente dañinas, sí sugieren que debemos reflexionar cuidadosamente sobre cómo las usamos, tanto a nivel personal como social”, dice Brian Primack, médico e investigador de la Facultad de Salud de la Universidad Estatal de Ohio (OSU), quien estudia las implicaciones para la salud pública de los medios de comunicación y la tecnología.

    Apoyo en la vida real tiene un poder mayor

    Primack señala que los participantes del estudio con los niveles más bajos de apoyo emocional en la vida real tienen más de ocho veces más probabilidades de sentirse solos en comparación con aquellos con los niveles más altos de apoyo emocional en la vida real.

    “En lo que respecta al apoyo emocional, nuestros hallazgos sugieren que las redes sociales no sustituyen el apoyo que recibimos a través de nuestras relaciones en la vida real”, afirma Geethika Koneru, médica y estudiante de posgrado que dirigió el estudio. “Al comparar directamente ambos tipos de apoyo emocional, el apoyo emocional de las redes sociales resultó ser mucho menos efectivo que el apoyo emocional de la vida real”.

    Redes sociales poco después de despertar

    En el segundo estudio, los investigadores se centraron en un aspecto diferente del uso de las redes sociales: el tiempo transcurrido desde que las personas se despertaban hasta que comenzaban a usarlas. Los científicos descubrieron que el uso de las redes sociales dentro de los 30 minutos posteriores al despertar estaba fuertemente asociado con la depresión, incluso después de tener en cuenta el uso total de las redes sociales y las características demográficas.

    “Existe una fuerte relación entre el uso de las redes sociales durante los primeros 30 minutos después de despertarse y la depresión”, afirma Hyosin Dawn Kim, profesora asistente de investigación en la Universidad Estatal de Ohio y líder del estudio. “Pero desconocemos si el uso de las redes sociales poco después de despertarse contribuye a la depresión, si la depresión lleva a las personas a usarlas al despertarse, o ambas cosas”, concluye.

  • La demencia puede esconderse en nuestros músculos

    La demencia puede esconderse en nuestros músculos

    Perder masa y fuerza muscular implica un riesgo 42 % mayor de desarrollar un deterioro cognitivo agudo.

    Laura Thomas, Curtin University

    La pérdida de masa muscular con la edad podría ser una importante señal de alerta de demencia, según una nueva investigación de la Curtin University de Australia. Los investigadores analizaron más de 80 estudios que examinaban la relación entre el peso corporal, la grasa corporal, la salud muscular y la demencia, y descubrieron que las personas con sarcopenia (pérdida de masa y fuerza muscular) tenían un 42 % más de riesgo de desarrollar demencia. La sarcopenia es una afección en la que las personas pierden masa muscular, fuerza y ​​función física con la edad.

    Diferencias sorprendentes

    Los hallazgos, publicados en la Revista Internacional de Ciencias Alimentarias y Nutrición, también revelaron una sorprendente diferencia en la relación entre la obesidad y la demencia según la edad. Las personas con obesidad en la mediana edad, o antes de los 65 años, tenían un 9 % más de riesgo de padecer demencia, mientras que la obesidad en personas de 65 años o más se asoció con un riesgo un 17 % menor.

    La investigadora principal, la Dra. Uraiporn Booranasuksakul, de la Universidad de Burapha, de Tailandia, afirma que los hallazgos demostraban que el peso corporal por sí solo no explicaba completamente el riesgo de demencia.

    “No se trata solo del peso; mantener la fuerza y ​​la función muscular también parece ser importante a medida que envejecemos”, afirma Booranasuksakul. “Nuestros hallazgos sugieren que la pérdida de masa muscular podría ser una señal de alerta importante sobre el riesgo de demencia”.

    Booranasuksakul dice que los hallazgos resaltan la importancia de cuidar la salud muscular a lo largo de la vida. “Mantener la masa muscular es fundamental para un envejecimiento saludable, y la actividad física regular y una buena nutrición pueden contribuir a la fuerza y ​​el buen funcionamiento muscular”, declara.

    El peso engaña

    Por su parte, el autor principal, el profesor Mario Siervo, de la Facultad de Salud Pública de Curtin, afirma que los hallazgos también cuestionan la idea de que el riesgo de demencia pueda entenderse simplemente observando el peso de una persona.

