Etiqueta: salud mental

  • Momentos felices en la infancia protegen la salud mental adulta

    Momentos felices en la infancia protegen la salud mental adulta

    Amistades, confianza en padres y profesores y la sensación de seguridad en el barrio pueden hacer grandes diferencias.

    Royal College of Surgeons in Ireland

    Esos momentos de la niñez, de alegrías pequeñas y grandes, pueden ser claves para evitar o superar problemas mentales cuando ya crecemos.

    Así lo concluye una nueva investigación dirigida por la RCSI University of Medicine and Health Sciences, en Dublín, Irlanda; la cual mostró que los niños que experimentan relaciones más positivas y entornos de apoyo durante su crecimiento tienen muchas menos probabilidades de desarrollar depresión o ansiedad en la edad adulta temprana.

    Confianza

    El estudio halló que las experiencias positivas en la infancia, como las amistades de apoyo, las relaciones de confianza con los padres y los profesores, y la sensación de seguridad en el vecindario, estaban relacionadas con una mejor salud mental a los 24 años, incluso después de tener en cuenta otros factores de riesgo conocidos.

    Esta relación se mantuvo incluso después de que los investigadores tuvieran en cuenta factores conocidos de orden negativo que influyen en la salud mental, como los traumas infantiles, las circunstancias socioeconómicas y la predisposición genética a las enfermedades mentales. Lo anterior sugiere que las experiencias positivas son más que un simple indicador de un menor riesgo general. En cambio, parecen contribuir de forma independiente a la salud mental a largo plazo de los niños, junto con otras influencias.

    Cómo se hizo

    Investigadores del RCSI y de FutureNeuro analizaron datos de 3.499 niños del Estudio Longitudinal de Padres e Hijos de Avon (ALSPAC), también conocido como Niños de los 90, observando experiencias positivas desde el nacimiento hasta los 17 años.

    Realizaron un seguimiento de 10 tipos generales de experiencias positivas a lo largo de la infancia y la adolescencia, incluyendo una buena relación con un padre, una buena relación con un maestro, actividades regulares fuera del hogar, amistades de apoyo, sentirse seguro en el vecindario, disfrutar de la escuela y el contacto frecuente con familiares y amigos, y luego evaluaron los resultados de salud mental a los 24 años.

    Se evaluó a los participantes según la cantidad de experiencias positivas que habían tenido durante la infancia y la adolescencia. Quienes obtuvieron puntuaciones más altas, es decir, quienes tuvieron más experiencias positivas, presentaron una probabilidad significativamente menor de cumplir los criterios de depresión, ansiedad u otro trastorno psiquiátrico a los 24 años. El estudio empleó un enfoque estadístico avanzado diseñado para estimar la relación causa-efecto con la mayor precisión posible a partir de datos observacionales.

    Se aleja la depresión

    La asociación más fuerte se observó en el caso de la depresión: cada experiencia positiva adicional se relacionó con una menor probabilidad de padecerla en la adultez temprana. La asociación con la ansiedad fue menor, pero siguió siendo estadísticamente significativa. Los resultados sobre la psicosis fueron inconclusos, ya que muy pocos participantes desarrollaron la afección para poder extraer conclusiones definitivas.

    El profesor David Cotter, del Departamento de Psiquiatría del RCSI, fue el autor principal del artículo, y dice: “A menudo pensamos en proteger la salud mental de los niños en términos de prevenir experiencias negativas, y eso es absolutamente vital. Pero los niños también desarrollan relaciones de apoyo y otras experiencias positivas en casa, en la escuela y en sus comunidades. Nuestros hallazgos sugieren que todas estas experiencias pueden contribuir a una mejor salud mental en la edad adulta temprana”.

    Acumulación valiosa

    Los hallazgos no sugieren que las experiencias positivas borren o contrarresten los efectos del trauma. Por el contrario, indican que las experiencias positivas pueden brindar protección adicional para la salud mental, lo que contribuye a una visión cada vez más clara de que la salud mental en la adultez temprana está determinada por la acumulación de experiencias tanto de riesgo como de protección a lo largo de la infancia, y no por un solo factor.

    La Dra. Jennifer Murphy, primera autora del estudio, afirma: “Muchas afecciones de salud mental se manifiestan por primera vez en la edad adulta temprana, pero aún sabemos relativamente poco sobre qué experiencias de la infancia tienen la mayor influencia en el bienestar en esta etapa de la vida”.

    Dado lo anterior, “esperamos que estos hallazgos contribuyan a que las escuelas, los servicios de salud y el apoyo a la crianza se centren más en crear experiencias positivas para los niños y jóvenes, en lugar de concentrarse únicamente en reducir los daños”.

