Categoría: Mente y vida

Mente, cerebro, salud, afectos, capacidad cognitiva, vida social, aprendizaje, estrés, longevidad y hasta la dieta misma no son elementos separados como solemos creer. Tienen conexiones, en ocasiones sutiles, a veces directas. En esta sección ponemos a su disposición una serie de notas con lo último que las ciencias médicas, la psicología y los expertos de estas áreas ofrecen sobre esta conexión fascinante.

  • Cómo valorarse, crecer y relacionarse mejor

    Cómo valorarse, crecer y relacionarse mejor

    Si no hay verdadera escucha de uno mismo y de los otros no hay encuentro posible. Somos seres sociales y necesitamos encontrarnos. Para ello hay que saltar, también, sobre los miedos.

    Ingenio

    Es fundamental permitirnos un espacio para escucharnos a nosotros mismos, no sólo por la posibilidad de reflexionar, sino tambien por el hecho de poder escuchar las señales de nuestro cuerpo. Cuántas veces postergamos una consulta médica porque decimos que ya se nos va a pasar, o tomamos como natural e inevitable el dolor.

    Somos un todo indivisible, complejo y único, es decir, estamos estrechamente entramados en una unidad cuerpo-mente-espíritu, salvo desde lo meramente intelectual, ya que mente y cuerpo se influyen en forma mutua. Para entenderlo mejor, por ejemplo, cuando no reconocemos nuestras preocupaciones, cuando no las escuchamos, éstas se transforman en un mensaje imposible de ignorar, se hacen “carne”. Es lo que se acostumbra a llamar enfermedades psicosomáticas.

    ¿Cómo iniciar un camino que nos lleve a tener una sintonía fina con nosotros mismos y los demás? Acá unas medidas sencillas para transitar ese camino.

    1.- Disponerse a escuchar

    Aquellos aspectos de nuestra personalidad que no coinciden con la imagen ideal que tenemos de nosotros mismos, existen, aunque no queramos reconocerlos. Muchas veces, se expresan a través de síntomas corporales. A su vez, éstos provocan reacciones emocionales inevitables, que las podremos manejar de mejor o peor manera: nos desesperamos, nos quejamos, nos evadimos, las afrontamos, luchamos,… etc.         

    Por otro lado, cuando me doy permiso y me dispongo a una verdadera escucha, me puedo centrar realmente en el otro, en lo que me dice. Entonces, puede que encuentre una mirada, una comprensión distinta y creativa para mí mismo, impensada hasta ese momento, y de esta manera nos vamos construyendo tanto una mejor manera de estar en el mundo o una relación particular.

    2.- Dejar de “pasarle” la culpa a otros

    Nuestra mente puede generar grandes maravillas o importantes desastres. Muchas veces, cuando tenemos problemas, lo primero que pensamos es a quién culpar, qué está mal, por qué a mí, y de esta forma el conflicto persiste: ya sea porque no lo definimos adecuadamente o porque ponemos toda la responsabilidad del problema en otras personas, con lo cual como ella no depende de mí, nada puede hacer al respecto.

    3.- Pensar en positivo (sin caer en la “magia”)

    Como una especie de ironía, el libro “Guía infalible de cómo ser un perfecto desdichado”, de Dan Greenburg, sugiere 10 justificaciones o pensamientos que tenemos que promover si queremos evitar ser felices o estar contentos:

    • “Nunca nos sale nada bien”.
    • “Tengo muy mala suerte”.
    • “No hay ninguna probabilidad de que esto salga. No vale la pena intentarlo”.
    • “No está escrito en el destino”.
    • “Nadie lo hizo antes”.
    • “Ya es demasiado tarde”.
    • “Hay que pagar el derecho de piso”.
    • “No sabríamos cómo hacerlo o qué decir”.
    • “Tal vez podríamos intentarlo más adelante, cuando estemos un poco más preparados, pero no ahora”.
    • “Es mejor esperar y postergar lo que queremos hacer”.

    Este tipo de justificaciones con seguridad nos van condicionando hacia la infelicidad o hacia un estado de frustración. Por el contrario, tener una postura positiva para todo aquello que encaramos puede ayudarnos a que seamos personas más felices. Recuerde que en el intentar las cosas, está la tranquilidad de no haberse quedado con los brazos cruzados (e, incluso, haber aprendido algo) aun cuando las cosas no resulten.

    4.- Vencer el miedo como obstáculo

    El miedo es una herramienta muy valiosa para la supervivencia, porque nos hace defendernos cuando percibimos una situación amenazante o, al menos, cuando creemos que es así: en este punto aparece el miedo disfuncional: el que se basa en temores imaginarios, miedos insensatos y percepciones distorsionadas, todos los que nos provocan angustia y pueden llegar a condicionarnos gravemente.

    El miedo que sobreviene por inseguridad y puede manifestarse como ansiedad, desprecio a los demás o autodesprecio, actitud distante, timidez, soberbia, egocentrismo desmedido.

    Muchos de nuestros temores son miedos que provienen de nuestro ego, por temor a las descalificaciones, a no ser aprobados, a ser rechazados o, simplemente, por inseguridad. En consecuencia, de alguna u otra manera soportamos sentirnos mal y nos impedimos a buscar un bienestar por seguir siendo aceptados por el otro o por un grupo.

    Recuadro

    La mirada hacia el interior

    • Propiciar espacios de introspección y autorreflexión.
    • Permitirse una verdadera escucha para con uno mismo y otras personas, centrando real atención a fin de poder encontrar una mirada y comprensión distinta.
    • En cada momento, en cada instante, tenga en cuenta la siguiente frase del Doctor Christian Bárnard, aquel famoso cardiólogo que hizo el primer trasplante de corazón: “Si piensas que estás vencido, lo estás. Si piensas que no te atreves, no lo harás. Si piensas que te gustaría ganar, pero no puedes, no lo lograrás. Si piensas que perderás ya has perdido”.
  • Los abuelos son claves para superar la adversidad adulta

    Los abuelos son claves para superar la adversidad adulta

    También los tíos, profesores y entrenadores. Al alimentar el lado bueno de la niñez, evitan que quede eclipsado por el malo.

    Katya Poltorak, Northeastern University

    Tus abuelos dan vida a “El Gruffalo”, con su extraña forma, leyendo el cuento en voz alta e imitando diferentes voces. Te llevan a ver lémures o jirafas al zoológico. Te enseñan a cultivar cebolla de verdeo en el alféizar de la ventana. Y te dejan probar todas las facturas cuando no puedes decidir cuál quieres.

    Y, como demuestra la experiencia de Kelsie Lopez, investigadora postdoctoral en psicología de la Northeastern University, en Boston, Estados Unidos, estos ancianos de la familia también inspiran la investigación científica.

    Cuando López revisó las publicaciones sobre neurodesarrollo, el campo que decidió estudiar en el Centro de Salud Cognitiva y Cerebral de Northeastern, notó una omisión evidente. La gran mayoría de los trabajos se centraban en la adversidad: experiencias estresantes o dañinas que hacen que la infancia se sienta insegura, inestable o desamparada.

    ¿Dónde estaba la investigación sobre las cosas que salen bien?, se preguntó.

    Junto con Laurel Gabard-Durnam, profesora de psicología de la Universidad Northeastern, y colegas del Bryn Mawr College en Pensilvania, López se propuso llenar ese vacío.

    Lo bueno en tiempos malos

    El estudio resultante arrojó un resultado esperanzador: el lado bueno de la niñez no tiene por qué quedar eclipsado por el mal.

    Para llegar a esta conclusión, los investigadores vincularon las experiencias positivas, como tener oportunidades de aprendizaje, con una mejor salud mental en la edad adulta, incluso después de tener en cuenta las dificultades que pudieron haber coincidido con ellas.

    “El hecho de haber sufrido adversidades en la infancia no significa necesariamente que no se hayan producido experiencias positivas en esa misma etapa de la vida”, dice López.

    Para estudiar científicamente estas experiencias, los investigadores deben convertirlas en cifras. ¿De qué otra manera se puede determinar si los cuentos de la abuela antes de dormir compensaron el estrés que le causó a papá perder su trabajo?

    Cómo medirlo

    López y sus colegas desarrollaron una escala que organizaba las experiencias positivas en torno a tres dimensiones: previsibilidad, oportunidad y seguridad, diseñadas como contrapartes positivas de los marcos típicos que examinan los factores estresantes de la infancia y que se centran en la imprevisibilidad, la privación y la amenaza.

    Luego elaboraron un cuestionario en torno a esas preguntas.

    La sección sobre previsibilidad incluía preguntas como si los participantes sabían quién cuidaría de ellos después de terminar la escuela. Las preguntas relacionadas con las oportunidades y la seguridad exploraban si habían tenido la oportunidad de formar relaciones cercanas o si se sentían protegidos física y emocionalmente.

    Para cada pregunta, un total de aproximadamente 1200 participantes calificaron la veracidad de una afirmación sobre su infancia en una escala de cuatro puntos, que iba desde “muy cierto” hasta “nada cierto”. Posteriormente, los investigadores convirtieron las respuestas en puntuaciones en una escala del 1 al 4, donde las puntuaciones más altas reflejaban experiencias más positivas.

    Los participantes también completaron cuestionarios para medir experiencias adversas en la infancia, así como una encuesta para evaluar sus niveles actuales de ansiedad, depresión y resiliencia. Posteriormente, los investigadores analizaron cómo las puntuaciones obtenidas en las experiencias positivas y adversas de la infancia se relacionaban con esos indicadores de salud mental en la edad adulta.

    Menos depresión y ansiedad

    Al analizar conjuntamente las puntuaciones de experiencias positivas y negativas, los investigadores pudieron plantearse una pregunta importante. Supongamos que dos personas experimentaron niveles similares de adversidad en la infancia, pero la primera también tuvo experiencias positivas. ¿Influirían esas experiencias positivas de forma significativa en la salud mental adulta de la primera persona en comparación con la de la segunda?

    Al final, la respuesta fue sí.

    Las experiencias positivas en la infancia se vincularon con menores niveles de depresión y ansiedad, así como con una mayor resiliencia en la edad adulta. Estos patrones se mantuvieron incluso después de que los investigadores tuvieran en cuenta las circunstancias adversas y el estatus socioeconómico. Por otro lado, las experiencias desfavorables en la infancia se asociaron con mayores niveles de ansiedad y depresión.

    En otras palabras, ninguna experiencia anuló a la otra. Cada una aportó a los investigadores información sobre la salud mental en adultos que la otra no podía, lo cual supone un mayor reconocimiento que el obtenido con experiencias positivas en el pasado.

    Efectos contundentes

    “Fue realmente maravilloso ver los efectos tan sólidos y contundentes de estas experiencias positivas, que superaron el grado de adversidad que experimentó cada persona, e independientemente de su estatus socioeconómico”, dice Gabard-Durnam.

    Los participantes, procedentes de diversos estratos socioeconómicos y con edades comprendidas entre los 18 y los 65 años, abarcaron todo el espectro, desde altos niveles de adversidad y experiencias positivas hasta bajos niveles de ambas, pasando por todas las combinaciones intermedias. En definitiva, los resultados reforzaron la idea central de que experimentar más adversidad no implica tener menos experiencias positivas.

    Los resultados coinciden con los hallazgos de otros investigadores sobre los ingredientes de una infancia positiva.

    Amanda Winn, directora de capacitación y asistencia técnica del Centro Nacional de Recursos HOPE, un programa de salud pública e iniciativa de investigación, señaló que la salud a lo largo de la vida se ha relacionado con experiencias positivas en la infancia.

    Una bondad muy importante

    “Son increíblemente importantes”, declara Winn a Northeastern Global News, y añadió que las investigaciones sugieren que su ausencia “puede ser más perjudicial que la presencia de traumas y adversidades”.

    Detrás de esas experiencias hay personas que las hacen posibles.

    Los investigadores de Northeastern pidieron a los participantes que indicaran en qué modelo a seguir estaban pensando al responder cada pregunta.

    Entre los “sospechosos” habituales figuraban abuelos, tíos, profesores, entrenadores y líderes espirituales que dejaron una huella positiva en la vida de decenas de jóvenes reflejados en el estudio.

    También hubo algunas sorpresas.

    “Mi respuesta favorita es que alguien propusiera al conductor del autobús escolar de su escuela primaria”, dice Gabard-Durnam. Otro participante mencionó a alguien de un bar de motoqueros. “Realmente abarcaba todo tipo de personas en el mundo”, dice Gabard-Durnam. “No se trata solo de los cuidadores (familiares o profesionales)”, concluye López.

  • Subir escaleras mejora la salud cerebral

    Subir escaleras mejora la salud cerebral

    Sabemos que usarlas es bueno para nuestra salud física, pero resulta que también puede beneficiar a nuestro cerebro.

    Universidad de Otago

    Así de simple, un estudio científico reveló que seis sesiones de un minuto subiendo escaleras mejoran la salud cognitiva de las personas.

    Los investigadores de la Universidad de Otago–Ōtākou Whakaihu Waka, de la ciudad de Dunedin, en Nueva Zelanda, lo realizaron convocando a unas 50 personas de entre 18 y 36 años, las cuales subieron y bajaron un tramo de escaleras seis veces, durante un minuto cada vez, a un ritmo “relativamente intenso”.

    La autora principal, la profesora Liana Machado, del Departamento de Psicología, afirma que, si bien, muchas personas se esfuerzan por mejorar su cognición, no es tan simple encontrar uno universal y fácilmente accesible; por lo que contar con una forma rápida y sencilla de hacerlo resulta muy beneficioso.

    Cognición eficaz

    “La cognición eficaz es algo de lo que todos dependemos a lo largo del día”, afirma.

    “Tanto si se intenta cruzar una intersección con mucho tráfico sin incidentes como si se participa en un pensamiento dinámico y complejo en el trabajo, la eficacia de nuestro funcionamiento cognitivo puede marcar una gran diferencia”.

    En el experimento antes citado, posteriormente a la subida de las escaleras, los científicos realizaron una prueba neuropsicológica que incluía tres evaluaciones cognitivas y seis herramientas analógicas visuales del estado de ánimo.

    Los resultados revelaron que la capacidad cognitiva mejoró después de subir escaleras —como lo indicaron los tiempos de respuesta correctos más cortos— en comparación con una sesión aparte en la que no subieron escaleras. Curiosamente, no hubo diferencias en el estado de ánimo.

    Resultados algo inesperados

    “Cuando iniciamos la investigación, habíamos previsto que observaríamos cambios en el flujo sanguíneo cerebral junto con una mejora cognitiva”, afirma Machado. Sin embargo, las influencias sobre el flujo sanguíneo cerebral parecen haberse disipado en el momento de la medición, que comenzó unos 20 minutos después de subir las escaleras.

    Lo anterior “sugiere que existen otros mecanismos que respaldan las mejoras cognitivas en curso”.

    Más allá de que falta descubrir el mecanismo específico detrás del fenómeno, Machado espera que la gente pueda beneficiarse de los hallazgos en su vida cotidiana: “Me gusta la idea de usar las escaleras, porque mucha gente tiene fácil acceso a ellas en el trabajo o en casa, lo que facilita incorporar el subirlas a las actividades diarias normales”, dice.

    “Estos hallazgos podrían motivar a los estudiantes a realizar periodos periódicos de actividad física durante las sesiones de estudio”, agrega.

    “Del mismo modo, las personas con trabajos de oficina podrían intentar intercalar periodos de subir escaleras para mejorar su función cognitiva”, recomienda.

    La investigación fue publicada en la revista Journal of Cognitive Enhancement.

  • Mezcla peligrosa: smartphones y niños

    Mezcla peligrosa: smartphones y niños

    El uso excesivo del celular a los 14 años duplica la posibilidad de sufrir depresión y obesidad. Recibirlo a los 12 multiplica los problemas de salud mental e insomnio.

    Children’s Hospital of Philadelphia

    Un año después de recibir su primer teléfono inteligente, a los 13 años, los adolescentes de 14 años que pasan mucho tiempo con sus teléfonos tienen más probabilidades de sufrir depresión, obesidad e insomnio.

    Así se desprende de un trabajo de investigadores del Hospital Infantil de Filadelfia, en los Estados Unidos.

    Ran Barzilay, es el autor principal del estudio y psiquiatra infantil del Centro de Investigación, Intervención y Prevención del Suicidio Juvenil de esa universidad. Ya el año pasado, Barzilay había informado que los adolescentes que adquieren su primer teléfono inteligente antes y durante los 12 años tienen un mayor riesgo de sufrir problemas de salud mental y falta de sueño que aquellos que permanecen “sin teléfono inteligente” hasta los 13 años.

    Falta de sueño

    En este nuevo estudio, Barzilay y su equipo siguieron a un grupo de jóvenes que tenían (o no) teléfono inteligente desde los 13 hasta los 14 años. Los investigadores analizaron si el hecho de tener un teléfono inteligente alrededor de los 13 años afectaba la depresión, la obesidad o el sueño un año después.

    De los 1 959 adolescentes estudiados, 1 230 obtuvieron un teléfono inteligente entre los 13 y los 14 años, mientras que 729 no. En comparación con quienes no adquirieron un teléfono inteligente, aquellos que sí lo obtuvieron a los 13 años presentaban un mayor riesgo de sufrir falta de sueño a los 14 años.

    Los investigadores descubrieron que adquirir un teléfono inteligente a los 13 años no se asociaba con la depresión a los 14, a diferencia de adquirirlo a los 12, lo cual sí se relacionó con problemas de salud mental un año después. La investigación sugiere que, a los 13 años, los adolescentes podrían estar emocionalmente más preparados para recibir su primer teléfono inteligente sin que esto perjudique automáticamente su salud mental.

    Intensidad hace la diferencia

    Sin embargo, al analizar la intensidad del uso de los teléfonos inteligentes, los investigadores descubrieron que la duración del tiempo de uso y el acceso nocturno son factores clave que influyen en el bienestar general. En niños que sí tenían teléfonos inteligentes a los 14 años, usarlos durante más de cinco horas al día se asoció con más del doble de probabilidades de sufrir depresión y obesidad, y el doble de probabilidades de no dormir lo suficiente, en comparación con usarlos dos horas o menos al día.

    El estudio no analizó qué actividades específicas con el teléfono (como los videojuegos o las redes sociales) podrían ser perjudiciales.

    No en el dormitorio

    “Un hábito sencillo pareció reducir los resultados adversos. Los niños que mantenían sus teléfonos inteligentes fuera del dormitorio por la noche tenían menos probabilidades de reportar falta de sueño, lo que sugiere que sacarlos de las habitaciones influye en el bienestar de los adolescentes”, dice Barzilay.

    “Al considerar los hallazgos de este estudio junto con nuestros trabajos anteriores, podemos afirmar con cautela que la adquisición de un teléfono inteligente a los 13 años parece más segura que a los 12 años o antes”. Sin embargo, “incluso a los 13 años, nuestros hallazgos aportan evidencia que informa a padres y profesionales de la salud sobre la importancia de introducir un teléfono inteligente con reglas claras y supervisión. Recomendamos a las familias que establezcan límites diarios para el uso del teléfono inteligente y que lo retiren de las habitaciones de sus hijos por la noche”.

    La investigación se llevó a cabo en colaboración con la Universidad de California, Berkeley, y la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania.

  • Los beneficios cognitivos de caminar hacia atrás

    Los beneficios cognitivos de caminar hacia atrás

    Hacerlo de espaldas aumenta la actividad en la parte del cerebro responsable de la resolución de problemas y la toma de decisiones. Y ayuda a la salud cardíaca.

    Leslie Finlay, The Healthy

    Caminar hacia atrás es un movimiento al que nuestro cuerpo no está acostumbrado y se lo subestima. Es un ejercicio desafiante para casi cualquier persona, pero no solo se considera que es un excelente ejercicio para el cuerpo, sino que también es positivo para la mente.

    “Todos pueden beneficiarse, pero no todos pueden hacerlo de forma segura”, explica el Dr. Shane Davis, médico especialista en medicina deportiva y fisiatra del Tufts Medical Center, en los Estados Unidos.

    A continuación, se indican quiénes deben evitarlo y se ofrecen consejos para mantenerse a salvo de caídas.

    Alivia ciertos dolores

    También conocida como “marcha hacia atrás”, esta técnica suele formar parte de los programas de fisioterapia. “En fisioterapia, puede utilizarse específicamente con personas que sufren dolor en las extremidades inferiores, ya que caminar hacia atrás modifica los patrones de fuerza y ​​puede aliviar la presión sobre las partes del cuerpo que de otro modo serían dolorosas”, explica el Dr. Davis.

    Hoy en día, es posible que vea a más gente caminando hacia atrás en el gimnasio o en las redes sociales. Según el Dr. Davis y estudios recientes, existen muchas razones para que esta tendencia de fitness se mantenga gracias a sus beneficios para la salud. (Solo tenga cuidado con lo que vea detrás suyo… y cuando se acostumbre, pruebe a caminar cuesta arriba para un entrenamiento muscular aún más efectivo).

    1. Caminar hacia atrás fortalece los músculos poco utilizados

    “[Caminar hacia atrás] activa los músculos de forma diferente a caminar hacia adelante, lo que fortalece músculos que quizás no reciban tanta atención al caminar hacia adelante”, explica el Dr. Davis.

    En concreto, un estudio de 2024 publicado en el Journal of Clinical and Diagnostic Research destaca que caminar hacia atrás activa los cuádriceps, los isquiotibiales, los glúteos, los flexores de la cadera y los músculos de la pantorrilla. Si bien utilizamos estos músculos al caminar normalmente, caminar hacia atrás requiere que actúen de forma diferente, alargándose bajo carga. Este tipo de trabajo muscular se denomina “movimiento excéntrico” y se asocia con mayores ganancias de fuerza.

    2. Caminar hacia atrás mejora el equilibrio y la estabilidad

    “Este nuevo patrón de movimiento también conllevará mejoras en la coordinación mediante adaptaciones neuromusculares y en el equilibrio”, afirma el Dr. Davis. “[Esto se logra] a través del entrenamiento de la propiocepción, que consiste en saber dónde se encuentra el cuerpo en el espacio”.

    En esencia, al caminar hacia adelante, dependemos del sentido propioceptivo natural de nuestro cuerpo. “Nuestras articulaciones y músculos están diseñados para optimizar el movimiento hacia adelante, y nuestro sistema visual está diseñado para ver hacia adelante, no hacia atrás”, explica el Dr. Davis. Por lo tanto, cuando no podemos ver hacia dónde vamos, los músculos estabilizadores más pequeños de nuestro cuerpo —como los de los tobillos, las rodillas y las caderas— se activan para ayudarnos a mantener el equilibrio y el control.

    Además de las mejoras generales en el equilibrio y la estabilidad, el Dr. Davis afirma: “Esto puede ser importante para mejorar el rendimiento deportivo y prevenir caídas”.

    3. Caminar hacia atrás quema más calorías

    “Estamos acostumbrados a caminar hacia adelante tanto por costumbre como por razones biomecánicas”, explica el Dr. Davis. “Si bien podemos caminar o correr hacia atrás, nuestra anatomía nos dificulta mucho más el proceso”.

    Esta mayor exigencia implica un entrenamiento más intenso. El Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM, por sus siglas en inglés) utiliza el término equivalente metabólico de una tarea (MET, por sus siglas en inglés) para estimar la intensidad del ejercicio y la quema de calorías. Según el ACSM, una caminata moderada equivale a 3,5 MET, y caminar hacia atrás a 6 MET. Esto sugiere que caminar hacia atrás puede quemar hasta el doble de calorías.

    4. Caminar hacia atrás mejora la salud del corazón

    El mayor esfuerzo físico que supone caminar hacia atrás también es excelente para la salud del corazón.

    Un estudio de 2023 publicado en Health Science Reports monitoreó a participantes que pasaron al menos 15 minutos caminando hacia atrás en una cinta de correr cuatro veces por semana. Después de 12 semanas, en comparación con las personas que caminaban hacia adelante, los participantes que caminaban hacia atrás experimentaron:

    • Mayores respuestas de consumo de oxígeno (VO2), una medida de aptitud cardiovascular.
    • Mejora de los niveles de presión arterial
    • Reducción de la inflamación sistémica, que está relacionada con las enfermedades cardiovasculares.

    5. Caminar hacia atrás también es un ejercicio cognitivo

    “Parte de la dificultad de caminar hacia atrás radica en que no estamos acostumbrados a hacerlo”, explica el Dr. Davis. “Al principio, requerirá tanto esfuerzo mental como físico”.

    Al igual que uno tiene que reaprender a caminar después de una lesión, el Dr. Davis afirma que caminar hacia atrás supone un reto similar. “Aprender cosas nuevas y estimular el cerebro es beneficioso para nuestra salud cognitiva, por lo que caminar hacia atrás puede aportar mejoras tanto físicas como cognitivas”.

    Si bien la investigación continúa, UCLA Health informa que varios estudios demuestran que caminar hacia atrás aumenta la actividad en la parte del cerebro responsable de la resolución de problemas y la toma de decisiones. De hecho, un estudio de 2019 publicado en Cognition descubrió que caminar hacia atrás incluso podría mejorar la memoria a corto plazo.

    6. Caminar hacia atrás favorece la salud de las articulaciones

    La investigación publicada en Health Science Reports señala otra gran ventaja de caminar hacia atrás: reduce considerablemente la presión sobre las articulaciones. La forma en que nuestros músculos se activan al mover las articulaciones en sentido inverso ayuda a absorber el impacto, a la vez que fortalece los músculos estabilizadores para una mejor salud articular a largo plazo. Caminar hacia atrás también mejora la flexibilidad articular, según un artículo del Journal of Clinical and Diagnostic Research.

    El Dr. Davis afirma que caminar hacia atrás también puede ser un ejercicio beneficioso para las personas que padecen dolor articular. “En ciertos casos, esto puede aliviar la presión sobre la articulación al modificar los patrones de fuerza y ​​mejorar la fuerza y ​​el control muscular”.

    7. Caminar hacia atrás puede aliviar el dolor lumbar

    Caminar hacia atrás también fortalece los músculos abdominales. Al desafiar nuestro equilibrio y coordinación, esta actividad obliga a activar los músculos abdominales, en particular los músculos profundos de la columna que sostienen la zona lumbar, según un estudio de 2022 publicado en el Asian Pacific Journal of Health Sciences. Esta actividad aumenta el rango de movimiento de los músculos lumbares, reduciendo significativamente el dolor de espalda baja en los participantes del estudio.

    Cómo empezar a caminar hacia atrás de forma segura

    ¿Otra razón para empezar a caminar hacia atrás? Es un ejercicio sencillo que casi cualquiera puede hacer, lo que lo convierte en una excelente manera de comenzar una nueva rutina de ejercicios. O si ya tiene un programa de ejercicios, este movimiento novedoso supondrá un reto para la mayoría de las personas, afirma el Dr. Davis, siempre y cuando puedan hacerlo de forma segura.

    Recomienda empezar en un entorno controlado, como una cinta de correr con apoyabrazos o una superficie plana con una barra de agarre cerca. También puede pedirle a un amigo que te ayude; asegúrese de usar un área abierta y plana, libre de obstáculos.

    Asegúrese de empezar despacio. Por ejemplo, no espere caminar hacia atrás tan rápido como hacia adelante. “Es importante no progresar demasiado rápido ni en un entorno peligroso, ya que caminar hacia atrás puede suponer un riesgo de caída”, explica el Dr. Davis. Esto podría significar incorporar caminar hacia atrás a su calentamiento o enfriamiento, o empezar con caminatas cortas e ir aumentando la intensidad a medida que se sienta más cómodo.

    Precauciones y quiénes deben evitarlo

    “Todos pueden beneficiarse, pero no todos pueden hacerlo de forma segura”, explica el Dr. Davis. “Si usted padece lesiones o problemas neurológicos que comprometen gravemente su equilibrio y coordinación, caminar hacia atrás puede suponer un alto riesgo de caídas”.

    Eso no significa que deba evitar caminar hacia atrás por completo. Simplemente es importante hacerlo bajo la supervisión de un profesional de la salud, como un fisioterapeuta, explica el Dr. Davis.

    En muchos casos, caminar hacia atrás es un ejercicio eficaz para personas que se recuperan de una lesión, y una investigación de 2023 publicada en Multiple Sclerosis and Related Disorders destaca su efecto positivo en el equilibrio, la marcha y la movilidad en personas con enfermedades neurológicas.

    Pero sea cual sea su situación, manténgase a salvo y aproveche al máximo los beneficios de caminar hacia atrás siguiendo estas reglas de oro:

    • Use calzado adecuado.
    • Manténgase atento al entorno.
    • Evite terrenos irregulares, espacios concurridos y áreas con posibles obstáculos.
    • Comience despacio, con pasos pequeños y controlados.
    • Mantenga una buena postura.
    • Si sufre alguna lesión, consulte primero a su médico.
  • Decisiones complejas: ¿cuánto más rápido, mejor?

    Decisiones complejas: ¿cuánto más rápido, mejor?

    En algunas decisiones difíciles, un menor tiempo de reflexión se asocia con una mayor calidad de las decisiones.

    Universidad Ludwig-Maximilians de Múnich (LMU) y Universidad de Bonn

    En ajedrez, las decisiones más rápidas suelen ser las de mayor calidad. Esta es la conclusión de un equipo de investigadores de la LMU y científicos de la Universidad Erasmus de Róterdam y la UniDistance Suisse. ¿Y en la vida?

    Para lo primero, los expertos se basaronn en datos de partidas profesionales de ese juego, donde investigaron la relación entre el tiempo empleado para tomar una decisión estratégica compleja y la calidad de dicha decisión.

    El profesor Uwe Sunde y sus colegas creen que los resultados de su investigación indican que el tiempo de decisión refleja la dificultad –percibida subjetivamente– del problema, la cual puede variar según la situación.

    El experto razona que tomarse más tiempo para tomar una decisión puede resultar en una decisión mejor meditada, que es lo que suele pensarse como lo mejor. Sin embargo, también puede indicar que la pregunta que requiere respuesta se percibe como más difícil, lo que podría estar asociado con una menor calidad de la decisión.

    “Con este estudio, hemos podido demostrar que, si se mantiene constante la dificultad objetivamente medible de la decisión, quien reflexiona durante más tiempo tomará peores decisiones”, afirma el investigador.

    Una persona que reflexiona sobre un asunto durante más tiempo puede percibir, como se dijo, un mayor nivel de complejidad. Por el contrario, un menor tiempo de toma de decisiones podría indicar que el jugador tiene una fuerte intuición, es decir, un sentido innato de cuál es la mejor opción.

    Lo anterior “es lo que distingue a los humanos de las máquinas: los humanos suelen reconocer qué es bueno y qué no lo es en una situación”. Por ello, “si una persona no logra comprender la situación rápidamente, le resulta difícil seguir analizando el problema racionalmente”, explica Sunde.

    Correlación entre velocidad y calidad

    Como economista conductual, Uwe Sunde está interesado en explorar cómo las personas toman decisiones. “Anteriormente, la mayoría de los estudios sobre el tiempo y la calidad de las decisiones han analizado decisiones relativamente simples, frecuentemente con estudiantes en entornos de laboratorio estandarizados”, explica Sunde. “En nuestra investigación, cuando examinamos decisiones reales fuera del laboratorio, a menudo tenemos que basarnos en observaciones que no son estrictamente comparables”.

    En colaboración con su equipo de coautores, el economista halló una forma alternativa de analizar decisiones estratégicas complejas: analizaron los movimientos individuales de los jugadores en torneos profesionales de ajedrez. Midieron el tiempo que tardaban en tomar sus decisiones y compararon el resultado con los parámetros de referencia establecidos por los programas de ajedrez para obtener una evaluación objetiva de la calidad. Los investigadores compararon las decisiones que un jugador tomaba en diferentes configuraciones del tablero contra el mismo oponente.

    Las “otras” decisiones

    No obstante, la gente no vive la vida como si fuera un juego de ajedrez donde en cada movimiento puede jugarse el destino final. Las opciones suelen ser, o verse, como menos trascendentes.

    Por ejemplo: ¿Darse un capricho o ahorrar para unas vacaciones inolvidables? ¿Relajarse en el sofá o hacer ejercicio? ¿Comerse una tableta entera de chocolate o guardar algo para después? En estas decisiones se presenta un dilema entre la necesidad de gratificación inmediata frente a un deseo a largo plazo. Lo que sabemos que el comportamiento de las personas es muy individual en este sentido, y también parecen existir diferencias entre culturas.

    Justamente, para comprender mejor este tipo de decisiones, psicólogos de la Universidad de Bonn, también en Alemania, colaboran con investigadores de 77 países en un estudio en línea de gran envergadura: se encuestará a unas 15 000 personas hasta el 18 de agosto de 2026.

    ¿Correcto e incorrecto?

    Cuando sopesamos las consecuencias a corto y largo plazo, tomamos lo que se conoce como “decisiones intertemporales” (esto es que una de las partes de lo que se decide no está o no ocurre en un momento inmediato). “Estas decisiones dan forma a nuestra vida cotidiana”, afirma el Dr. Kristof Keidel, coordinador del estudio y miembro del Departamento de Psicología de la Universidad de Bonn.

    En la actualidad, la tendencia al consumo inmediato, incluso, se ha inmortalizado en el himno del rock “Lo quiero todo, lo quiero ya”. Sin embargo, en muchos casos, las mayores ventajas solo se hacen evidentes tras un periodo de tiempo más prolongado. Las decisiones intertemporales, y el sacrificio que conllevan, son la base de las grandes compras, la salud y la sostenibilidad.

    “Aquí no hay decisiones correctas ni incorrectas”, subraya Keidel. “Se trata simplemente de preferencias personales, que, naturalmente, también están influenciadas por la situación”. Cuando los recursos son limitados, puede ser incluso mejor optar por la recompensa menor de inmediato, ya que no está claro si quedará algo mañana. Además, estas decisiones suelen depender del estado de ánimo: quienes buscan comodidad son más propensos a optar por el consumo inmediato que quienes tienen una visión optimista del futuro.

    No obstante, además de las preferencias individuales, los hallazgos de estudios previos indican que el comportamiento en la toma de decisiones intertemporales también puede variar entre países y culturas. ¿Una conclusión clara e importante? No confundir la impulsividad o los apetitos con la intuición, pero darse cuenta, también, de que darle demasiadas vueltas a las cosas trascendentes puede ser un obstáculo.

  • Adiós, Romeo y Julieta. ¿Está la tecnología digital acabando con el amor tradicional?

    Adiós, Romeo y Julieta. ¿Está la tecnología digital acabando con el amor tradicional?

    Mientras más utilizan las personas las plataformas de citas y pornografía de forma adictiva, menos valoran el amor.

    El uso de aplicaciones de citas y sitios web de pornografía ha crecido rápidamente en los últimos años, lo que podría derivar en una adicción y, potencialmente, socavar las creencias tradicionales sobre el romance y el amor verdadero.

    Para profundizar en el tema, expertos internacionales encuestaron a 664 usuarios de aplicaciones de citas y pornografía en línea para evaluar sus opiniones sobre el amor y el valor existencial que le otorgan, según explica el Dr. Reza Shabahang, investigador de psicología de la Universidad de Flinders, en Australia, uno de los autores dela investigación.

    Problemas previos

    “Ya sabemos que el uso excesivo (casi adictivo) de aplicaciones de citas y pornografía está relacionado con problemas como la ansiedad, la depresión, los malos hábitos alimenticios y la dificultad para controlar el comportamiento sexual”, afirma Shabahang.

    “Algunos usuarios incluso pueden sentirse aburridos o inquietos cuando no utilizan constantemente estas plataformas”, afirma.

    “Queríamos saber —agrega— si el uso adictivo de aplicaciones de citas y pornografía influye en cómo las personas perciben el amor romántico. Es decir: ¿siguen considerándolo significativo, más valioso que el dinero y digno de fidelidad?”.

    ¿Y de qué manera “afecta esto a nuestra forma de ver el amor y al valor existencial que le atribuimos?”.

    El amor visto como menos significativo

    La profesora asociada Ágnes Zsila, psicóloga y coautora húngara, afirma que los resultados mostraron que cuanto más utilizaban las personas estas plataformas de forma adictiva, menos valoraban el amor.

    “Tenían más probabilidades de ver el amor como algo sin sentido, de creer que solo funciona cuando hay dinero de por medio y de entrar y salir rápidamente de las relaciones”, dice Zsila.

    “Creemos que las desventajas de estas plataformas son parte de la solución. Por ejemplo, las aplicaciones de citas pueden abrumar a las personas con tantas opciones y hacer que se queden atrapadas en conversaciones superficiales”.

    La pornografía suele dar mayor importancia a la gratificación física que a la cercanía y la intimidad en las relaciones personales. Con el tiempo, este énfasis puede contribuir a que las relaciones se perciban principalmente como un medio para satisfacer necesidades sexuales, en lugar de como una fuente de conexión emocional más profunda.

    El uso consciente puede reducir los daños

    Sin embargo, Shabahang afirma que hubo un hallazgo esperanzador.

    “Las personas que usaban la tecnología de forma más consciente tenían menos probabilidades de volverse adictas y reportaban menos problemas con su percepción del amor”, afirma. En otras palabras, usar la tecnología, incluidas estas herramientas, con consciencia resulta beneficioso. “Por ejemplo, preguntándote por qué las usas y recordando que las experiencias en estas plataformas pueden ser diferentes a las de la vida fuera de línea”.

    Una advertencia para futuras relaciones

    Los resultados respaldan la necesidad de que los usuarios sean conscientes de los riesgos que pueden sufrir al utilizar estas tecnologías.

    “Creemos que esta simple toma de conciencia puede ayudar a sacar el máximo provecho de la tecnología al tiempo que te proteges de sus daños”, añade Demetrovics, director del Instituto Flinders para la Salud Mental y el Bienestar.

    “La sociedad y las generaciones futuras todavía necesitan historias románticas que merezcan ser contadas, y la tecnología no debe ser un obstáculo para ello”.

    El trabajo se realizó en grupo ​​con el profesor Zsolt Demetrovics de la Universidad de Flinders, la profesora asociada Ágnes Zsila de la Universidad ELTE Eötvös Loránd, en Hungría, y otros expertos en psicología y comportamiento humano en la era digital.

  • La felicidad tiene más de dos ojos

    La felicidad tiene más de dos ojos

    Encontrar el contento en la vida real supone aprender que hay más de una perspectiva correcta tanto en los conflictos como en las soluciones.