    “Descubrimos que la obesidad en la mediana edad estaba relacionada con un mayor riesgo de demencia, pero esta relación cambiaba en la vejez”, explicó Siervo. “Esto no significa que las personas deban aumentar de peso al envejecer. Más bien, nos muestra que la relación entre el peso corporal, el envejecimiento y la demencia es compleja”.

    Los investigadores también analizaron la obesidad sarcopénica, caracterizada por una baja masa o función muscular y un exceso de grasa corporal. Solo cuatro estudios cumplieron con los criterios para esta parte del análisis, y los investigadores no encontraron una relación estadísticamente significativa entre la obesidad sarcopénica y la demencia.

    Siervo afirma que es necesario realizar más investigaciones para comprender si la combinación de pérdida muscular y exceso de grasa corporal afectaba el riesgo de demencia.

    “Aún desconocemos mucho sobre cómo interactúan los cambios en la masa muscular y la grasa corporal a lo largo del tiempo”, explica Siervo. “Se necesitan más investigaciones a largo plazo para comprender si tener poca masa muscular y exceso de grasa corporal aumenta el riesgo de demencia”.

    Los investigadores afirmaron que los hallazgos reforzaban la importancia de adoptar un enfoque a lo largo de la vida para mantener una composición corporal saludable, lo que incluye prevenir el aumento de peso poco saludable durante la mediana edad y mantener la fuerza y ​​la función muscular a medida que las personas envejecen.

    El profesor Warren Harding AM, presidente y director de investigación y colaboraciones de Alzheimer’s WA (entidad australiana de apoyo a la comunidad en el alzhéimer), acogió con satisfacción los resultados y felicitó a Curtin por su inversión en la investigación sobre la demencia.

    Problema global

    “La demencia representa un desafío global de 2,8 billones de dólares, y los hallazgos de la Organización Mundial de la Salud y la Comisión Lancet sobre los 14 factores de riesgo relacionados con el estilo de vida son un poderoso recordatorio de la importancia de la detección temprana y de una buena alimentación, el ejercicio, el control del peso, la audición, la visión y el entrenamiento cerebral”, dice Harding. “Los hallazgos de Curtin sobre la masa y la fuerza muscular también refuerzan la importancia del ejercicio y subrayan la importancia de una buena movilidad y estabilidad para reducir las caídas a medida que las personas envejecen”.

    El estudio fue dirigido por investigadores de la Facultad de Salud Pública y del Centro de Excelencia en Demencia de la Universidad de Curtin, en colaboración con investigadores de Australia, el Reino Unido, Canadá, Tailandia e Italia.

  • Cómo valorarse, crecer y relacionarse mejor

    Cómo valorarse, crecer y relacionarse mejor

    Si no hay verdadera escucha de uno mismo y de los otros no hay encuentro posible. Somos seres sociales y necesitamos encontrarnos. Para ello hay que saltar, también, sobre los miedos.

    Ingenio

    Es fundamental permitirnos un espacio para escucharnos a nosotros mismos, no sólo por la posibilidad de reflexionar, sino tambien por el hecho de poder escuchar las señales de nuestro cuerpo. Cuántas veces postergamos una consulta médica porque decimos que ya se nos va a pasar, o tomamos como natural e inevitable el dolor.

    Somos un todo indivisible, complejo y único, es decir, estamos estrechamente entramados en una unidad cuerpo-mente-espíritu, salvo desde lo meramente intelectual, ya que mente y cuerpo se influyen en forma mutua. Para entenderlo mejor, por ejemplo, cuando no reconocemos nuestras preocupaciones, cuando no las escuchamos, éstas se transforman en un mensaje imposible de ignorar, se hacen “carne”. Es lo que se acostumbra a llamar enfermedades psicosomáticas.

    ¿Cómo iniciar un camino que nos lleve a tener una sintonía fina con nosotros mismos y los demás? Acá unas medidas sencillas para transitar ese camino.

    1.- Disponerse a escuchar

    Aquellos aspectos de nuestra personalidad que no coinciden con la imagen ideal que tenemos de nosotros mismos, existen, aunque no queramos reconocerlos. Muchas veces, se expresan a través de síntomas corporales. A su vez, éstos provocan reacciones emocionales inevitables, que las podremos manejar de mejor o peor manera: nos desesperamos, nos quejamos, nos evadimos, las afrontamos, luchamos,… etc.         

