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    La solidaridad mantiene el cerebro joven

    La cantidad de tiempo que usamos para ayudar a los demás tiene efectos concretos en nuestras mentes, demorando el envejecimiento.

    Mundo Ingenio

    Puede parecer sorpresivo el pensar que la solidaridad haga que nuestras mentes se renueven y posean una forma más juvenil, pero, si lo pensamos bien, el ayudar a los demás nos conecta con lo mejor de la infancia y juventud. Ahora, investigadores de las universidades de Georgetown, Emory y Wisconsin-Madison (en Estados Unidos) comprobaron que, literalmente, ayudar a los demás nos rejuvenece.

    Resulta que los científicos estadounidenses realizaron un estudio para analizar la relación entre el tiempo dedicado a ayudar a otras personas y la salud cerebral. Y sus hallazgos sugieren que quienes dedican más tiempo a ayudar a los demás presentan un cerebro de apariencia más joven en relación con su edad cronológica.

    Antecedentes

    Encuestas y estudios científicos previos ya habían sugerido que las conexiones sociales significativas son un importante indicador de salud y longevidad. El sentimiento de pertenencia a un grupo y los vínculos sociales sólidos parecen estar relacionados con una mejor salud y una mayor esperanza de vida.

    Sin embargo, la mayoría de las investigaciones anteriores se centraron en los beneficios de recibir apoyo social o interactuar regularmente con otras personas. En cambio, los posibles efectos positivos de brindar ayuda a los demás siguen estando poco explorados.

    Cómo se refleja en el cerebro el apoyo a los demás

    Para investigar esta relación, los científicos analizaron información del estudio Midlife in the United States (MIDUS), una investigación a gran escala que reúne datos sobre la salud y el bienestar de miles de adultos estadounidenses.

    Usándolos, analizaron si la cantidad mensual de horas dedicadas a proporcionar apoyo instrumental y emocional podía predecir diferencias entre la edad cerebral estimada y la edad cronológica de los participantes.

    Para ello, emplearon una medida denominada BrainAGE, que calcula la diferencia entre la edad cerebral estimada mediante imágenes de resonancia magnética estructural y la edad real de una persona. La estimación se obtuvo mediante un algoritmo de aprendizaje automático entrenado para predecir la edad a partir de esas imágenes.

    Posteriormente, mediante distintos métodos estadísticos, los investigadores evaluaron la relación entre los valores de BrainAGE y el tiempo dedicado a ayudar a otras personas.

    Los resultados revelaron que los participantes que declararon brindar más apoyo presentaban valores de BrainAGE más bajos, lo que indica una apariencia cerebral más joven para su edad cronológica.

    Esta asociación se mantuvo incluso después de considerar numerosos factores que podrían influir en los resultados, como las características demográficas, las condiciones de salud, el estilo de vida, las circunstancias sociales y el apoyo recibido de otras personas.

    Además, los investigadores observaron que medir las horas efectivamente dedicadas a ayudar aportaba información adicional sobre la edad cerebral, más allá de categorías como ser cuidador o abuelo. Esto sugiere que la cantidad de tiempo destinado a brindar apoyo podría ser especialmente relevante para comprender la relación observada.

    Implicaciones para el envejecimiento

    Los resultados aportan nuevas evidencias sobre la relación entre el comportamiento prosocial y la salud cerebral. Sin embargo, los investigadores advierten que esta asociación no demuestra que ayudar a los demás ralentice el envejecimiento cerebral ni que prevenga enfermedades neurodegenerativas.

    Para establecer si existe una relación causal, serán necesarios nuevos estudios que permitan comprender mejor los mecanismos mediante los cuales brindar apoyo podría influir en los procesos relacionados con el envejecimiento cerebral.

    Según los autores, sus hallazgos destacan la importancia potencial de los comportamientos prosociales cotidianos como una posible vía de protección cerebral durante la mediana y la tercera edad.

    Si futuras investigaciones confirman estos resultados en otras poblaciones, podrían contribuir al desarrollo de intervenciones y políticas destinadas a promover un envejecimiento saludable. Entre ellas, actividades que incentiven a los adultos y a las personas mayores a brindar apoyo emocional o práctico a quienes los rodean.