Etiqueta: reserva cognitiva

  • Siete juegos mentales para  mantener el cerebro activo

    Siete juegos mentales para mantener el cerebro activo

    Crucigramas, rompecabezas, acertijos y desafíos visuales son mucho más que entretenimientos. Estas actividades ejercitan la memoria, la atención y el razonamiento, y pueden contribuir a un envejecimiento cognitivo saludable.

    Ingenio

    Resolver un crucigrama, descubrir una figura escondida o encontrar la solución de un problema matemático puede parecer una simple manera de pasar el tiempo. Sin embargo, detrás de estas actividades se ponen en marcha numerosas funciones cerebrales: recuperar recuerdos, interpretar información, establecer relaciones, mantener la concentración y elegir entre distintas posibilidades.

    Los científicos denominan estimulación cognitiva a las actividades que ponen en funcionamiento estas capacidades. Cuando los ejercicios están organizados para desarrollar habilidades específicas, con una dificultad progresiva, también se habla de entrenamiento cognitivo.

    En los últimos años, investigaciones realizadas en Estados Unidos, Europa y otros países han encontrado que determinados programas de entrenamiento mental pueden mejorar funciones como la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento. Pero también han puesto de manifiesto una limitación importante: mejorar el rendimiento en un juego no significa necesariamente mejorar todas las capacidades mentales ni prevenir la enfermedad de Alzheimer.

    Una revisión científica publicada en 2025, que reunió resultados de numerosos estudios anteriores, encontró beneficios del entrenamiento cognitivo, aunque señaló que todavía faltan investigaciones de mayor calidad sobre su impacto en las actividades cotidianas y sus efectos a largo plazo. Acá, siete posibilidades para mantener nuestra mente en buenas condiciones.

    1. Palabras cruzadas: recuperar lo que sabemos

    Los crucigramas son uno de los pasatiempos más estudiados por los investigadores de la salud cerebral. Resolverlos exige comprender definiciones, recuperar palabras almacenadas en la memoria, reconocer relaciones entre conceptos y mantener la atención mientras se completan las casillas.

    En 2022, investigadores de las universidades de Columbia y Duke, en Estados Unidos, publicaron en NEJM Evidence un ensayo clínico con 107 adultos que presentaban deterioro cognitivo leve. Durante 78 semanas compararon los resultados de quienes resolvían crucigramas digitales con los de participantes que utilizaban otros juegos cognitivos informatizados.

    Los crucigramas obtuvieron mejores resultados en la principal prueba de rendimiento cognitivo empleada. También se observaron diferencias favorables en algunas mediciones funcionales y cerebrales. Sin embargo, el estudio fue relativamente pequeño y no incluyó un grupo sin entrenamiento, por lo que sus conclusiones necesitan confirmación.

    Cómo practicarlo: elija crucigramas que exijan cierto esfuerzo, pero que pueda resolver sin frustrarse. Cuando resulten demasiado sencillos, aumente gradualmente la dificultad. También puede alternar crucigramas temáticos, tradicionales y con definiciones más complejas.

    2. Rompecabezas: entrenar la percepción espacial

    Armar un rompecabezas obliga al cerebro a reconocer formas, distinguir colores, identificar patrones y comprender cómo encajan distintas partes de una imagen.

    Durante la actividad intervienen especialmente las habilidades visuoespaciales, que permiten interpretar la posición de los objetos y sus relaciones. También utilizamos la memoria de trabajo para recordar qué piezas hemos probado y la planificación para decidir cómo continuar.

    Algunos estudios han encontrado asociaciones entre la experiencia resolviendo rompecabezas y un mejor rendimiento visuoespacial. Sin embargo, los ensayos disponibles no permiten asegurar que esta actividad, por sí sola, mejore la capacidad cognitiva general o prevenga enfermedades neurodegenerativas.

    Cómo practicarlo: comience con un rompecabezas de dificultad moderada. En lugar de limitarse a ordenar las piezas por colores, intente reconocer estructuras, bordes y detalles. Cuando domines el procedimiento, elija imágenes con menos diferencias visuales o con mayor cantidad de piezas.

    3. Adivinanzas y acertijos: pensar de otra manera

    Las adivinanzas y los acertijos requieren buscar relaciones que no siempre resultan evidentes. En muchos casos, la dificultad no consiste en recordar un dato, sino en abandonar una interpretación inicial para encontrar otra solución posible.