    Por otro lado, cuando me doy permiso y me dispongo a una verdadera escucha, me puedo centrar realmente en el otro, en lo que me dice. Entonces, puede que encuentre una mirada, una comprensión distinta y creativa para mí mismo, impensada hasta ese momento, y de esta manera nos vamos construyendo tanto una mejor manera de estar en el mundo o una relación particular.

    2.- Dejar de “pasarle” la culpa a otros

    Nuestra mente puede generar grandes maravillas o importantes desastres. Muchas veces, cuando tenemos problemas, lo primero que pensamos es a quién culpar, qué está mal, por qué a mí, y de esta forma el conflicto persiste: ya sea porque no lo definimos adecuadamente o porque ponemos toda la responsabilidad del problema en otras personas, con lo cual como ella no depende de mí, nada puede hacer al respecto.

    3.- Pensar en positivo (sin caer en la “magia”)

    Como una especie de ironía, el libro “Guía infalible de cómo ser un perfecto desdichado”, de Dan Greenburg, sugiere 10 justificaciones o pensamientos que tenemos que promover si queremos evitar ser felices o estar contentos:

    • “Nunca nos sale nada bien”.
    • “Tengo muy mala suerte”.
    • “No hay ninguna probabilidad de que esto salga. No vale la pena intentarlo”.
    • “No está escrito en el destino”.
    • “Nadie lo hizo antes”.
    • “Ya es demasiado tarde”.
    • “Hay que pagar el derecho de piso”.
    • “No sabríamos cómo hacerlo o qué decir”.
    • “Tal vez podríamos intentarlo más adelante, cuando estemos un poco más preparados, pero no ahora”.
    • “Es mejor esperar y postergar lo que queremos hacer”.

    Este tipo de justificaciones con seguridad nos van condicionando hacia la infelicidad o hacia un estado de frustración. Por el contrario, tener una postura positiva para todo aquello que encaramos puede ayudarnos a que seamos personas más felices. Recuerde que en el intentar las cosas, está la tranquilidad de no haberse quedado con los brazos cruzados (e, incluso, haber aprendido algo) aun cuando las cosas no resulten.

    4.- Vencer el miedo como obstáculo

    El miedo es una herramienta muy valiosa para la supervivencia, porque nos hace defendernos cuando percibimos una situación amenazante o, al menos, cuando creemos que es así: en este punto aparece el miedo disfuncional: el que se basa en temores imaginarios, miedos insensatos y percepciones distorsionadas, todos los que nos provocan angustia y pueden llegar a condicionarnos gravemente.

    El miedo que sobreviene por inseguridad y puede manifestarse como ansiedad, desprecio a los demás o autodesprecio, actitud distante, timidez, soberbia, egocentrismo desmedido.

    Muchos de nuestros temores son miedos que provienen de nuestro ego, por temor a las descalificaciones, a no ser aprobados, a ser rechazados o, simplemente, por inseguridad. En consecuencia, de alguna u otra manera soportamos sentirnos mal y nos impedimos a buscar un bienestar por seguir siendo aceptados por el otro o por un grupo.

    Recuadro

    La mirada hacia el interior

    • Propiciar espacios de introspección y autorreflexión.
    • Permitirse una verdadera escucha para con uno mismo y otras personas, centrando real atención a fin de poder encontrar una mirada y comprensión distinta.
    • En cada momento, en cada instante, tenga en cuenta la siguiente frase del Doctor Christian Bárnard, aquel famoso cardiólogo que hizo el primer trasplante de corazón: “Si piensas que estás vencido, lo estás. Si piensas que no te atreves, no lo harás. Si piensas que te gustaría ganar, pero no puedes, no lo lograrás. Si piensas que perderás ya has perdido”.
  • Los abuelos son claves para superar la adversidad adulta

    Los abuelos son claves para superar la adversidad adulta

    También los tíos, profesores y entrenadores. Al alimentar el lado bueno de la niñez, evitan que quede eclipsado por el malo.

    Katya Poltorak, Northeastern University

    Tus abuelos dan vida a “El Gruffalo”, con su extraña forma, leyendo el cuento en voz alta e imitando diferentes voces. Te llevan a ver lémures o jirafas al zoológico. Te enseñan a cultivar cebolla de verdeo en el alféizar de la ventana. Y te dejan probar todas las facturas cuando no puedes decidir cuál quieres.

    Y, como demuestra la experiencia de Kelsie Lopez, investigadora postdoctoral en psicología de la Northeastern University, en Boston, Estados Unidos, estos ancianos de la familia también inspiran la investigación científica.