    En conjunto, los resultados sugieren que mejorar la salud mental de los niños probablemente requiera tanto reducir la adversidad como aumentar las oportunidades de experiencias positivas a lo largo de la infancia y la adolescencia.

  • La solidaridad mantiene el cerebro joven

    La solidaridad mantiene el cerebro joven

    La cantidad de tiempo que usamos para ayudar a los demás tiene efectos concretos en nuestras mentes, demorando el envejecimiento.

    Mundo Ingenio

    Puede parecer sorpresivo el pensar que la solidaridad haga que nuestras mentes se renueven y posean una forma más juvenil, pero, si lo pensamos bien, el ayudar a los demás nos conecta con lo mejor de la infancia y juventud. Ahora, investigadores de las universidades de Georgetown, Emory y Wisconsin-Madison (en Estados Unidos) comprobaron que, literalmente, ayudar a los demás nos rejuvenece.

    Resulta que los científicos estadounidenses realizaron un estudio para analizar la relación entre el tiempo dedicado a ayudar a otras personas y la salud cerebral. Y sus hallazgos sugieren que quienes dedican más tiempo a ayudar a los demás presentan un cerebro de apariencia más joven en relación con su edad cronológica.

    Antecedentes

    Encuestas y estudios científicos previos ya habían sugerido que las conexiones sociales significativas son un importante indicador de salud y longevidad. El sentimiento de pertenencia a un grupo y los vínculos sociales sólidos parecen estar relacionados con una mejor salud y una mayor esperanza de vida.

    Sin embargo, la mayoría de las investigaciones anteriores se centraron en los beneficios de recibir apoyo social o interactuar regularmente con otras personas. En cambio, los posibles efectos positivos de brindar ayuda a los demás siguen estando poco explorados.

    Cómo se refleja en el cerebro el apoyo a los demás

    Para investigar esta relación, los científicos analizaron información del estudio Midlife in the United States (MIDUS), una investigación a gran escala que reúne datos sobre la salud y el bienestar de miles de adultos estadounidenses.

    Usándolos, analizaron si la cantidad mensual de horas dedicadas a proporcionar apoyo instrumental y emocional podía predecir diferencias entre la edad cerebral estimada y la edad cronológica de los participantes.

    Para ello, emplearon una medida denominada BrainAGE, que calcula la diferencia entre la edad cerebral estimada mediante imágenes de resonancia magnética estructural y la edad real de una persona. La estimación se obtuvo mediante un algoritmo de aprendizaje automático entrenado para predecir la edad a partir de esas imágenes.

    Posteriormente, mediante distintos métodos estadísticos, los investigadores evaluaron la relación entre los valores de BrainAGE y el tiempo dedicado a ayudar a otras personas.

    Los resultados revelaron que los participantes que declararon brindar más apoyo presentaban valores de BrainAGE más bajos, lo que indica una apariencia cerebral más joven para su edad cronológica.

    Esta asociación se mantuvo incluso después de considerar numerosos factores que podrían influir en los resultados, como las características demográficas, las condiciones de salud, el estilo de vida, las circunstancias sociales y el apoyo recibido de otras personas.

    Además, los investigadores observaron que medir las horas efectivamente dedicadas a ayudar aportaba información adicional sobre la edad cerebral, más allá de categorías como ser cuidador o abuelo. Esto sugiere que la cantidad de tiempo destinado a brindar apoyo podría ser especialmente relevante para comprender la relación observada.

    Implicaciones para el envejecimiento

    Los resultados aportan nuevas evidencias sobre la relación entre el comportamiento prosocial y la salud cerebral. Sin embargo, los investigadores advierten que esta asociación no demuestra que ayudar a los demás ralentice el envejecimiento cerebral ni que prevenga enfermedades neurodegenerativas.

    Para establecer si existe una relación causal, serán necesarios nuevos estudios que permitan comprender mejor los mecanismos mediante los cuales brindar apoyo podría influir en los procesos relacionados con el envejecimiento cerebral.

    Según los autores, sus hallazgos destacan la importancia potencial de los comportamientos prosociales cotidianos como una posible vía de protección cerebral durante la mediana y la tercera edad.

    Si futuras investigaciones confirman estos resultados en otras poblaciones, podrían contribuir al desarrollo de intervenciones y políticas destinadas a promover un envejecimiento saludable. Entre ellas, actividades que incentiven a los adultos y a las personas mayores a brindar apoyo emocional o práctico a quienes los rodean.

  • Cómo rumiar afecta sentimientos y estados de ánimo

    Cómo rumiar afecta sentimientos y estados de ánimo

    Nuestras ensoñaciones y divagaciones producen un mayor bienestar cuando se centran en el futuro o en temas positivos, y cuando fluyen libremente de un tema a otro.