    Este tipo de desafío pone en juego el razonamiento, la flexibilidad cognitiva y el control de respuestas impulsivas. Esas capacidades forman parte de las llamadas funciones ejecutivas, que intervienen cuando debemos planificar, cambiar de estrategia o resolver situaciones novedosas.

    Aunque no existen pruebas sólidas de que resolver adivinanzas reduzca el riesgo de demencia, los ejercicios de razonamiento forman parte de diversos programas de entrenamiento cognitivo que han mostrado beneficios específicos.

    Cómo practicarlo: busque acertijos de lógica, problemas de pensamiento lateral o adivinanzas que admitan una única respuesta razonada. Antes de consultar la solución, intente explicar por qué las primeras respuestas que imaginó podrían ser incorrectas. El verdadero desafío consiste en revisar las propias ideas y descubrir caminos alternativos.

    4. Desafíos matemáticos: mantener activo el razonamiento

    No hace falta resolver ecuaciones difíciles para ejercitar las habilidades numéricas. Los cálculos mentales, las series de números y los problemas de lógica matemática exigen concentración, memoria de trabajo y capacidad para establecer relaciones.

    La memoria de trabajo es especialmente importante porque permite conservar temporalmente información mientras la utilizamos. Por ejemplo, cuando calculamos un descuento sin escribir las operaciones o intentamos descubrir qué número continúa una secuencia.

    Los programas de entrenamiento cognitivo que incorporan ejercicios de razonamiento y memoria de trabajo han mostrado mejoras en determinadas pruebas, aunque no siempre se trasladan a otras habilidades o situaciones cotidianas.

    Cómo practicarlo: dedique unos minutos a resolver series numéricas, sudokus o problemas aritméticos sin calculadora. Alterne operaciones conocidas con desafíos nuevos. Lo importante no es resolver todo rápidamente, sino encontrar estrategias, comprobar resultados y comprender los errores.

    5. Juegos visuales: descubrir lo que se nos escapa

    Encontrar diferencias entre dos imágenes, descubrir objetos ocultos o identificar una figura que no corresponde a una secuencia son ejercicios que requieren observar con atención y seleccionar información visual relevante.

    Estas actividades utilizan la atención selectiva, que permite concentrarse en determinados estímulos mientras se ignoran otros. También pueden involucrar la memoria visual y la velocidad de procesamiento.

    Precisamente, la velocidad de procesamiento constituye una de las áreas más interesantes de la investigación reciente sobre entrenamiento cognitivo.

    En febrero de 2026 se publicaron resultados de un seguimiento de hasta veinte años del estudio estadounidense ACTIVE. Los participantes que habían completado un entrenamiento específico de velocidad de procesamiento visual, acompañado de sesiones de refuerzo, presentaron una menor incidencia de diagnósticos de demencia que el grupo de control.

    El hallazgo es prometedor, pero es importante aclarar que se utilizó un programa informático estructurado, con tareas progresivas de identificación visual y atención dividida. No se ha demostrado que cualquier juego de observación produzca el mismo beneficio.

    Cómo practicarlo: busque imágenes con diferencias, objetos escondidos o secuencias visuales. Comience sin límite de tiempo y, cuando le resulte cómodo, intente resolverlas algo más rápido sin sacrificar la precisión.

    6. Juegos de memoria: recordar sin mirar

    Los juegos en los que debemos memorizar cartas, figuras, palabras o posiciones utilizan distintos sistemas de memoria.

    Uno de los más conocidos consiste en colocar varias tarjetas boca abajo y encontrar sus parejas. Para conseguirlo, hay que recordar la ubicación de las imágenes observadas previamente y actualizar esa información después de cada intento.

    También pueden practicarse desafíos verbales, como memorizar una lista breve de palabras y recuperarlas unos minutos después.

    Las investigaciones muestran que el entrenamiento de memoria puede mejorar el desempeño en tareas similares a las practicadas. Sin embargo, los resultados sobre su transferencia a la memoria cotidiana son variables, y no existe evidencia suficiente para afirmar que estos juegos eviten la aparición de demencia.