    Cuando López revisó las publicaciones sobre neurodesarrollo, el campo que decidió estudiar en el Centro de Salud Cognitiva y Cerebral de Northeastern, notó una omisión evidente. La gran mayoría de los trabajos se centraban en la adversidad: experiencias estresantes o dañinas que hacen que la infancia se sienta insegura, inestable o desamparada.

    ¿Dónde estaba la investigación sobre las cosas que salen bien?, se preguntó.

    Junto con Laurel Gabard-Durnam, profesora de psicología de la Universidad Northeastern, y colegas del Bryn Mawr College en Pensilvania, López se propuso llenar ese vacío.

    Lo bueno en tiempos malos

    El estudio resultante arrojó un resultado esperanzador: el lado bueno de la niñez no tiene por qué quedar eclipsado por el mal.

    Para llegar a esta conclusión, los investigadores vincularon las experiencias positivas, como tener oportunidades de aprendizaje, con una mejor salud mental en la edad adulta, incluso después de tener en cuenta las dificultades que pudieron haber coincidido con ellas.

    “El hecho de haber sufrido adversidades en la infancia no significa necesariamente que no se hayan producido experiencias positivas en esa misma etapa de la vida”, dice López.

    Para estudiar científicamente estas experiencias, los investigadores deben convertirlas en cifras. ¿De qué otra manera se puede determinar si los cuentos de la abuela antes de dormir compensaron el estrés que le causó a papá perder su trabajo?

    Cómo medirlo

    López y sus colegas desarrollaron una escala que organizaba las experiencias positivas en torno a tres dimensiones: previsibilidad, oportunidad y seguridad, diseñadas como contrapartes positivas de los marcos típicos que examinan los factores estresantes de la infancia y que se centran en la imprevisibilidad, la privación y la amenaza.

    Luego elaboraron un cuestionario en torno a esas preguntas.

    La sección sobre previsibilidad incluía preguntas como si los participantes sabían quién cuidaría de ellos después de terminar la escuela. Las preguntas relacionadas con las oportunidades y la seguridad exploraban si habían tenido la oportunidad de formar relaciones cercanas o si se sentían protegidos física y emocionalmente.

    Para cada pregunta, un total de aproximadamente 1200 participantes calificaron la veracidad de una afirmación sobre su infancia en una escala de cuatro puntos, que iba desde “muy cierto” hasta “nada cierto”. Posteriormente, los investigadores convirtieron las respuestas en puntuaciones en una escala del 1 al 4, donde las puntuaciones más altas reflejaban experiencias más positivas.

    Los participantes también completaron cuestionarios para medir experiencias adversas en la infancia, así como una encuesta para evaluar sus niveles actuales de ansiedad, depresión y resiliencia. Posteriormente, los investigadores analizaron cómo las puntuaciones obtenidas en las experiencias positivas y adversas de la infancia se relacionaban con esos indicadores de salud mental en la edad adulta.

    Menos depresión y ansiedad

    Al analizar conjuntamente las puntuaciones de experiencias positivas y negativas, los investigadores pudieron plantearse una pregunta importante. Supongamos que dos personas experimentaron niveles similares de adversidad en la infancia, pero la primera también tuvo experiencias positivas. ¿Influirían esas experiencias positivas de forma significativa en la salud mental adulta de la primera persona en comparación con la de la segunda?

    Al final, la respuesta fue sí.

    Las experiencias positivas en la infancia se vincularon con menores niveles de depresión y ansiedad, así como con una mayor resiliencia en la edad adulta. Estos patrones se mantuvieron incluso después de que los investigadores tuvieran en cuenta las circunstancias adversas y el estatus socioeconómico. Por otro lado, las experiencias desfavorables en la infancia se asociaron con mayores niveles de ansiedad y depresión.

    En otras palabras, ninguna experiencia anuló a la otra. Cada una aportó a los investigadores información sobre la salud mental en adultos que la otra no podía, lo cual supone un mayor reconocimiento que el obtenido con experiencias positivas en el pasado.

    Efectos contundentes

    “Fue realmente maravilloso ver los efectos tan sólidos y contundentes de estas experiencias positivas, que superaron el grado de adversidad que experimentó cada persona, e independientemente de su estatus socioeconómico”, dice Gabard-Durnam.