    Julia Kam, Caitlin Mills, Jessica Andrews-Hanna, The Conversation

    A lo largo del día, nos vienen a la mente multitud de pensamientos. Quizás recordemos nuestras últimas vacaciones, pensemos en alguna noticia, rememoremos una conversación divertida o evaluemos planes para el fin de semana. Estos pensamientos no solo son muy comunes en la vida cotidiana, sino que también tienen un gran impacto en nuestro funcionamiento.

    Nuestra investigación demuestra que distintos tipos de pensamientos están estrechamente relacionados con el bienestar emocional. Al comprender estas conexiones, las personas pueden identificar nuevas maneras de cuidar y mejorar su salud mental.

    Esto cobra especial relevancia dado el aumento global de los problemas de salud mental, agravado por la escasez y el agotamiento de los profesionales en este campo. Ante estos desafíos, consideramos importante ampliar los enfoques de salud mental para incluir la prevención, además de la intervención.

    Alerta con el estrés

    Las iniciativas de prevención requieren comprender cómo surgen los patrones de pensamiento clínicamente significativos para elaborar estrategias de prevención eficaces que, en última instancia, puedan evitar que el estrés cotidiano se convierta en problemas de salud mental.

    Como equipo de científicos cognitivos que estudian la divagación mental y su importante relación con el bienestar emocional —así como los patrones cerebrales y de movimientos oculares que la sustentan—, realizamos varios estudios para examinar la relación entre pensamientos y emociones. En resumen, descubrimos que aquello en lo que la gente piensa está estrechamente relacionado con cómo se siente.

    Pensamientos y sentimientos

    En una serie de estudios, nos propusimos comprender esta relación entre estudiantes de Canadá y Estados Unidos. Durante una semana, enviamos diariamente varias encuestas breves a diferentes personas, pidiéndoles que informaran sobre sus pensamientos y emociones. Esto nos permitió captarlas de forma natural, en el momento en que realizaban sus actividades cotidianas.

    Descubrimos que las personas tendían a reportar un peor estado de ánimo cuando experimentaban pensamientos ajenos a la tarea, a menudo denominados divagaciones mentales (por ejemplo, pensar en qué preparar para la cena mientras se está en el trabajo). Por el contrario, tendían a reportar un mejor estado de ánimo cuando sentían que tenían el control de sus pensamientos y podían elegir en qué concentrarse (por ejemplo, pensar en la pareja durante una conversación importante).

    Las personas también reportaron un mejor estado de ánimo cuando sus pensamientos fluían libremente de un tema a otro. Por ejemplo, sus pensamientos pueden ir desde recuerdos de la infancia hasta un video divertido o unas próximas vacaciones. El tipo de pensamientos que experimentan las personas está estrechamente relacionado con su estado de ánimo del momento.

    Distraídos de lo que hacemos

    Si bien estos estudios fueron un buen punto de partida, también nos interesaba saber qué revelaba el conjunto de investigaciones existentes, especialmente si el contenido de los pensamientos de las personas influía en su estado de ánimo. Identificamos 76 estudios que examinaban una relación similar y realizamos una revisión sistemática y un metaanálisis para determinar la evidencia general.

    Nuestro análisis reveló que los pensamientos ajenos a la tarea suelen estar relacionados con un peor estado de ánimo, especialmente cuando estos pensamientos se sienten fuera de control, son rumiantes o se centran en temas negativos. Es importante destacar que los pensamientos pueden estar relacionados con un mejor estado de ánimo cuando se centran en el futuro o en temas positivos y cuando fluyen libremente de un tema a otro.

    En pocas palabras, lo que pensamos puede influir en nuestra felicidad.

    Prestar atención a los patrones de pensamiento

    ¿Cómo pueden las personas aprovechar este conocimiento para mejorar su salud mental? Un primer paso importante implica la autoconciencia, el proceso de prestar atención a nuestros patrones de pensamiento y cómo estos afectan nuestras emociones.

    Si bien nuestros hallazgos sugieren que ciertos tipos de pensamientos están vinculados a variaciones del estado de ánimo en la población general, estas relaciones pueden ser diferentes para cada individuo. Es fundamental identificar los pensamientos que influyen positiva y negativamente en nuestra propia felicidad.

    Pasos

    El siguiente paso es explorar estrategias que puedan cambiar la relación que se tiene con los pensamientos o modificarlos directamente. Primero, es importante normalizar los pensamientos que se desvían de la tarea e incluso los pensamientos negativos; casi todos los humanos los experimentamos en una situación determinada. No son un defecto del pensamiento humano, sino más bien una característica inherente. Por lo tanto, hay que intentar adoptar un estado de consciencia plena, que implica no juzgarse a uno mismo ni a nuestros pensamientos, sino reconocer que los pensamientos negativos van y vienen.