    Cómo practicarlo: observá durante un minuto seis u ocho objetos diferentes. Cúbralos e intente recordar cuáles eran y en qué posición estaban. Después aumente gradualmente la cantidad de elementos o el tiempo transcurrido antes de recordarlos.

    Para introducir una dificultad adicional, pruebe agrupar los objetos por categorías o inventar una pequeña historia que los relacione.

    7. Juegos de estrategia: anticipar y tomar decisiones

    El ajedrez, las damas y determinados juegos de mesa obligan a evaluar posibilidades, anticipar consecuencias, recordar reglas y modificar decisiones según lo que haga el adversario.

    Estas actividades combinan atención, razonamiento, planificación y flexibilidad mental. Cuando se practican con otras personas, incorporan además interacción social y comunicación.

    Un estudio publicado en JAMA Network Open en 2023 analizó información de 10.318 adultos mayores australianos. Encontró que quienes participaban con mayor frecuencia en actividades mentales activas, como juegos, ajedrez, crucigramas y rompecabezas, presentaban un menor riesgo de desarrollar demencia durante el seguimiento.

    No obstante, se trató de un estudio observacional. Esto significa que identificó una asociación, pero no pudo demostrar que los juegos fueran la causa directa de esa diferencia.

    Cómo practicarlo: juegue una partida de ajedrez, damas u otro juego de estrategia. Si dispone de poco tiempo, elija un problema concreto, como encontrar la mejor jugada en una posición determinada.

    También puede analizar una partida terminada y preguntarse qué otras decisiones habrían sido posibles.

    ¿Cuánto tiempo conviene dedicarles?

    No existe una cantidad universal de minutos que garantice beneficios cognitivos. Los estudios científicos utilizan programas muy diferentes, con sesiones que pueden extenderse durante varias semanas o meses.

    Como orientación práctica, se puede comenzar con diez o quince minutos diarios, alternando actividades que pongan en funcionamiento habilidades distintas.

    La variedad puede ser una buena manera de mantener el interés y evitar que todos los ejercicios se vuelvan automáticos. Sin embargo, todavía no está demostrado que cambiar constantemente de juego sea superior a practicar regularmente una actividad exigente y bien elegida.

    También conviene adaptar la dificultad. Si un pasatiempo resulta demasiado sencillo, probablemente deje de representar un desafío significativo. Si es excesivamente complicado, puede generar frustración y abandono.

    Lo ideal es encontrar un equilibrio entre esfuerzo, entretenimiento y satisfacción personal.

    Es importante recalcar que las recomendaciones internacionales insisten en que la salud cerebral no depende exclusivamente de los ejercicios mentales. La actividad física, el control de la presión arterial, la alimentación, el descanso, la salud auditiva y visual y las relaciones sociales también cumplen funciones fundamentales.

    Por eso, los juegos de ingenio deben entenderse como una parte de un estilo de vida saludable, y no como un tratamiento médico ni una garantía contra el deterioro cognitivo.

    La mejor razón para seguir jugando es que el cerebro continúa aprendiendo durante toda la vida. Un crucigrama que nos obliga a recordar, un acertijo que cambia nuestra manera de pensar o un rompecabezas que exige paciencia ofrecen oportunidades para mantenernos curiosos, activos y mentalmente comprometidos con el mundo que nos rodea.

  • ¿Cuál es el único dado que suma 10?

    ¿Cuál es el único dado que suma 10?

    A observar con atención y sumar hasta descubrir el dado correcto.

    .

    .

    .

    .

    .

    Respuesta / En la segunda fila horizontal, desde abajo hacia arriba, y de derecha a izquierda, el tercer dado. En sus caras verticales hay un 5 y un 2. En la horizontal, un 3.

  • Calabazas de Hallowen

    Calabazas de Hallowen

    ¿Cuál es la calabaza que no cierra?

    .

    .

    .

    .

    .

    Respuesta / La 5

  • Ubique el objeto que sobra

    Ubique el objeto que sobra

    Aquí vemos el cuadro de Van Gogh. “La noche estrellada”, Hay algo que está demás. ¿Puede adivinar qué es?

    .

    .

    .

    .

    .

    .

    Respuesta: la antena satelital.

  • La solidaridad mantiene el cerebro joven

    La solidaridad mantiene el cerebro joven

    La cantidad de tiempo que usamos para ayudar a los demás tiene efectos concretos en nuestras mentes, demorando el envejecimiento.