    Mundo Ingenio

    Está bien documentado que, cada vez que nos sentimos particularmente estresados o exhaustos, solemos tener pensamientos negativos y pesimistas. Nuestro organismo se tensa y nuestra visión mental se reduce. Desarrollamos sentimientos de desesperación y sentimos que no podemos lidiar con las situaciones, lo que termina volviéndose realidad. Muchas veces nos sentimos arrojados, así, a una vida de infelicidad.

    Un consuelo que suelen ofrecernos es decir que tal infelicidad no es más que otro nombre para el realismo. ¿Pero qué tiene de realista esperar siempre desenlaces negativos o sentirse impotente frente a todo? Al intentar mirar las cosas desde otra perspectiva, a menudo es posible cambiar nuestra realidad. Eso pasa porque no siempre son las situaciones, sino la forma en la que las interpretamos lo que afecta cómo funcionamos y nos sentimos. Y, como individuos, tenemos la capacidad de determinar cómo vemos una situación o a otra persona.

    Por ejemplo, hay investigaciones médicas que demostraron que, si se les dice a los pacientes que esperen efectos adversos durante un tratamiento, es más probable que los experimenten comparados con los pacientes a los que no se les advierte. Incluso, parece que, si a uno le dicen que tiene mayor riesgo de desarrollar una enfermedad, es más probable que la desarrolle en relación con las personas que tienen el mismo riesgo, pero a las que se les dice que su riesgo es menor.

    En otro estudio revelador, investigadores de Harvard les explicaron a 44 mucamas de hotel que su trabajo diario implicaba hacer ejercicio de verdad. Cuando se les hicieron análisis, un mes más tarde, se descubrió que se les había reducido la tensión arterial, habían bajado de peso y habían mejorado la proporción entre cintura y cadera sin haber hecho nada diferente. El solo hecho de pensar que estaban haciendo ejercicio regular fue el truco. Un grupo de control al que no se le dio esa información no mostró la misma mejora de la salud. Esa es una prueba más del poder de la mente. Sin embargo, ¿cada cuánto desafiamos nuestros pensamientos y actitudes? Estudios como el señalado demuestran que cambiar el pensamiento cambia nuestra experiencia.

    Refuerce lo positivo

    Si se da cuenta de que se inclina más a tener un pensamiento negativo que positivo, aquí tiene un ejercicio de disciplina mental simple pero efectivo que le dará una visión más positiva.

     Cada vez que se descubra pensando algo negativo o crítico, inviértalo y formule exactamente lo opuesto, luego repítalo una y otra vez en la cabeza. Haga eso, aunque escuche una voz interior que le diga que lo que piensa es ridículo o una mentira lisa y llana. Repetir cosas positivas permite que se asienten en el subconsciente, y desde ahí influyen tanto en sus puntos de vista como en su comportamiento. Acostúmbrese a practicar esta técnica todos los días para obtener más equilibrio en su pensamiento.

    Busque el lado bueno

    Cuando las cosas parezcan imposibles o malas, busque algo bueno en la situación. Encontrar algunos aspectos buenos en cualquier cosa con la que tenga que lidiar no significa negar la situación real, sino solamente llevar algo de equilibrio a circunstancias que lo hayan hecho sentir desequilibrado o agobiado. No es cuestión de engañarse a uno mismo respecto de los problemas o los estresores; más bien, se trata de disciplinarse para buscar formas de pensar en positivo, lo que a la larga lo fortalecerá, si lo mantiene activo en la búsqueda de soluciones.

    Es seguro que buscar lo positivo le hace la vida más fácil y feliz, por eso es crucial intentar modificar su manera de pensar si se volvió negativa por default. La negatividad no ayuda a nadie. Consume la energía. Paraliza. No lleva al éxito en las relaciones ni en nada que trate de hacer en la vida.

    Encontrar un balance en el pensamiento

    Podemos hacer algunos ejercicios para reconocer que hay diferentes formas de considerar una situación y también a entender que tener una mirada diferente puede dar lugar a un estado de ánimo tranquilizador o energizante. A continuación, uno de ellos.

    • Imagínese que vive en una casa en la que las ventanas del frente dan a una calle principal muy transitada, con mucho tráfico. El movimiento constante de autos y personas puede ser estimulante o molesto, pero esa vista no lo hará sentir en paz.

    • Luego, visualice las ventanas traseras de la casa, que dan a campos que se extienden a lo lejos, adonde las montañas se elevan para alcanzar el cielo; una vista tranquila, relajante.

    • Ahora imagínese que llega una visita. Si él o ella no pudieran ver la vista que hay de las ventanas traseras, asumirían que usted vive en un ambiente estresante. Pero si entraran por la parte de atrás de la casa y miraran por las ventanas traseras solamente, él o ella llegarían a la conclusión de que su entorno es pacífico y armonioso.

    Lo importante es que, aunque los dos puntos de vista son correctos, cada uno es, de hecho, solo una verdad a medias. Todo depende de las ventanas por las que decida mirar. ¿Cada cuánto pasa eso en nuestra vida? ¿Cada cuánto vemos nada más que una parte de la imagen, o un solo lado de la discusión? Esa imagen mental puede ayudarlo a modificar y equilibrar el pensamiento. Cuando las cosas se pongan difíciles o agobiantes, conjure la imagen de la casa con ventanas en dos orientaciones, luego tome la decisión consciente de visualizarse a usted mismo mirando por las ventanas que más lo ayudarán en el momento indicado. Siempre hay otra forma de ver las cosas. Cuando lo reconocemos, generalmente encontramos más recursos para enfrentar los problemas.

  • El espejo fiel de los otros

    El espejo fiel de los otros

    Cada vez que conocemos personas nuevas que nos simpatizan aparece un efecto paradojal, creemos que nos ven peor de lo que nosotros los vemos a ellas.

    Rodrigo Lara Serrano

    La culpa es de la palabra “metafísica”. La escuchamos y en nuestra mente aparecen asuntos tan inaccesibles como una planilla Excel que muestra el balance de una empresa transnacional china con sede en las islas Comores. Ahora, si le ponemos una lupa encima, la responsabilidad está en la parte que dice “meta”. Es un reflejo condicionado: no por nada algo parecido nos ocurre con “metabolismo” (que siempre es un embole) o metacrítica (¿una crítica de la crítica o qué?). Dicho lo anterior, tenemos que ser herejes y admitir que, unas pocas veces, el famoso “meta” puede resultar útil, como cuando nos los encontramos en “metapercepción”.

    ¿Qué es la metapercepción? Pues bien, la visión que tenemos acerca de la visión que tienen los demás sobre nosotros. En sencillo, cuando nos decimos “creo que le caí bien” o “me sonríe, pero no me quiere ver ni en pintura” la estamos usando. Los paranoicos son unos obsesivos al respecto. Y los enamorados, también. Aunque a estos últimos solo les interese enfocarla en una única persona en todo el universo.

    Para el resto de los que pertenecemos al vasto zoológico humano, nuestras vidas sociales se componen de manera importante en la variedad más común de meta-percepción ya mencionada: tratar de descubrir cómo nos ven otras personas. Es todo un tema, especialmente cuando recién conocemos a alguien, ¿piensan que somos aburridos o interesantes, egoístas o altruistas, apreciables o despreciables, atractivos o no?

    Brecha

    Pues bien, la noticia es que, como detectives principiantes en busca de sutiles pistas químicas o genéticas en la escena del crimen, pasamos por alto ese pañuelo con sus iniciales o aquella tarjeta de presentación que el “asesino” dejó a plena vista. Es lo que afirma una investigación dada a conocer, en septiembre pasado, en la revista Psychological Science de los EE.UU.