    En segundo lugar, consideremos maneras de aumentar los pensamientos que generan un estado de ánimo positivo y disminuir los que generan un estado de ánimo negativo. Por ejemplo, si notamos que los pensamientos rumiantes (como una discusión acalorada con nuestras parejas) nos generan un estado de ánimo negativo, hay que considerar estrategias establecidas como la atención plena (o diversas formas de meditación), que han demostrado reducir los pensamientos rumiantes.

    Cabe destacar que no todas las estrategias funcionan para todo tipo de pensamiento ni para todas las personas; la clave está en encontrar la que mejor funcione para cada uno y para los tipos de pensamientos que se desea cambiar.

    Aunque nos hemos centrado principalmente en cómo los pensamientos pueden afectar el bienestar emocional, es importante tener en cuenta que lo contrario también puede ser cierto: cómo uno se siente también puede influir en lo que se piensa. Estas estrategias pueden ayudar a modificar tanto los pensamientos como las emociones.

    Prestar atención a dónde se dirigen los pensamientos y aprender a cambiarlos según se desee, puede ayudar a las personas a sentirse más contentas y evitar que el estrés cotidiano se convierta en problemas de salud mental más graves.

  • Las redes sociales no sustituyen apoyo emocional en la vida real

    Las redes sociales no sustituyen apoyo emocional en la vida real

    Usarlas antes de que pase media hora después de despertar podría estimular la depresión.

    Steve Lundeberg, Universidad Estatal de Oregón

    Dos nuevos estudios realizados por científicos de la Universidad Estatal de Oregón, en EE. UU., sugieren que las redes sociales podrían no ser suficientes para reemplazar el apoyo emocional que las personas reciben de las relaciones personales, y que el horario en que se utilizan las redes sociales puede ser importante para la salud mental de una persona.

    El primer estudio examinó la relación entre el apoyo emocional a través de las redes sociales, el apoyo emocional en la vida real y la soledad. El segundo estudio examinó si el uso de las redes sociales poco después de despertarse estaba asociado con la depresión.

    30 a 70 años

    Ambos estudios fueron financiados por los Institutos Nacionales de Salud y utilizaron la misma muestra representativa a nivel nacional de 1.512 adultos estadounidenses de entre 30 y 70 años que completaron un cuestionario en julio y agosto de 2023.

    “Si bien estos hallazgos no significan que las redes sociales sean intrínsecamente dañinas, sí sugieren que debemos reflexionar cuidadosamente sobre cómo las usamos, tanto a nivel personal como social”, dice Brian Primack, médico e investigador de la Facultad de Salud de la Universidad Estatal de Ohio (OSU), quien estudia las implicaciones para la salud pública de los medios de comunicación y la tecnología.

    Apoyo en la vida real tiene un poder mayor

    Primack señala que los participantes del estudio con los niveles más bajos de apoyo emocional en la vida real tienen más de ocho veces más probabilidades de sentirse solos en comparación con aquellos con los niveles más altos de apoyo emocional en la vida real.

    “En lo que respecta al apoyo emocional, nuestros hallazgos sugieren que las redes sociales no sustituyen el apoyo que recibimos a través de nuestras relaciones en la vida real”, afirma Geethika Koneru, médica y estudiante de posgrado que dirigió el estudio. “Al comparar directamente ambos tipos de apoyo emocional, el apoyo emocional de las redes sociales resultó ser mucho menos efectivo que el apoyo emocional de la vida real”.

    Redes sociales poco después de despertar

    En el segundo estudio, los investigadores se centraron en un aspecto diferente del uso de las redes sociales: el tiempo transcurrido desde que las personas se despertaban hasta que comenzaban a usarlas. Los científicos descubrieron que el uso de las redes sociales dentro de los 30 minutos posteriores al despertar estaba fuertemente asociado con la depresión, incluso después de tener en cuenta el uso total de las redes sociales y las características demográficas.

    “Existe una fuerte relación entre el uso de las redes sociales durante los primeros 30 minutos después de despertarse y la depresión”, afirma Hyosin Dawn Kim, profesora asistente de investigación en la Universidad Estatal de Ohio y líder del estudio. “Pero desconocemos si el uso de las redes sociales poco después de despertarse contribuye a la depresión, si la depresión lleva a las personas a usarlas al despertarse, o ambas cosas”, concluye.

  • Cómo valorarse, crecer y relacionarse mejor

    Cómo valorarse, crecer y relacionarse mejor

    Si no hay verdadera escucha de uno mismo y de los otros no hay encuentro posible. Somos seres sociales y necesitamos encontrarnos. Para ello hay que saltar, también, sobre los miedos.

    Ingenio

    Es fundamental permitirnos un espacio para escucharnos a nosotros mismos, no sólo por la posibilidad de reflexionar, sino tambien por el hecho de poder escuchar las señales de nuestro cuerpo. Cuántas veces postergamos una consulta médica porque decimos que ya se nos va a pasar, o tomamos como natural e inevitable el dolor.

    Somos un todo indivisible, complejo y único, es decir, estamos estrechamente entramados en una unidad cuerpo-mente-espíritu, salvo desde lo meramente intelectual, ya que mente y cuerpo se influyen en forma mutua. Para entenderlo mejor, por ejemplo, cuando no reconocemos nuestras preocupaciones, cuando no las escuchamos, éstas se transforman en un mensaje imposible de ignorar, se hacen “carne”. Es lo que se acostumbra a llamar enfermedades psicosomáticas.

    ¿Cómo iniciar un camino que nos lleve a tener una sintonía fina con nosotros mismos y los demás? Acá unas medidas sencillas para transitar ese camino.

    1.- Disponerse a escuchar

    Aquellos aspectos de nuestra personalidad que no coinciden con la imagen ideal que tenemos de nosotros mismos, existen, aunque no queramos reconocerlos. Muchas veces, se expresan a través de síntomas corporales. A su vez, éstos provocan reacciones emocionales inevitables, que las podremos manejar de mejor o peor manera: nos desesperamos, nos quejamos, nos evadimos, las afrontamos, luchamos,… etc.         

    Por otro lado, cuando me doy permiso y me dispongo a una verdadera escucha, me puedo centrar realmente en el otro, en lo que me dice. Entonces, puede que encuentre una mirada, una comprensión distinta y creativa para mí mismo, impensada hasta ese momento, y de esta manera nos vamos construyendo tanto una mejor manera de estar en el mundo o una relación particular.

    2.- Dejar de “pasarle” la culpa a otros

    Nuestra mente puede generar grandes maravillas o importantes desastres. Muchas veces, cuando tenemos problemas, lo primero que pensamos es a quién culpar, qué está mal, por qué a mí, y de esta forma el conflicto persiste: ya sea porque no lo definimos adecuadamente o porque ponemos toda la responsabilidad del problema en otras personas, con lo cual como ella no depende de mí, nada puede hacer al respecto.

    3.- Pensar en positivo (sin caer en la “magia”)

    Como una especie de ironía, el libro “Guía infalible de cómo ser un perfecto desdichado”, de Dan Greenburg, sugiere 10 justificaciones o pensamientos que tenemos que promover si queremos evitar ser felices o estar contentos:

    • “Nunca nos sale nada bien”.
    • “Tengo muy mala suerte”.
    • “No hay ninguna probabilidad de que esto salga. No vale la pena intentarlo”.
    • “No está escrito en el destino”.
    • “Nadie lo hizo antes”.
    • “Ya es demasiado tarde”.
    • “Hay que pagar el derecho de piso”.
    • “No sabríamos cómo hacerlo o qué decir”.
    • “Tal vez podríamos intentarlo más adelante, cuando estemos un poco más preparados, pero no ahora”.
    • “Es mejor esperar y postergar lo que queremos hacer”.

    Este tipo de justificaciones con seguridad nos van condicionando hacia la infelicidad o hacia un estado de frustración. Por el contrario, tener una postura positiva para todo aquello que encaramos puede ayudarnos a que seamos personas más felices. Recuerde que en el intentar las cosas, está la tranquilidad de no haberse quedado con los brazos cruzados (e, incluso, haber aprendido algo) aun cuando las cosas no resulten.

    4.- Vencer el miedo como obstáculo

    El miedo es una herramienta muy valiosa para la supervivencia, porque nos hace defendernos cuando percibimos una situación amenazante o, al menos, cuando creemos que es así: en este punto aparece el miedo disfuncional: el que se basa en temores imaginarios, miedos insensatos y percepciones distorsionadas, todos los que nos provocan angustia y pueden llegar a condicionarnos gravemente.

    El miedo que sobreviene por inseguridad y puede manifestarse como ansiedad, desprecio a los demás o autodesprecio, actitud distante, timidez, soberbia, egocentrismo desmedido.

    Muchos de nuestros temores son miedos que provienen de nuestro ego, por temor a las descalificaciones, a no ser aprobados, a ser rechazados o, simplemente, por inseguridad. En consecuencia, de alguna u otra manera soportamos sentirnos mal y nos impedimos a buscar un bienestar por seguir siendo aceptados por el otro o por un grupo.