    Los participantes, procedentes de diversos estratos socioeconómicos y con edades comprendidas entre los 18 y los 65 años, abarcaron todo el espectro, desde altos niveles de adversidad y experiencias positivas hasta bajos niveles de ambas, pasando por todas las combinaciones intermedias. En definitiva, los resultados reforzaron la idea central de que experimentar más adversidad no implica tener menos experiencias positivas.

    Los resultados coinciden con los hallazgos de otros investigadores sobre los ingredientes de una infancia positiva.

    Amanda Winn, directora de capacitación y asistencia técnica del Centro Nacional de Recursos HOPE, un programa de salud pública e iniciativa de investigación, señaló que la salud a lo largo de la vida se ha relacionado con experiencias positivas en la infancia.

    Una bondad muy importante

    “Son increíblemente importantes”, declara Winn a Northeastern Global News, y añadió que las investigaciones sugieren que su ausencia “puede ser más perjudicial que la presencia de traumas y adversidades”.

    Detrás de esas experiencias hay personas que las hacen posibles.

    Los investigadores de Northeastern pidieron a los participantes que indicaran en qué modelo a seguir estaban pensando al responder cada pregunta.

    Entre los “sospechosos” habituales figuraban abuelos, tíos, profesores, entrenadores y líderes espirituales que dejaron una huella positiva en la vida de decenas de jóvenes reflejados en el estudio.

    También hubo algunas sorpresas.

    “Mi respuesta favorita es que alguien propusiera al conductor del autobús escolar de su escuela primaria”, dice Gabard-Durnam. Otro participante mencionó a alguien de un bar de motoqueros. “Realmente abarcaba todo tipo de personas en el mundo”, dice Gabard-Durnam. “No se trata solo de los cuidadores (familiares o profesionales)”, concluye López.

  • Subir escaleras mejora la salud cerebral

    Subir escaleras mejora la salud cerebral

    Sabemos que usarlas es bueno para nuestra salud física, pero resulta que también puede beneficiar a nuestro cerebro.

    Universidad de Otago

    Así de simple, un estudio científico reveló que seis sesiones de un minuto subiendo escaleras mejoran la salud cognitiva de las personas.

    Los investigadores de la Universidad de Otago–Ōtākou Whakaihu Waka, de la ciudad de Dunedin, en Nueva Zelanda, lo realizaron convocando a unas 50 personas de entre 18 y 36 años, las cuales subieron y bajaron un tramo de escaleras seis veces, durante un minuto cada vez, a un ritmo “relativamente intenso”.

    La autora principal, la profesora Liana Machado, del Departamento de Psicología, afirma que, si bien, muchas personas se esfuerzan por mejorar su cognición, no es tan simple encontrar uno universal y fácilmente accesible; por lo que contar con una forma rápida y sencilla de hacerlo resulta muy beneficioso.

    Cognición eficaz

    “La cognición eficaz es algo de lo que todos dependemos a lo largo del día”, afirma.

    “Tanto si se intenta cruzar una intersección con mucho tráfico sin incidentes como si se participa en un pensamiento dinámico y complejo en el trabajo, la eficacia de nuestro funcionamiento cognitivo puede marcar una gran diferencia”.

    En el experimento antes citado, posteriormente a la subida de las escaleras, los científicos realizaron una prueba neuropsicológica que incluía tres evaluaciones cognitivas y seis herramientas analógicas visuales del estado de ánimo.

    Los resultados revelaron que la capacidad cognitiva mejoró después de subir escaleras —como lo indicaron los tiempos de respuesta correctos más cortos— en comparación con una sesión aparte en la que no subieron escaleras. Curiosamente, no hubo diferencias en el estado de ánimo.

    Resultados algo inesperados

    “Cuando iniciamos la investigación, habíamos previsto que observaríamos cambios en el flujo sanguíneo cerebral junto con una mejora cognitiva”, afirma Machado. Sin embargo, las influencias sobre el flujo sanguíneo cerebral parecen haberse disipado en el momento de la medición, que comenzó unos 20 minutos después de subir las escaleras.

    Lo anterior “sugiere que existen otros mecanismos que respaldan las mejoras cognitivas en curso”.

    Más allá de que falta descubrir el mecanismo específico detrás del fenómeno, Machado espera que la gente pueda beneficiarse de los hallazgos en su vida cotidiana: “Me gusta la idea de usar las escaleras, porque mucha gente tiene fácil acceso a ellas en el trabajo o en casa, lo que facilita incorporar el subirlas a las actividades diarias normales”, dice.