    Mundo Ingenio

    Puede parecer sorpresivo el pensar que la solidaridad haga que nuestras mentes se renueven y posean una forma más juvenil, pero, si lo pensamos bien, el ayudar a los demás nos conecta con lo mejor de la infancia y juventud. Ahora, investigadores de las universidades de Georgetown, Emory y Wisconsin-Madison (en Estados Unidos) comprobaron que, literalmente, ayudar a los demás nos rejuvenece.

    Resulta que los científicos estadounidenses realizaron un estudio para analizar la relación entre el tiempo dedicado a ayudar a otras personas y la salud cerebral. Y sus hallazgos sugieren que quienes dedican más tiempo a ayudar a los demás presentan un cerebro de apariencia más joven en relación con su edad cronológica.

    Antecedentes

    Encuestas y estudios científicos previos ya habían sugerido que las conexiones sociales significativas son un importante indicador de salud y longevidad. El sentimiento de pertenencia a un grupo y los vínculos sociales sólidos parecen estar relacionados con una mejor salud y una mayor esperanza de vida.

    Sin embargo, la mayoría de las investigaciones anteriores se centraron en los beneficios de recibir apoyo social o interactuar regularmente con otras personas. En cambio, los posibles efectos positivos de brindar ayuda a los demás siguen estando poco explorados.

    Cómo se refleja en el cerebro el apoyo a los demás

    Para investigar esta relación, los científicos analizaron información del estudio Midlife in the United States (MIDUS), una investigación a gran escala que reúne datos sobre la salud y el bienestar de miles de adultos estadounidenses.

    Usándolos, analizaron si la cantidad mensual de horas dedicadas a proporcionar apoyo instrumental y emocional podía predecir diferencias entre la edad cerebral estimada y la edad cronológica de los participantes.

    Para ello, emplearon una medida denominada BrainAGE, que calcula la diferencia entre la edad cerebral estimada mediante imágenes de resonancia magnética estructural y la edad real de una persona. La estimación se obtuvo mediante un algoritmo de aprendizaje automático entrenado para predecir la edad a partir de esas imágenes.

    Posteriormente, mediante distintos métodos estadísticos, los investigadores evaluaron la relación entre los valores de BrainAGE y el tiempo dedicado a ayudar a otras personas.

    Los resultados revelaron que los participantes que declararon brindar más apoyo presentaban valores de BrainAGE más bajos, lo que indica una apariencia cerebral más joven para su edad cronológica.

    Esta asociación se mantuvo incluso después de considerar numerosos factores que podrían influir en los resultados, como las características demográficas, las condiciones de salud, el estilo de vida, las circunstancias sociales y el apoyo recibido de otras personas.

    Además, los investigadores observaron que medir las horas efectivamente dedicadas a ayudar aportaba información adicional sobre la edad cerebral, más allá de categorías como ser cuidador o abuelo. Esto sugiere que la cantidad de tiempo destinado a brindar apoyo podría ser especialmente relevante para comprender la relación observada.

    Implicaciones para el envejecimiento

    Los resultados aportan nuevas evidencias sobre la relación entre el comportamiento prosocial y la salud cerebral. Sin embargo, los investigadores advierten que esta asociación no demuestra que ayudar a los demás ralentice el envejecimiento cerebral ni que prevenga enfermedades neurodegenerativas.

    Para establecer si existe una relación causal, serán necesarios nuevos estudios que permitan comprender mejor los mecanismos mediante los cuales brindar apoyo podría influir en los procesos relacionados con el envejecimiento cerebral.

    Según los autores, sus hallazgos destacan la importancia potencial de los comportamientos prosociales cotidianos como una posible vía de protección cerebral durante la mediana y la tercera edad.

    Si futuras investigaciones confirman estos resultados en otras poblaciones, podrían contribuir al desarrollo de intervenciones y políticas destinadas a promover un envejecimiento saludable. Entre ellas, actividades que incentiven a los adultos y a las personas mayores a brindar apoyo emocional o práctico a quienes los rodean.

  • ¿Cuál es el cubo que falta?

    ¿Cuál es el cubo que falta?

    Elija el cubo correcto (1 a 6) que va en la esquina vacía.

    .

    .

    .

    .

    .

    Respuesta: el cubo 4.

  • La demencia puede esconderse en nuestros músculos

    La demencia puede esconderse en nuestros músculos

    Perder masa y fuerza muscular implica un riesgo 42 % mayor de desarrollar un deterioro cognitivo agudo.

    Laura Thomas, Curtin University

    La pérdida de masa muscular con la edad podría ser una importante señal de alerta de demencia, según una nueva investigación de la Curtin University de Australia. Los investigadores analizaron más de 80 estudios que examinaban la relación entre el peso corporal, la grasa corporal, la salud muscular y la demencia, y descubrieron que las personas con sarcopenia (pérdida de masa y fuerza muscular) tenían un 42 % más de riesgo de desarrollar demencia. La sarcopenia es una afección en la que las personas pierden masa muscular, fuerza y ​​función física con la edad.

    Diferencias sorprendentes

    Los hallazgos, publicados en la Revista Internacional de Ciencias Alimentarias y Nutrición, también revelaron una sorprendente diferencia en la relación entre la obesidad y la demencia según la edad. Las personas con obesidad en la mediana edad, o antes de los 65 años, tenían un 9 % más de riesgo de padecer demencia, mientras que la obesidad en personas de 65 años o más se asoció con un riesgo un 17 % menor.

    La investigadora principal, la Dra. Uraiporn Booranasuksakul, de la Universidad de Burapha, de Tailandia, afirma que los hallazgos demostraban que el peso corporal por sí solo no explicaba completamente el riesgo de demencia.

    “No se trata solo del peso; mantener la fuerza y ​​la función muscular también parece ser importante a medida que envejecemos”, afirma Booranasuksakul. “Nuestros hallazgos sugieren que la pérdida de masa muscular podría ser una señal de alerta importante sobre el riesgo de demencia”.

    Booranasuksakul dice que los hallazgos resaltan la importancia de cuidar la salud muscular a lo largo de la vida. “Mantener la masa muscular es fundamental para un envejecimiento saludable, y la actividad física regular y una buena nutrición pueden contribuir a la fuerza y ​​el buen funcionamiento muscular”, declara.

    El peso engaña

    Por su parte, el autor principal, el profesor Mario Siervo, de la Facultad de Salud Pública de Curtin, afirma que los hallazgos también cuestionan la idea de que el riesgo de demencia pueda entenderse simplemente observando el peso de una persona.

    “Descubrimos que la obesidad en la mediana edad estaba relacionada con un mayor riesgo de demencia, pero esta relación cambiaba en la vejez”, explicó Siervo. “Esto no significa que las personas deban aumentar de peso al envejecer. Más bien, nos muestra que la relación entre el peso corporal, el envejecimiento y la demencia es compleja”.

    Los investigadores también analizaron la obesidad sarcopénica, caracterizada por una baja masa o función muscular y un exceso de grasa corporal. Solo cuatro estudios cumplieron con los criterios para esta parte del análisis, y los investigadores no encontraron una relación estadísticamente significativa entre la obesidad sarcopénica y la demencia.

    Siervo afirma que es necesario realizar más investigaciones para comprender si la combinación de pérdida muscular y exceso de grasa corporal afectaba el riesgo de demencia.

    “Aún desconocemos mucho sobre cómo interactúan los cambios en la masa muscular y la grasa corporal a lo largo del tiempo”, explica Siervo. “Se necesitan más investigaciones a largo plazo para comprender si tener poca masa muscular y exceso de grasa corporal aumenta el riesgo de demencia”.

    Los investigadores afirmaron que los hallazgos reforzaban la importancia de adoptar un enfoque a lo largo de la vida para mantener una composición corporal saludable, lo que incluye prevenir el aumento de peso poco saludable durante la mediana edad y mantener la fuerza y ​​la función muscular a medida que las personas envejecen.

    El profesor Warren Harding AM, presidente y director de investigación y colaboraciones de Alzheimer’s WA (entidad australiana de apoyo a la comunidad en el alzhéimer), acogió con satisfacción los resultados y felicitó a Curtin por su inversión en la investigación sobre la demencia.