    Recuadro

    La mirada hacia el interior

    • Propiciar espacios de introspección y autorreflexión.
    • Permitirse una verdadera escucha para con uno mismo y otras personas, centrando real atención a fin de poder encontrar una mirada y comprensión distinta.
    • En cada momento, en cada instante, tenga en cuenta la siguiente frase del Doctor Christian Bárnard, aquel famoso cardiólogo que hizo el primer trasplante de corazón: “Si piensas que estás vencido, lo estás. Si piensas que no te atreves, no lo harás. Si piensas que te gustaría ganar, pero no puedes, no lo lograrás. Si piensas que perderás ya has perdido”.
  • Los abuelos son claves para superar la adversidad adulta

    Los abuelos son claves para superar la adversidad adulta

    También los tíos, profesores y entrenadores. Al alimentar el lado bueno de la niñez, evitan que quede eclipsado por el malo.

    Katya Poltorak, Northeastern University

    Tus abuelos dan vida a “El Gruffalo”, con su extraña forma, leyendo el cuento en voz alta e imitando diferentes voces. Te llevan a ver lémures o jirafas al zoológico. Te enseñan a cultivar cebolla de verdeo en el alféizar de la ventana. Y te dejan probar todas las facturas cuando no puedes decidir cuál quieres.

    Y, como demuestra la experiencia de Kelsie Lopez, investigadora postdoctoral en psicología de la Northeastern University, en Boston, Estados Unidos, estos ancianos de la familia también inspiran la investigación científica.

    Cuando López revisó las publicaciones sobre neurodesarrollo, el campo que decidió estudiar en el Centro de Salud Cognitiva y Cerebral de Northeastern, notó una omisión evidente. La gran mayoría de los trabajos se centraban en la adversidad: experiencias estresantes o dañinas que hacen que la infancia se sienta insegura, inestable o desamparada.

    ¿Dónde estaba la investigación sobre las cosas que salen bien?, se preguntó.

    Junto con Laurel Gabard-Durnam, profesora de psicología de la Universidad Northeastern, y colegas del Bryn Mawr College en Pensilvania, López se propuso llenar ese vacío.

    Lo bueno en tiempos malos

    El estudio resultante arrojó un resultado esperanzador: el lado bueno de la niñez no tiene por qué quedar eclipsado por el mal.

    Para llegar a esta conclusión, los investigadores vincularon las experiencias positivas, como tener oportunidades de aprendizaje, con una mejor salud mental en la edad adulta, incluso después de tener en cuenta las dificultades que pudieron haber coincidido con ellas.

    “El hecho de haber sufrido adversidades en la infancia no significa necesariamente que no se hayan producido experiencias positivas en esa misma etapa de la vida”, dice López.

    Para estudiar científicamente estas experiencias, los investigadores deben convertirlas en cifras. ¿De qué otra manera se puede determinar si los cuentos de la abuela antes de dormir compensaron el estrés que le causó a papá perder su trabajo?

    Cómo medirlo

    López y sus colegas desarrollaron una escala que organizaba las experiencias positivas en torno a tres dimensiones: previsibilidad, oportunidad y seguridad, diseñadas como contrapartes positivas de los marcos típicos que examinan los factores estresantes de la infancia y que se centran en la imprevisibilidad, la privación y la amenaza.

    Luego elaboraron un cuestionario en torno a esas preguntas.

    La sección sobre previsibilidad incluía preguntas como si los participantes sabían quién cuidaría de ellos después de terminar la escuela. Las preguntas relacionadas con las oportunidades y la seguridad exploraban si habían tenido la oportunidad de formar relaciones cercanas o si se sentían protegidos física y emocionalmente.

    Para cada pregunta, un total de aproximadamente 1200 participantes calificaron la veracidad de una afirmación sobre su infancia en una escala de cuatro puntos, que iba desde “muy cierto” hasta “nada cierto”. Posteriormente, los investigadores convirtieron las respuestas en puntuaciones en una escala del 1 al 4, donde las puntuaciones más altas reflejaban experiencias más positivas.

    Los participantes también completaron cuestionarios para medir experiencias adversas en la infancia, así como una encuesta para evaluar sus niveles actuales de ansiedad, depresión y resiliencia. Posteriormente, los investigadores analizaron cómo las puntuaciones obtenidas en las experiencias positivas y adversas de la infancia se relacionaban con esos indicadores de salud mental en la edad adulta.

    Menos depresión y ansiedad

    Al analizar conjuntamente las puntuaciones de experiencias positivas y negativas, los investigadores pudieron plantearse una pregunta importante. Supongamos que dos personas experimentaron niveles similares de adversidad en la infancia, pero la primera también tuvo experiencias positivas. ¿Influirían esas experiencias positivas de forma significativa en la salud mental adulta de la primera persona en comparación con la de la segunda?