    “Estos hallazgos podrían motivar a los estudiantes a realizar periodos periódicos de actividad física durante las sesiones de estudio”, agrega.

    “Del mismo modo, las personas con trabajos de oficina podrían intentar intercalar periodos de subir escaleras para mejorar su función cognitiva”, recomienda.

    La investigación fue publicada en la revista Journal of Cognitive Enhancement.

  • Mezcla peligrosa: smartphones y niños

    Mezcla peligrosa: smartphones y niños

    El uso excesivo del celular a los 14 años duplica la posibilidad de sufrir depresión y obesidad. Recibirlo a los 12 multiplica los problemas de salud mental e insomnio.

    Children’s Hospital of Philadelphia

    Un año después de recibir su primer teléfono inteligente, a los 13 años, los adolescentes de 14 años que pasan mucho tiempo con sus teléfonos tienen más probabilidades de sufrir depresión, obesidad e insomnio.

    Así se desprende de un trabajo de investigadores del Hospital Infantil de Filadelfia, en los Estados Unidos.

    Ran Barzilay, es el autor principal del estudio y psiquiatra infantil del Centro de Investigación, Intervención y Prevención del Suicidio Juvenil de esa universidad. Ya el año pasado, Barzilay había informado que los adolescentes que adquieren su primer teléfono inteligente antes y durante los 12 años tienen un mayor riesgo de sufrir problemas de salud mental y falta de sueño que aquellos que permanecen “sin teléfono inteligente” hasta los 13 años.

    Falta de sueño

    En este nuevo estudio, Barzilay y su equipo siguieron a un grupo de jóvenes que tenían (o no) teléfono inteligente desde los 13 hasta los 14 años. Los investigadores analizaron si el hecho de tener un teléfono inteligente alrededor de los 13 años afectaba la depresión, la obesidad o el sueño un año después.

    De los 1 959 adolescentes estudiados, 1 230 obtuvieron un teléfono inteligente entre los 13 y los 14 años, mientras que 729 no. En comparación con quienes no adquirieron un teléfono inteligente, aquellos que sí lo obtuvieron a los 13 años presentaban un mayor riesgo de sufrir falta de sueño a los 14 años.

    Los investigadores descubrieron que adquirir un teléfono inteligente a los 13 años no se asociaba con la depresión a los 14, a diferencia de adquirirlo a los 12, lo cual sí se relacionó con problemas de salud mental un año después. La investigación sugiere que, a los 13 años, los adolescentes podrían estar emocionalmente más preparados para recibir su primer teléfono inteligente sin que esto perjudique automáticamente su salud mental.

    Intensidad hace la diferencia

    Sin embargo, al analizar la intensidad del uso de los teléfonos inteligentes, los investigadores descubrieron que la duración del tiempo de uso y el acceso nocturno son factores clave que influyen en el bienestar general. En niños que sí tenían teléfonos inteligentes a los 14 años, usarlos durante más de cinco horas al día se asoció con más del doble de probabilidades de sufrir depresión y obesidad, y el doble de probabilidades de no dormir lo suficiente, en comparación con usarlos dos horas o menos al día.

    El estudio no analizó qué actividades específicas con el teléfono (como los videojuegos o las redes sociales) podrían ser perjudiciales.

    No en el dormitorio

    “Un hábito sencillo pareció reducir los resultados adversos. Los niños que mantenían sus teléfonos inteligentes fuera del dormitorio por la noche tenían menos probabilidades de reportar falta de sueño, lo que sugiere que sacarlos de las habitaciones influye en el bienestar de los adolescentes”, dice Barzilay.

    “Al considerar los hallazgos de este estudio junto con nuestros trabajos anteriores, podemos afirmar con cautela que la adquisición de un teléfono inteligente a los 13 años parece más segura que a los 12 años o antes”. Sin embargo, “incluso a los 13 años, nuestros hallazgos aportan evidencia que informa a padres y profesionales de la salud sobre la importancia de introducir un teléfono inteligente con reglas claras y supervisión. Recomendamos a las familias que establezcan límites diarios para el uso del teléfono inteligente y que lo retiren de las habitaciones de sus hijos por la noche”.

    La investigación se llevó a cabo en colaboración con la Universidad de California, Berkeley, y la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania.