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  • Siete juegos mentales para  mantener el cerebro activo

    Siete juegos mentales para mantener el cerebro activo

    Crucigramas, rompecabezas, acertijos y desafíos visuales son mucho más que entretenimientos. Estas actividades ejercitan la memoria, la atención y el razonamiento, y pueden contribuir a un envejecimiento cognitivo saludable.

    Ingenio

    Resolver un crucigrama, descubrir una figura escondida o encontrar la solución de un problema matemático puede parecer una simple manera de pasar el tiempo. Sin embargo, detrás de estas actividades se ponen en marcha numerosas funciones cerebrales: recuperar recuerdos, interpretar información, establecer relaciones, mantener la concentración y elegir entre distintas posibilidades.

    Los científicos denominan estimulación cognitiva a las actividades que ponen en funcionamiento estas capacidades. Cuando los ejercicios están organizados para desarrollar habilidades específicas, con una dificultad progresiva, también se habla de entrenamiento cognitivo.

    En los últimos años, investigaciones realizadas en Estados Unidos, Europa y otros países han encontrado que determinados programas de entrenamiento mental pueden mejorar funciones como la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento. Pero también han puesto de manifiesto una limitación importante: mejorar el rendimiento en un juego no significa necesariamente mejorar todas las capacidades mentales ni prevenir la enfermedad de Alzheimer.

    Una revisión científica publicada en 2025, que reunió resultados de numerosos estudios anteriores, encontró beneficios del entrenamiento cognitivo, aunque señaló que todavía faltan investigaciones de mayor calidad sobre su impacto en las actividades cotidianas y sus efectos a largo plazo. Acá, siete posibilidades para mantener nuestra mente en buenas condiciones.

    1. Palabras cruzadas: recuperar lo que sabemos

    Los crucigramas son uno de los pasatiempos más estudiados por los investigadores de la salud cerebral. Resolverlos exige comprender definiciones, recuperar palabras almacenadas en la memoria, reconocer relaciones entre conceptos y mantener la atención mientras se completan las casillas.

    En 2022, investigadores de las universidades de Columbia y Duke, en Estados Unidos, publicaron en NEJM Evidence un ensayo clínico con 107 adultos que presentaban deterioro cognitivo leve. Durante 78 semanas compararon los resultados de quienes resolvían crucigramas digitales con los de participantes que utilizaban otros juegos cognitivos informatizados.

    Los crucigramas obtuvieron mejores resultados en la principal prueba de rendimiento cognitivo empleada. También se observaron diferencias favorables en algunas mediciones funcionales y cerebrales. Sin embargo, el estudio fue relativamente pequeño y no incluyó un grupo sin entrenamiento, por lo que sus conclusiones necesitan confirmación.

    Cómo practicarlo: elija crucigramas que exijan cierto esfuerzo, pero que pueda resolver sin frustrarse. Cuando resulten demasiado sencillos, aumente gradualmente la dificultad. También puede alternar crucigramas temáticos, tradicionales y con definiciones más complejas.

    2. Rompecabezas: entrenar la percepción espacial

    Armar un rompecabezas obliga al cerebro a reconocer formas, distinguir colores, identificar patrones y comprender cómo encajan distintas partes de una imagen.

    Durante la actividad intervienen especialmente las habilidades visuoespaciales, que permiten interpretar la posición de los objetos y sus relaciones. También utilizamos la memoria de trabajo para recordar qué piezas hemos probado y la planificación para decidir cómo continuar.

    Algunos estudios han encontrado asociaciones entre la experiencia resolviendo rompecabezas y un mejor rendimiento visuoespacial. Sin embargo, los ensayos disponibles no permiten asegurar que esta actividad, por sí sola, mejore la capacidad cognitiva general o prevenga enfermedades neurodegenerativas.

    Cómo practicarlo: comience con un rompecabezas de dificultad moderada. En lugar de limitarse a ordenar las piezas por colores, intente reconocer estructuras, bordes y detalles. Cuando domines el procedimiento, elija imágenes con menos diferencias visuales o con mayor cantidad de piezas.

    3. Adivinanzas y acertijos: pensar de otra manera

    Las adivinanzas y los acertijos requieren buscar relaciones que no siempre resultan evidentes. En muchos casos, la dificultad no consiste en recordar un dato, sino en abandonar una interpretación inicial para encontrar otra solución posible.

    Este tipo de desafío pone en juego el razonamiento, la flexibilidad cognitiva y el control de respuestas impulsivas. Esas capacidades forman parte de las llamadas funciones ejecutivas, que intervienen cuando debemos planificar, cambiar de estrategia o resolver situaciones novedosas.

    Aunque no existen pruebas sólidas de que resolver adivinanzas reduzca el riesgo de demencia, los ejercicios de razonamiento forman parte de diversos programas de entrenamiento cognitivo que han mostrado beneficios específicos.

    Cómo practicarlo: busque acertijos de lógica, problemas de pensamiento lateral o adivinanzas que admitan una única respuesta razonada. Antes de consultar la solución, intente explicar por qué las primeras respuestas que imaginó podrían ser incorrectas. El verdadero desafío consiste en revisar las propias ideas y descubrir caminos alternativos.

    4. Desafíos matemáticos: mantener activo el razonamiento

    No hace falta resolver ecuaciones difíciles para ejercitar las habilidades numéricas. Los cálculos mentales, las series de números y los problemas de lógica matemática exigen concentración, memoria de trabajo y capacidad para establecer relaciones.

    La memoria de trabajo es especialmente importante porque permite conservar temporalmente información mientras la utilizamos. Por ejemplo, cuando calculamos un descuento sin escribir las operaciones o intentamos descubrir qué número continúa una secuencia.

    Los programas de entrenamiento cognitivo que incorporan ejercicios de razonamiento y memoria de trabajo han mostrado mejoras en determinadas pruebas, aunque no siempre se trasladan a otras habilidades o situaciones cotidianas.

    Cómo practicarlo: dedique unos minutos a resolver series numéricas, sudokus o problemas aritméticos sin calculadora. Alterne operaciones conocidas con desafíos nuevos. Lo importante no es resolver todo rápidamente, sino encontrar estrategias, comprobar resultados y comprender los errores.

    5. Juegos visuales: descubrir lo que se nos escapa

    Encontrar diferencias entre dos imágenes, descubrir objetos ocultos o identificar una figura que no corresponde a una secuencia son ejercicios que requieren observar con atención y seleccionar información visual relevante.

    Estas actividades utilizan la atención selectiva, que permite concentrarse en determinados estímulos mientras se ignoran otros. También pueden involucrar la memoria visual y la velocidad de procesamiento.

    Precisamente, la velocidad de procesamiento constituye una de las áreas más interesantes de la investigación reciente sobre entrenamiento cognitivo.

    En febrero de 2026 se publicaron resultados de un seguimiento de hasta veinte años del estudio estadounidense ACTIVE. Los participantes que habían completado un entrenamiento específico de velocidad de procesamiento visual, acompañado de sesiones de refuerzo, presentaron una menor incidencia de diagnósticos de demencia que el grupo de control.

    El hallazgo es prometedor, pero es importante aclarar que se utilizó un programa informático estructurado, con tareas progresivas de identificación visual y atención dividida. No se ha demostrado que cualquier juego de observación produzca el mismo beneficio.

    Cómo practicarlo: busque imágenes con diferencias, objetos escondidos o secuencias visuales. Comience sin límite de tiempo y, cuando le resulte cómodo, intente resolverlas algo más rápido sin sacrificar la precisión.

    6. Juegos de memoria: recordar sin mirar

    Los juegos en los que debemos memorizar cartas, figuras, palabras o posiciones utilizan distintos sistemas de memoria.

    Uno de los más conocidos consiste en colocar varias tarjetas boca abajo y encontrar sus parejas. Para conseguirlo, hay que recordar la ubicación de las imágenes observadas previamente y actualizar esa información después de cada intento.

    También pueden practicarse desafíos verbales, como memorizar una lista breve de palabras y recuperarlas unos minutos después.

    Las investigaciones muestran que el entrenamiento de memoria puede mejorar el desempeño en tareas similares a las practicadas. Sin embargo, los resultados sobre su transferencia a la memoria cotidiana son variables, y no existe evidencia suficiente para afirmar que estos juegos eviten la aparición de demencia.

    Cómo practicarlo: observá durante un minuto seis u ocho objetos diferentes. Cúbralos e intente recordar cuáles eran y en qué posición estaban. Después aumente gradualmente la cantidad de elementos o el tiempo transcurrido antes de recordarlos.

    Para introducir una dificultad adicional, pruebe agrupar los objetos por categorías o inventar una pequeña historia que los relacione.

    7. Juegos de estrategia: anticipar y tomar decisiones

    El ajedrez, las damas y determinados juegos de mesa obligan a evaluar posibilidades, anticipar consecuencias, recordar reglas y modificar decisiones según lo que haga el adversario.

    Estas actividades combinan atención, razonamiento, planificación y flexibilidad mental. Cuando se practican con otras personas, incorporan además interacción social y comunicación.

    Un estudio publicado en JAMA Network Open en 2023 analizó información de 10.318 adultos mayores australianos. Encontró que quienes participaban con mayor frecuencia en actividades mentales activas, como juegos, ajedrez, crucigramas y rompecabezas, presentaban un menor riesgo de desarrollar demencia durante el seguimiento.

    No obstante, se trató de un estudio observacional. Esto significa que identificó una asociación, pero no pudo demostrar que los juegos fueran la causa directa de esa diferencia.

    Cómo practicarlo: juegue una partida de ajedrez, damas u otro juego de estrategia. Si dispone de poco tiempo, elija un problema concreto, como encontrar la mejor jugada en una posición determinada.

    También puede analizar una partida terminada y preguntarse qué otras decisiones habrían sido posibles.

    ¿Cuánto tiempo conviene dedicarles?

    No existe una cantidad universal de minutos que garantice beneficios cognitivos. Los estudios científicos utilizan programas muy diferentes, con sesiones que pueden extenderse durante varias semanas o meses.

    Como orientación práctica, se puede comenzar con diez o quince minutos diarios, alternando actividades que pongan en funcionamiento habilidades distintas.

    La variedad puede ser una buena manera de mantener el interés y evitar que todos los ejercicios se vuelvan automáticos. Sin embargo, todavía no está demostrado que cambiar constantemente de juego sea superior a practicar regularmente una actividad exigente y bien elegida.

    También conviene adaptar la dificultad. Si un pasatiempo resulta demasiado sencillo, probablemente deje de representar un desafío significativo. Si es excesivamente complicado, puede generar frustración y abandono.

    Lo ideal es encontrar un equilibrio entre esfuerzo, entretenimiento y satisfacción personal.

    Es importante recalcar que las recomendaciones internacionales insisten en que la salud cerebral no depende exclusivamente de los ejercicios mentales. La actividad física, el control de la presión arterial, la alimentación, el descanso, la salud auditiva y visual y las relaciones sociales también cumplen funciones fundamentales.

    Por eso, los juegos de ingenio deben entenderse como una parte de un estilo de vida saludable, y no como un tratamiento médico ni una garantía contra el deterioro cognitivo.

    La mejor razón para seguir jugando es que el cerebro continúa aprendiendo durante toda la vida. Un crucigrama que nos obliga a recordar, un acertijo que cambia nuestra manera de pensar o un rompecabezas que exige paciencia ofrecen oportunidades para mantenernos curiosos, activos y mentalmente comprometidos con el mundo que nos rodea.

  • ¿Cuál es el único dado que suma 10?

    ¿Cuál es el único dado que suma 10?

    A observar con atención y sumar hasta descubrir el dado correcto.

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    Respuesta / En la segunda fila horizontal, desde abajo hacia arriba, y de derecha a izquierda, el tercer dado. En sus caras verticales hay un 5 y un 2. En la horizontal, un 3.

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    Calabazas de Hallowen

    ¿Cuál es la calabaza que no cierra?

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    Respuesta / La 5

  • Ubique el objeto que sobra

    Ubique el objeto que sobra

    Aquí vemos el cuadro de Van Gogh. “La noche estrellada”, Hay algo que está demás. ¿Puede adivinar qué es?

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    Respuesta: la antena satelital.

  • ¿Cuántas hojas hay?

    ¿Cuántas hojas hay?

    Ayude al niño a contar las hojas.

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    Respuesta: 14

  • ¿Qué número falta en la última entrada al cine?

    ¿Qué número falta en la última entrada al cine?

    Descubra qué número es el que corresponde a la última entrada al cine de la derecha. Pista: Tiene que ver no solo con operaciones aritméticas,sino también,con letras.
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    Respuesta: 23. El número situado entre las
    letras equivale a la suma de la posición
    que ocupan dichas letras en el alfabeto.
    18 (Q) + 5 (E) = 23.

  • Cubos locos

    Cubos locos

    ¿Cuál de los bloques numerados del 1 al 9 debe retirarse para poder combinar las tres piezas grandes en un solo cubo?
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    Respuesta: El bloque n° 7
  • Encuentre los dos muñecos de nieve iguales

    Encuentre los dos muñecos de nieve iguales

    Ayude a la niña a descubrir los dos muñecos de nieve similares.

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    Respuesta: El segundo, de izquierda a derecha, en la última fila. Y el tercero, en la tercera fila, también de izquierda a derecha.

  • Los beneficios cognitivos de caminar hacia atrás

    Los beneficios cognitivos de caminar hacia atrás

    Hacerlo de espaldas aumenta la actividad en la parte del cerebro responsable de la resolución de problemas y la toma de decisiones. Y ayuda a la salud cardíaca.

    Leslie Finlay, The Healthy

    Caminar hacia atrás es un movimiento al que nuestro cuerpo no está acostumbrado y se lo subestima. Es un ejercicio desafiante para casi cualquier persona, pero no solo se considera que es un excelente ejercicio para el cuerpo, sino que también es positivo para la mente.

    “Todos pueden beneficiarse, pero no todos pueden hacerlo de forma segura”, explica el Dr. Shane Davis, médico especialista en medicina deportiva y fisiatra del Tufts Medical Center, en los Estados Unidos.

    A continuación, se indican quiénes deben evitarlo y se ofrecen consejos para mantenerse a salvo de caídas.

    Alivia ciertos dolores

    También conocida como “marcha hacia atrás”, esta técnica suele formar parte de los programas de fisioterapia. “En fisioterapia, puede utilizarse específicamente con personas que sufren dolor en las extremidades inferiores, ya que caminar hacia atrás modifica los patrones de fuerza y ​​puede aliviar la presión sobre las partes del cuerpo que de otro modo serían dolorosas”, explica el Dr. Davis.

    Hoy en día, es posible que vea a más gente caminando hacia atrás en el gimnasio o en las redes sociales. Según el Dr. Davis y estudios recientes, existen muchas razones para que esta tendencia de fitness se mantenga gracias a sus beneficios para la salud. (Solo tenga cuidado con lo que vea detrás suyo… y cuando se acostumbre, pruebe a caminar cuesta arriba para un entrenamiento muscular aún más efectivo).

    1. Caminar hacia atrás fortalece los músculos poco utilizados

    “[Caminar hacia atrás] activa los músculos de forma diferente a caminar hacia adelante, lo que fortalece músculos que quizás no reciban tanta atención al caminar hacia adelante”, explica el Dr. Davis.

    En concreto, un estudio de 2024 publicado en el Journal of Clinical and Diagnostic Research destaca que caminar hacia atrás activa los cuádriceps, los isquiotibiales, los glúteos, los flexores de la cadera y los músculos de la pantorrilla. Si bien utilizamos estos músculos al caminar normalmente, caminar hacia atrás requiere que actúen de forma diferente, alargándose bajo carga. Este tipo de trabajo muscular se denomina “movimiento excéntrico” y se asocia con mayores ganancias de fuerza.

    2. Caminar hacia atrás mejora el equilibrio y la estabilidad

    “Este nuevo patrón de movimiento también conllevará mejoras en la coordinación mediante adaptaciones neuromusculares y en el equilibrio”, afirma el Dr. Davis. “[Esto se logra] a través del entrenamiento de la propiocepción, que consiste en saber dónde se encuentra el cuerpo en el espacio”.

    En esencia, al caminar hacia adelante, dependemos del sentido propioceptivo natural de nuestro cuerpo. “Nuestras articulaciones y músculos están diseñados para optimizar el movimiento hacia adelante, y nuestro sistema visual está diseñado para ver hacia adelante, no hacia atrás”, explica el Dr. Davis. Por lo tanto, cuando no podemos ver hacia dónde vamos, los músculos estabilizadores más pequeños de nuestro cuerpo —como los de los tobillos, las rodillas y las caderas— se activan para ayudarnos a mantener el equilibrio y el control.

    Además de las mejoras generales en el equilibrio y la estabilidad, el Dr. Davis afirma: “Esto puede ser importante para mejorar el rendimiento deportivo y prevenir caídas”.

    3. Caminar hacia atrás quema más calorías

    “Estamos acostumbrados a caminar hacia adelante tanto por costumbre como por razones biomecánicas”, explica el Dr. Davis. “Si bien podemos caminar o correr hacia atrás, nuestra anatomía nos dificulta mucho más el proceso”.

    Esta mayor exigencia implica un entrenamiento más intenso. El Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM, por sus siglas en inglés) utiliza el término equivalente metabólico de una tarea (MET, por sus siglas en inglés) para estimar la intensidad del ejercicio y la quema de calorías. Según el ACSM, una caminata moderada equivale a 3,5 MET, y caminar hacia atrás a 6 MET. Esto sugiere que caminar hacia atrás puede quemar hasta el doble de calorías.

    4. Caminar hacia atrás mejora la salud del corazón

    El mayor esfuerzo físico que supone caminar hacia atrás también es excelente para la salud del corazón.

    Un estudio de 2023 publicado en Health Science Reports monitoreó a participantes que pasaron al menos 15 minutos caminando hacia atrás en una cinta de correr cuatro veces por semana. Después de 12 semanas, en comparación con las personas que caminaban hacia adelante, los participantes que caminaban hacia atrás experimentaron:

    • Mayores respuestas de consumo de oxígeno (VO2), una medida de aptitud cardiovascular.
    • Mejora de los niveles de presión arterial
    • Reducción de la inflamación sistémica, que está relacionada con las enfermedades cardiovasculares.

    5. Caminar hacia atrás también es un ejercicio cognitivo

    “Parte de la dificultad de caminar hacia atrás radica en que no estamos acostumbrados a hacerlo”, explica el Dr. Davis. “Al principio, requerirá tanto esfuerzo mental como físico”.

    Al igual que uno tiene que reaprender a caminar después de una lesión, el Dr. Davis afirma que caminar hacia atrás supone un reto similar. “Aprender cosas nuevas y estimular el cerebro es beneficioso para nuestra salud cognitiva, por lo que caminar hacia atrás puede aportar mejoras tanto físicas como cognitivas”.

    Si bien la investigación continúa, UCLA Health informa que varios estudios demuestran que caminar hacia atrás aumenta la actividad en la parte del cerebro responsable de la resolución de problemas y la toma de decisiones. De hecho, un estudio de 2019 publicado en Cognition descubrió que caminar hacia atrás incluso podría mejorar la memoria a corto plazo.

    6. Caminar hacia atrás favorece la salud de las articulaciones

    La investigación publicada en Health Science Reports señala otra gran ventaja de caminar hacia atrás: reduce considerablemente la presión sobre las articulaciones. La forma en que nuestros músculos se activan al mover las articulaciones en sentido inverso ayuda a absorber el impacto, a la vez que fortalece los músculos estabilizadores para una mejor salud articular a largo plazo. Caminar hacia atrás también mejora la flexibilidad articular, según un artículo del Journal of Clinical and Diagnostic Research.

    El Dr. Davis afirma que caminar hacia atrás también puede ser un ejercicio beneficioso para las personas que padecen dolor articular. “En ciertos casos, esto puede aliviar la presión sobre la articulación al modificar los patrones de fuerza y ​​mejorar la fuerza y ​​el control muscular”.

    7. Caminar hacia atrás puede aliviar el dolor lumbar

    Caminar hacia atrás también fortalece los músculos abdominales. Al desafiar nuestro equilibrio y coordinación, esta actividad obliga a activar los músculos abdominales, en particular los músculos profundos de la columna que sostienen la zona lumbar, según un estudio de 2022 publicado en el Asian Pacific Journal of Health Sciences. Esta actividad aumenta el rango de movimiento de los músculos lumbares, reduciendo significativamente el dolor de espalda baja en los participantes del estudio.

    Cómo empezar a caminar hacia atrás de forma segura

    ¿Otra razón para empezar a caminar hacia atrás? Es un ejercicio sencillo que casi cualquiera puede hacer, lo que lo convierte en una excelente manera de comenzar una nueva rutina de ejercicios. O si ya tiene un programa de ejercicios, este movimiento novedoso supondrá un reto para la mayoría de las personas, afirma el Dr. Davis, siempre y cuando puedan hacerlo de forma segura.

    Recomienda empezar en un entorno controlado, como una cinta de correr con apoyabrazos o una superficie plana con una barra de agarre cerca. También puede pedirle a un amigo que te ayude; asegúrese de usar un área abierta y plana, libre de obstáculos.

    Asegúrese de empezar despacio. Por ejemplo, no espere caminar hacia atrás tan rápido como hacia adelante. “Es importante no progresar demasiado rápido ni en un entorno peligroso, ya que caminar hacia atrás puede suponer un riesgo de caída”, explica el Dr. Davis. Esto podría significar incorporar caminar hacia atrás a su calentamiento o enfriamiento, o empezar con caminatas cortas e ir aumentando la intensidad a medida que se sienta más cómodo.

    Precauciones y quiénes deben evitarlo

    “Todos pueden beneficiarse, pero no todos pueden hacerlo de forma segura”, explica el Dr. Davis. “Si usted padece lesiones o problemas neurológicos que comprometen gravemente su equilibrio y coordinación, caminar hacia atrás puede suponer un alto riesgo de caídas”.

    Eso no significa que deba evitar caminar hacia atrás por completo. Simplemente es importante hacerlo bajo la supervisión de un profesional de la salud, como un fisioterapeuta, explica el Dr. Davis.

    En muchos casos, caminar hacia atrás es un ejercicio eficaz para personas que se recuperan de una lesión, y una investigación de 2023 publicada en Multiple Sclerosis and Related Disorders destaca su efecto positivo en el equilibrio, la marcha y la movilidad en personas con enfermedades neurológicas.

    Pero sea cual sea su situación, manténgase a salvo y aproveche al máximo los beneficios de caminar hacia atrás siguiendo estas reglas de oro:

    • Use calzado adecuado.
    • Manténgase atento al entorno.
    • Evite terrenos irregulares, espacios concurridos y áreas con posibles obstáculos.
    • Comience despacio, con pasos pequeños y controlados.
    • Mantenga una buena postura.
    • Si sufre alguna lesión, consulte primero a su médico.
  • Decisiones complejas: ¿cuánto más rápido, mejor?

    Decisiones complejas: ¿cuánto más rápido, mejor?

    En algunas decisiones difíciles, un menor tiempo de reflexión se asocia con una mayor calidad de las decisiones.

    Universidad Ludwig-Maximilians de Múnich (LMU) y Universidad de Bonn

    En ajedrez, las decisiones más rápidas suelen ser las de mayor calidad. Esta es la conclusión de un equipo de investigadores de la LMU y científicos de la Universidad Erasmus de Róterdam y la UniDistance Suisse. ¿Y en la vida?

    Para lo primero, los expertos se basaronn en datos de partidas profesionales de ese juego, donde investigaron la relación entre el tiempo empleado para tomar una decisión estratégica compleja y la calidad de dicha decisión.

    El profesor Uwe Sunde y sus colegas creen que los resultados de su investigación indican que el tiempo de decisión refleja la dificultad –percibida subjetivamente– del problema, la cual puede variar según la situación.

    El experto razona que tomarse más tiempo para tomar una decisión puede resultar en una decisión mejor meditada, que es lo que suele pensarse como lo mejor. Sin embargo, también puede indicar que la pregunta que requiere respuesta se percibe como más difícil, lo que podría estar asociado con una menor calidad de la decisión.

    “Con este estudio, hemos podido demostrar que, si se mantiene constante la dificultad objetivamente medible de la decisión, quien reflexiona durante más tiempo tomará peores decisiones”, afirma el investigador.

    Una persona que reflexiona sobre un asunto durante más tiempo puede percibir, como se dijo, un mayor nivel de complejidad. Por el contrario, un menor tiempo de toma de decisiones podría indicar que el jugador tiene una fuerte intuición, es decir, un sentido innato de cuál es la mejor opción.

    Lo anterior “es lo que distingue a los humanos de las máquinas: los humanos suelen reconocer qué es bueno y qué no lo es en una situación”. Por ello, “si una persona no logra comprender la situación rápidamente, le resulta difícil seguir analizando el problema racionalmente”, explica Sunde.

    Correlación entre velocidad y calidad

    Como economista conductual, Uwe Sunde está interesado en explorar cómo las personas toman decisiones. “Anteriormente, la mayoría de los estudios sobre el tiempo y la calidad de las decisiones han analizado decisiones relativamente simples, frecuentemente con estudiantes en entornos de laboratorio estandarizados”, explica Sunde. “En nuestra investigación, cuando examinamos decisiones reales fuera del laboratorio, a menudo tenemos que basarnos en observaciones que no son estrictamente comparables”.

    En colaboración con su equipo de coautores, el economista halló una forma alternativa de analizar decisiones estratégicas complejas: analizaron los movimientos individuales de los jugadores en torneos profesionales de ajedrez. Midieron el tiempo que tardaban en tomar sus decisiones y compararon el resultado con los parámetros de referencia establecidos por los programas de ajedrez para obtener una evaluación objetiva de la calidad. Los investigadores compararon las decisiones que un jugador tomaba en diferentes configuraciones del tablero contra el mismo oponente.

    Las “otras” decisiones

    No obstante, la gente no vive la vida como si fuera un juego de ajedrez donde en cada movimiento puede jugarse el destino final. Las opciones suelen ser, o verse, como menos trascendentes.

    Por ejemplo: ¿Darse un capricho o ahorrar para unas vacaciones inolvidables? ¿Relajarse en el sofá o hacer ejercicio? ¿Comerse una tableta entera de chocolate o guardar algo para después? En estas decisiones se presenta un dilema entre la necesidad de gratificación inmediata frente a un deseo a largo plazo. Lo que sabemos que el comportamiento de las personas es muy individual en este sentido, y también parecen existir diferencias entre culturas.

    Justamente, para comprender mejor este tipo de decisiones, psicólogos de la Universidad de Bonn, también en Alemania, colaboran con investigadores de 77 países en un estudio en línea de gran envergadura: se encuestará a unas 15 000 personas hasta el 18 de agosto de 2026.

    ¿Correcto e incorrecto?

    Cuando sopesamos las consecuencias a corto y largo plazo, tomamos lo que se conoce como “decisiones intertemporales” (esto es que una de las partes de lo que se decide no está o no ocurre en un momento inmediato). “Estas decisiones dan forma a nuestra vida cotidiana”, afirma el Dr. Kristof Keidel, coordinador del estudio y miembro del Departamento de Psicología de la Universidad de Bonn.

    En la actualidad, la tendencia al consumo inmediato, incluso, se ha inmortalizado en el himno del rock “Lo quiero todo, lo quiero ya”. Sin embargo, en muchos casos, las mayores ventajas solo se hacen evidentes tras un periodo de tiempo más prolongado. Las decisiones intertemporales, y el sacrificio que conllevan, son la base de las grandes compras, la salud y la sostenibilidad.

    “Aquí no hay decisiones correctas ni incorrectas”, subraya Keidel. “Se trata simplemente de preferencias personales, que, naturalmente, también están influenciadas por la situación”. Cuando los recursos son limitados, puede ser incluso mejor optar por la recompensa menor de inmediato, ya que no está claro si quedará algo mañana. Además, estas decisiones suelen depender del estado de ánimo: quienes buscan comodidad son más propensos a optar por el consumo inmediato que quienes tienen una visión optimista del futuro.

    No obstante, además de las preferencias individuales, los hallazgos de estudios previos indican que el comportamiento en la toma de decisiones intertemporales también puede variar entre países y culturas. ¿Una conclusión clara e importante? No confundir la impulsividad o los apetitos con la intuición, pero darse cuenta, también, de que darle demasiadas vueltas a las cosas trascendentes puede ser un obstáculo.