    “Nuestra investigación sugiere que estimar con precisión cuánto le gusta uno a un nuevo compañero/a de conversación —a pesar de que es una parte fundamental de la vida social y algo con lo que tenemos práctica amplia— se trata de una tarea mucho más difícil de lo que imaginamos”, explican Erica Boothby, investigadora postdoctoral en la Universidad de Cornell, y Gus Cooney, investigador postdoctoral en la Universidad de Harvard, que participaron en la investigación.

    “Llamamos a esto una ´brecha de gusto´ y puede obstaculizar nuestra capacidad para desarrollar nuevas relaciones”, agrega la coautora del estudio Margaret S. Clark, profesora de psicología en la Universidad de Yale.

    Llegar a esta conclusión no fue algo que hicieron en un abrir y cerrar de ojos. Para lograrlo, los citados Boothby, Cooney y Clark, junto con Gillian M. Sandstrom, profesor de psicología en la Universidad de Essex, examinaron varios aspectos de la llamada ´brecha de gusto  en una serie de cinco estudios.

    Cinco minutos

    En uno de ellos, los investigadores emparejaron a los participantes que no se habían visto antes y les pidieron que sostuvieran una conversación de cinco minutos con preguntas típicas para romper el hielo (por ejemplo, ¿de dónde eres?, ¿cuáles son tus aficiones?). Al final de la conversación, los participantes respondieron preguntas que evaluaban cuánto les gustaba su compañero de conversación y cuánto pensaban que le habían gustado.

    En promedio, las calificaciones mostraron que a los participantes se sentían más a gusto con su nuevo compañero de lo que pensaban que ellos mismos le gustaban al otro. Para los científicos esta disparidad en las calificaciones promedio sugiere que los participantes tendieron a cometer un error de estimación. De hecho, los análisis de las grabaciones de video mostraron que los participantes no tomaban en cuenta las señales de comportamiento de su interlocutor que indicaban interés y disfrute.

    Nada fugaz

    En un estudio separado, los participantes reflexionaron sobre las conversaciones que acababan de tener: de acuerdo con sus calificaciones, creían que los momentos más destacados que daban forma a los pensamientos de su interlocutor sobre ellos eran más negativos que los momentos que configuraron sus propios pensamientos sobre él.

    “Parecen estar demasiado absortos en sus propias preocupaciones sobre lo que deberían decir o dijeron para ver las señales de que los demás les caen bien, lo que los observadores de las conservaciones ven de inmediato”, señala Clark.

    Estudios adicionales mostraron que la diferencia de gusto surgió independientemente de si las personas tenían conversaciones más largas o tenían conversaciones en entornos del mundo real. Y, más importante todavía, un estudio entre compañeros reales de la universidad mostró que la brecha de gusto estaba lejos de ser fugaz, perdurando durante varios meses.

    El fenómeno es interesante porque contrasta con la creencia bien establecida de que generalmente nos vemos a nosotros mismos más positivamente que a los demás, sea que estemos pensando en nuestras habilidades para conducir, nuestra inteligencia o nuestra posibilidad de experimentar eventos negativos como enfermedad o divorcio.

    Autoprotección pesimista

    No obstante, la diferencia de percepción reseñada funciona de manera muy diferente. “Cuando se trata de interacción social y conversación, las personas a menudo dudan, no están seguras de la impresión que dejan sobre los demás y son demasiado críticas con su propio desempeño”, explican Boothby y Cooney. Aun así, “a la luz del gran optimismo de la gente en otros ámbitos, el pesimismo de la gente sobre sus conversaciones es sorprendente”.

    Para los investigadores la diferencia puede deberse al contexto en el que hacemos estas autoevaluaciones. Cuando hay otra persona involucrada, como un compañero de conversación, podemos ser más cautelosos y autocríticos que en situaciones en las que calificamos nuestras propias cualidades sin otra fuente de información.

    “Somos autoprotectores pesimistas y no queremos suponer que les gustamos a los otros antes de descubrir si esto es realmente cierto”, aventura Clark. Hay algo triste en la posibilidad de que este autocontrol pueda evitar mantener o iniciar relaciones con otras personas que realmente nos quieren o nos aprecian. “A medida que nos adentramos en un nuevo vecindario, construimos nuevas amistades o tratamos de impresionar a nuevos colegas, necesitamos saber qué piensan los demás de nosotros”, explican Boothby y Cooney. Por ello, “cualquier error sistemático que hagamos podría tener un gran impacto en nuestra vida personal y profesional”.

    Queda flotando una pregunta. ¿Tal “pesimismo” es una manera humana universal de ser o el resultado de un entorno socio-cultural de esta época que presenta a las personas como seres esencialmente hedonistas, híperindividualistas y competitivas? Si quieren, lo conversamos.

  • Duérmete adulto, duérmete ya, que la batería del celu se agotará…

    Duérmete adulto, duérmete ya, que la batería del celu se agotará…

    A medida que una la epidemia de mal dormir se extiende por el planeta, científicos descubren efectos nocivos inesperados. Por ejemplo, la falta de sueño incrementa la soledad y el miedo social.

    Rodrigo Lara Serrano

    Supongamos que no realizar una actividad —que no requiere ningún esfuerzo físico ni mental — lo predispusiera a sufrir obesidad, depresión, enfermedad de Alzheimer, accidentes cerebrovasculares, diabetes, ataques cardíacos y cáncer. Y que llevarla a cabo fuera una fuente de la juventud, mejorando su aspecto, mente y órganos.

                  ¿Usted se negaría a realizarla?

                  ¿No?, ¿entonces por qué no duerme ocho horas diarias?

    25 minutos menos

    Los leones y los tigres se entregan al sueño 15 horas al día. Los murciélagos marrones duermen durante 19 horas. Los abuelos de todos nosotros estaban entre las sábanas 9 horas cuando no eran todavía abuelos. Es cierto, ninguno de ellos tenía whatsapp ni estaba suscrito a una empresa que ofrece soñar despierto mirando historias seriadas en una pantalla gigante o en una laptop. Lo cual tiene un precio concreto.

                  “Las personas con acceso DSL (a Internet) tienden a dormir 25 minutos menos que sus contrapartes sin Internet DSL”. Además, “son significativamente menos propensos a dormir entre 7 y 9 horas, la cantidad recomendada por la comunidad científica, y es menos probable que estén satisfechos con su sueño”, dice sobre el tema, Francesco Billari, profesor titular de Demografía en la Universidad Bocconi de Milán.

    Desatención tentadora

    Sucede que “las tentaciones digitales pueden llevar a un retraso en la hora de acostarse, lo que finalmente disminuye la duración del sueño para las personas que no pueden compensar la hora de dormir perdidas despertando más tarde en la mañana”, agrega. La evidencia existente muestra que la forma de las “tentaciones” tiende a variar según la edad. Adolescentes y adultos jóvenes (de 13-30 años) muestran una asociación significativa entre la falta de sueño y el tiempo dedicado a juegos de computadora o quedarse viendo televisión o videos por la noche. En el caso de los adultos mayores (31-59) la correlación se verifica con el uso de la PC y los teléfonos inteligentes.

    Azul, peor

    Para los más jóvenes los efectos pueden ser peores. Con sus cerebros, patrones de sueño y ojos todavía en desarrollo, los niños y adolescentes son más vulnerables a los efectos perturbadores del tiempo frente a las pantallas. Esto hace que los niños sean más sensibles que los adultos al impacto de la luz en el reloj corporal interno.

    “La luz es el cronometrador principal de nuestro reloj cerebral”, dice Monique LeBourgeois, profesora asociada en el Departamento de Fisiología Integrativa en la Universidad de Colorado en Boulder, quien explica que, cuando la luz llega a la retina en el ojo, en horas de la noche, ordena al sistema circadiano suprimir la hormona promotora del sueño, la melatonina. De esa manera retrasa la somnolencia y mueve hacia atrás las agujas del reloj biológico. Por si fuera poco, “sabemos que las personas más jóvenes tienen pupilas más grandes, y sus córneas son más transparentes, por lo que su exposición y sensibilidad a esa luz es aún mayor que en las personas mayores”.