    Problema global

    “La demencia representa un desafío global de 2,8 billones de dólares, y los hallazgos de la Organización Mundial de la Salud y la Comisión Lancet sobre los 14 factores de riesgo relacionados con el estilo de vida son un poderoso recordatorio de la importancia de la detección temprana y de una buena alimentación, el ejercicio, el control del peso, la audición, la visión y el entrenamiento cerebral”, dice Harding. “Los hallazgos de Curtin sobre la masa y la fuerza muscular también refuerzan la importancia del ejercicio y subrayan la importancia de una buena movilidad y estabilidad para reducir las caídas a medida que las personas envejecen”.

    El estudio fue dirigido por investigadores de la Facultad de Salud Pública y del Centro de Excelencia en Demencia de la Universidad de Curtin, en colaboración con investigadores de Australia, el Reino Unido, Canadá, Tailandia e Italia.

  • ¿Cuántas hojas hay?

    ¿Cuántas hojas hay?

    Ayude al niño a contar las hojas.

    .

    .

    .

    .

    .

    Respuesta: 14

  • Subir escaleras mejora la salud cerebral

    Subir escaleras mejora la salud cerebral

    Sabemos que usarlas es bueno para nuestra salud física, pero resulta que también puede beneficiar a nuestro cerebro.

    Universidad de Otago

    Así de simple, un estudio científico reveló que seis sesiones de un minuto subiendo escaleras mejoran la salud cognitiva de las personas.

    Los investigadores de la Universidad de Otago–Ōtākou Whakaihu Waka, de la ciudad de Dunedin, en Nueva Zelanda, lo realizaron convocando a unas 50 personas de entre 18 y 36 años, las cuales subieron y bajaron un tramo de escaleras seis veces, durante un minuto cada vez, a un ritmo “relativamente intenso”.

    La autora principal, la profesora Liana Machado, del Departamento de Psicología, afirma que, si bien, muchas personas se esfuerzan por mejorar su cognición, no es tan simple encontrar uno universal y fácilmente accesible; por lo que contar con una forma rápida y sencilla de hacerlo resulta muy beneficioso.

    Cognición eficaz

    “La cognición eficaz es algo de lo que todos dependemos a lo largo del día”, afirma.

    “Tanto si se intenta cruzar una intersección con mucho tráfico sin incidentes como si se participa en un pensamiento dinámico y complejo en el trabajo, la eficacia de nuestro funcionamiento cognitivo puede marcar una gran diferencia”.

    En el experimento antes citado, posteriormente a la subida de las escaleras, los científicos realizaron una prueba neuropsicológica que incluía tres evaluaciones cognitivas y seis herramientas analógicas visuales del estado de ánimo.

    Los resultados revelaron que la capacidad cognitiva mejoró después de subir escaleras —como lo indicaron los tiempos de respuesta correctos más cortos— en comparación con una sesión aparte en la que no subieron escaleras. Curiosamente, no hubo diferencias en el estado de ánimo.

    Resultados algo inesperados

    “Cuando iniciamos la investigación, habíamos previsto que observaríamos cambios en el flujo sanguíneo cerebral junto con una mejora cognitiva”, afirma Machado. Sin embargo, las influencias sobre el flujo sanguíneo cerebral parecen haberse disipado en el momento de la medición, que comenzó unos 20 minutos después de subir las escaleras.

    Lo anterior “sugiere que existen otros mecanismos que respaldan las mejoras cognitivas en curso”.

    Más allá de que falta descubrir el mecanismo específico detrás del fenómeno, Machado espera que la gente pueda beneficiarse de los hallazgos en su vida cotidiana: “Me gusta la idea de usar las escaleras, porque mucha gente tiene fácil acceso a ellas en el trabajo o en casa, lo que facilita incorporar el subirlas a las actividades diarias normales”, dice.

    “Estos hallazgos podrían motivar a los estudiantes a realizar periodos periódicos de actividad física durante las sesiones de estudio”, agrega.

    “Del mismo modo, las personas con trabajos de oficina podrían intentar intercalar periodos de subir escaleras para mejorar su función cognitiva”, recomienda.

    La investigación fue publicada en la revista Journal of Cognitive Enhancement.

  • Cubos locos

    Cubos locos

    ¿Cuál de los bloques numerados del 1 al 9 debe retirarse para poder combinar las tres piezas grandes en un solo cubo?
    .
    .
    .
    .
    .
    Respuesta: El bloque n° 7