    Al final, la respuesta fue sí.

    Las experiencias positivas en la infancia se vincularon con menores niveles de depresión y ansiedad, así como con una mayor resiliencia en la edad adulta. Estos patrones se mantuvieron incluso después de que los investigadores tuvieran en cuenta las circunstancias adversas y el estatus socioeconómico. Por otro lado, las experiencias desfavorables en la infancia se asociaron con mayores niveles de ansiedad y depresión.

    En otras palabras, ninguna experiencia anuló a la otra. Cada una aportó a los investigadores información sobre la salud mental en adultos que la otra no podía, lo cual supone un mayor reconocimiento que el obtenido con experiencias positivas en el pasado.

    Efectos contundentes

    “Fue realmente maravilloso ver los efectos tan sólidos y contundentes de estas experiencias positivas, que superaron el grado de adversidad que experimentó cada persona, e independientemente de su estatus socioeconómico”, dice Gabard-Durnam.

    Los participantes, procedentes de diversos estratos socioeconómicos y con edades comprendidas entre los 18 y los 65 años, abarcaron todo el espectro, desde altos niveles de adversidad y experiencias positivas hasta bajos niveles de ambas, pasando por todas las combinaciones intermedias. En definitiva, los resultados reforzaron la idea central de que experimentar más adversidad no implica tener menos experiencias positivas.

    Los resultados coinciden con los hallazgos de otros investigadores sobre los ingredientes de una infancia positiva.

    Amanda Winn, directora de capacitación y asistencia técnica del Centro Nacional de Recursos HOPE, un programa de salud pública e iniciativa de investigación, señaló que la salud a lo largo de la vida se ha relacionado con experiencias positivas en la infancia.

    Una bondad muy importante

    “Son increíblemente importantes”, declara Winn a Northeastern Global News, y añadió que las investigaciones sugieren que su ausencia “puede ser más perjudicial que la presencia de traumas y adversidades”.

    Detrás de esas experiencias hay personas que las hacen posibles.

    Los investigadores de Northeastern pidieron a los participantes que indicaran en qué modelo a seguir estaban pensando al responder cada pregunta.

    Entre los “sospechosos” habituales figuraban abuelos, tíos, profesores, entrenadores y líderes espirituales que dejaron una huella positiva en la vida de decenas de jóvenes reflejados en el estudio.

    También hubo algunas sorpresas.

    “Mi respuesta favorita es que alguien propusiera al conductor del autobús escolar de su escuela primaria”, dice Gabard-Durnam. Otro participante mencionó a alguien de un bar de motoqueros. “Realmente abarcaba todo tipo de personas en el mundo”, dice Gabard-Durnam. “No se trata solo de los cuidadores (familiares o profesionales)”, concluye López.

  • Mezcla peligrosa: smartphones y niños

    Mezcla peligrosa: smartphones y niños

    El uso excesivo del celular a los 14 años duplica la posibilidad de sufrir depresión y obesidad. Recibirlo a los 12 multiplica los problemas de salud mental e insomnio.

    Children’s Hospital of Philadelphia

    Un año después de recibir su primer teléfono inteligente, a los 13 años, los adolescentes de 14 años que pasan mucho tiempo con sus teléfonos tienen más probabilidades de sufrir depresión, obesidad e insomnio.

    Así se desprende de un trabajo de investigadores del Hospital Infantil de Filadelfia, en los Estados Unidos.

    Ran Barzilay, es el autor principal del estudio y psiquiatra infantil del Centro de Investigación, Intervención y Prevención del Suicidio Juvenil de esa universidad. Ya el año pasado, Barzilay había informado que los adolescentes que adquieren su primer teléfono inteligente antes y durante los 12 años tienen un mayor riesgo de sufrir problemas de salud mental y falta de sueño que aquellos que permanecen “sin teléfono inteligente” hasta los 13 años.

    Falta de sueño

    En este nuevo estudio, Barzilay y su equipo siguieron a un grupo de jóvenes que tenían (o no) teléfono inteligente desde los 13 hasta los 14 años. Los investigadores analizaron si el hecho de tener un teléfono inteligente alrededor de los 13 años afectaba la depresión, la obesidad o el sueño un año después.

    De los 1 959 adolescentes estudiados, 1 230 obtuvieron un teléfono inteligente entre los 13 y los 14 años, mientras que 729 no. En comparación con quienes no adquirieron un teléfono inteligente, aquellos que sí lo obtuvieron a los 13 años presentaban un mayor riesgo de sufrir falta de sueño a los 14 años.