    Un estudio reciente encontró que cuando los adultos y los niños en edad escolar estaban expuestos a la misma cantidad e intensidad de luz, los niveles de melatonina de los niños cayeron el doble. Los estudios también han demostrado que la “luz azul” de onda corta, omnipresente en la electrónica de mano, es particularmente potente para suprimir la melatonina. “A través de los ojos jóvenes de un niño, la exposición a una pantalla azul brillante en las horas previas a la hora de acostarse es la tormenta perfecta para el sueño y la interrupción circadiana”, agrega LeBourgeois.

    Saboteo en marcha

    No es algo sobre lo que pueda haber duda alguna. La evidencia es abrumadora: el 90 por ciento de más de cinco docenas de estudios, de todo el mundo, que han analizado jóvenes de entre 5 y 17 años, muestran que el tiempo de pantalla se asocia con retrasos en la hora de acostarse, menos horas de sueño y peor calidad del sueño.  

    La situación puede agravarse porque la “estimulación psicológica” de los medios digitales, ya sea exposición a medios violentos o mensajes de texto con amigos, también puede sabotear el sueño al aumentar la excitación cognitiva.

    Para colmo, los niños y adolescentes que dejan su teléfono o computadora durante la noche en su habitación tienen muchas más probabilidades de tener problemas para dormir. Con más del 75 por ciento de los jóvenes de los países desarrollados con algún tipo de medio de comunicación basado en pantallas en sus dormitorios, un 60 por ciento interactuando con ellos en la hora previa a acostarse, y el 45 por ciento utilizando sus teléfonos como una alarma, tenemos a la mitad de una generación humana poniendo en riesgo su salud.

    Cada vez más

    Y se trata de una tendencia en ascenso. Un informe reciente de Commonsense Media mostró que el uso de dispositivos móviles se ha triplicado entre los niños pequeños desde 2011, con niños menores de 8 años que los usan 48 minutos por día y muchos padres que incorporan medios digitales a la rutina de la hora de acostarse.

    “Los años preescolares son un momento muy sensible de desarrollo durante el cual el uso de los medios digitales se está volviendo cada vez más penetrante”, dice. Sobre sus efectos, “hay muchas cosas que no sabemos”.

    Sueño y plasticidad

    Una cosa que sí sabemos y la cual sólo en estos últimos tiempos se ha comprobado, es cómo el sueño contribuye a la plasticidad cerebral; esto es, la capacidad del cerebro para cambiar y reorganizarse.  Ello gracias a que investigadores de las Universidades Humboldt y Charité (la universidad clínica más grande de Europa) en Berlín, Alemania, utilizaron técnicas de vanguardia para registrar la actividad en una región particular de células cerebrales que es responsable de mantener e instalar nueva información: las dendritas.

    Un estudio, dirigido por la Dra. Julie Seibt de la Universidad de Surrey, descubrió que la actividad en las dendritas aumenta cuando dormimos, y que este aumento está relacionado con ondas cerebrales específicas que se consideran clave para la forma en que formamos recuerdos. Las dendritas son esos “pelos” enmarañados que salen de las cabezas de las neuronas y funcionan como receptores de impulsos nerviosos provenientes desde un axón (la cola) perteneciente a otra neurona.

    Seibt, que también es profesora de Sueño y Plasticidad en la Universidad de Surrey, dice: “Cada vez es más claro que el sueño juega un papel importante en estos cambios adaptativos (del cerebro). Nuestro estudio nos dice que una gran proporción de estos cambios pueden ocurrir durante ondas cerebrales muy cortas y repetitivas llamadas husos.

    Tales ondas cerebrales fueron bautizadas de esa manera debido a su aspecto cuando se imprime en papel una lectura de un EEG (Electro Encéfalograma). “Los husos de sueño se han asociado con la formación de memoria en humanos durante bastante tiempo, pero nadie sabía cómo lo hacían en el cerebro. Ahora sabemos qué durante su aparición, se activan vías específicas en las dendritas, lo que permite que nuestros recuerdos se refuercen durante el sueño”. Por ello, “en el futuro cercano, las técnicas que permiten la estimulación cerebral, como la estimulación magnética transcraneal (TMS), podrían usarse para estimular las dendritas con el mismo rango de frecuencias que los husos. Esto podría mejorar las funciones cognitivas en pacientes con trastornos de aprendizaje y memoria, como la demencia”.

    Peligro de aislamiento social

    Pero, antes que eso, para quitarle posibilidades a la demencia, quizás sería mejor dormir bien por otra razón muy poderosa: no hacerlo potencia la soledad y deteriora los lazos sociales. Y no porque estemos tan cansados que lo único que queramos es irnos a dormir.

    Es lo que afirman Eti Ben Simon y Matthew P. Walker del Centro para la Ciencia del Sueño Humano, en el Departamento de Psicología, de la Universidad de California.

    Según ellos, “la falta de sueño, tanto la privación total del sueño como reducciones más modestas observadas en el mundo real en la calidad del sueño, conducen a un perfil conductual de aislamiento social y soledad”, afirman. Lo interesante es que, en apariencia, han encontrado el mecanismo neuronal subyacente de este efecto social de la falta de sueño, el cual “implica hipersensibilidad en las regiones cerebrales que advierten del acercamiento (físico) humano: una señal de repulsión social, pero también un deterioro en las regiones que fomentan la comprensión de la intención de otro, una señal prosocial”, dicen.

    La soledad no duerme

    Y no es una idea, sino una comprobación. ¿Cómo lo hicieron? Primero, a un total de 1.033 personas a las que se les dijo que eran “jueces en línea” (con una edad media de 35,4 años, 52% mujeres), que no conocían el propósito del experimento y su condición de participantes se les mostraron videos de personas entrevistadas (en el mismo laboratorio), diciéndoles que debían calificar “a estos participantes en una serie de categorías sociales. Segundo, a los propios jueces se les preguntó si se sentían más solos como consecuencia de haberse comprometido en la observación del participante en cada video”.

    Eran cuatro videos cortos provenientes de la misma encuesta y debían calificar cada uno de ellos. “Los videos en línea tenían una duración suficiente como para producir cambios apreciables en la dinámica social interpersonal”, rememoran los expertos.

    Y en Argentina…

    En cuanto a Argentina, una investigación llevada a cabo por el doctor en ciencias fisiológicas e investigador de UCA y Conicet, Daniel Vigo, reveló, previo a la pandemia, que el 15 por ciento duerme menos de 6 horas y un 20 % padece somnolencia diurna. Y que estás cifras se agudizan al bajar en la escala socioeconómica.

    Un trabajo previo, realizado por la consultora Poliarquía había indicado que un sorprendente 51 por ciento de la población decía dormir seis horas o menos por día (y un 7 por ciento del total, incluido en el 51por ciento, menos de cuatro horas). En busca de tener datos más precisos, en estos momentos (y desde hace más de un año) el Laboratorio de Cronobiología de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQui) investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET),  mantiene abierta una encuesta online (http://www.cronoargentina.com/) que busca llegar a decenas de miles de personas. Y generar así una “fotografía” más precisa de los problemas de falta de sueño en el país.

    Porque la relación entre menos tiempo o peor calidad de sueño y mayor soledad social, se trata de una relación de refuerzo mutuo: se duerme menos/peor, se socializa menos y viceversa. Obviamente, elementos como la salud, el nivel de ingresos y la posición social matizan, mejorando o empeorando la combinación.

    Aunque estas son malas noticias, no deja de ser, por otra parte, esperanzador y revelador, que aún en nuestro momento más íntimo y solitario, el dormir, sigamos siendo animales o seres sociales. Porque descansar no sólo nos hace reponer fuerzas y reparar nuestros cuerpos, sino que también nos predispone al compartir y generar bienestar con los demás.