    Los investigadores descubrieron que adquirir un teléfono inteligente a los 13 años no se asociaba con la depresión a los 14, a diferencia de adquirirlo a los 12, lo cual sí se relacionó con problemas de salud mental un año después. La investigación sugiere que, a los 13 años, los adolescentes podrían estar emocionalmente más preparados para recibir su primer teléfono inteligente sin que esto perjudique automáticamente su salud mental.

    Intensidad hace la diferencia

    Sin embargo, al analizar la intensidad del uso de los teléfonos inteligentes, los investigadores descubrieron que la duración del tiempo de uso y el acceso nocturno son factores clave que influyen en el bienestar general. En niños que sí tenían teléfonos inteligentes a los 14 años, usarlos durante más de cinco horas al día se asoció con más del doble de probabilidades de sufrir depresión y obesidad, y el doble de probabilidades de no dormir lo suficiente, en comparación con usarlos dos horas o menos al día.

    El estudio no analizó qué actividades específicas con el teléfono (como los videojuegos o las redes sociales) podrían ser perjudiciales.

    No en el dormitorio

    “Un hábito sencillo pareció reducir los resultados adversos. Los niños que mantenían sus teléfonos inteligentes fuera del dormitorio por la noche tenían menos probabilidades de reportar falta de sueño, lo que sugiere que sacarlos de las habitaciones influye en el bienestar de los adolescentes”, dice Barzilay.

    “Al considerar los hallazgos de este estudio junto con nuestros trabajos anteriores, podemos afirmar con cautela que la adquisición de un teléfono inteligente a los 13 años parece más segura que a los 12 años o antes”. Sin embargo, “incluso a los 13 años, nuestros hallazgos aportan evidencia que informa a padres y profesionales de la salud sobre la importancia de introducir un teléfono inteligente con reglas claras y supervisión. Recomendamos a las familias que establezcan límites diarios para el uso del teléfono inteligente y que lo retiren de las habitaciones de sus hijos por la noche”.

    La investigación se llevó a cabo en colaboración con la Universidad de California, Berkeley, y la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania.

  • Adiós, Romeo y Julieta. ¿Está la tecnología digital acabando con el amor tradicional?

    Adiós, Romeo y Julieta. ¿Está la tecnología digital acabando con el amor tradicional?

    Mientras más utilizan las personas las plataformas de citas y pornografía de forma adictiva, menos valoran el amor.

    El uso de aplicaciones de citas y sitios web de pornografía ha crecido rápidamente en los últimos años, lo que podría derivar en una adicción y, potencialmente, socavar las creencias tradicionales sobre el romance y el amor verdadero.

    Para profundizar en el tema, expertos internacionales encuestaron a 664 usuarios de aplicaciones de citas y pornografía en línea para evaluar sus opiniones sobre el amor y el valor existencial que le otorgan, según explica el Dr. Reza Shabahang, investigador de psicología de la Universidad de Flinders, en Australia, uno de los autores dela investigación.

    Problemas previos

    “Ya sabemos que el uso excesivo (casi adictivo) de aplicaciones de citas y pornografía está relacionado con problemas como la ansiedad, la depresión, los malos hábitos alimenticios y la dificultad para controlar el comportamiento sexual”, afirma Shabahang.

    “Algunos usuarios incluso pueden sentirse aburridos o inquietos cuando no utilizan constantemente estas plataformas”, afirma.

    “Queríamos saber —agrega— si el uso adictivo de aplicaciones de citas y pornografía influye en cómo las personas perciben el amor romántico. Es decir: ¿siguen considerándolo significativo, más valioso que el dinero y digno de fidelidad?”.

    ¿Y de qué manera “afecta esto a nuestra forma de ver el amor y al valor existencial que le atribuimos?”.

    El amor visto como menos significativo

    La profesora asociada Ágnes Zsila, psicóloga y coautora húngara, afirma que los resultados mostraron que cuanto más utilizaban las personas estas plataformas de forma adictiva, menos valoraban el amor.

    “Tenían más probabilidades de ver el amor como algo sin sentido, de creer que solo funciona cuando hay dinero de por medio y de entrar y salir rápidamente de las relaciones”, dice Zsila.

    “Creemos que las desventajas de estas plataformas son parte de la solución. Por ejemplo, las aplicaciones de citas pueden abrumar a las personas con tantas opciones y hacer que se queden atrapadas en conversaciones superficiales”.

    La pornografía suele dar mayor importancia a la gratificación física que a la cercanía y la intimidad en las relaciones personales. Con el tiempo, este énfasis puede contribuir a que las relaciones se perciban principalmente como un medio para satisfacer necesidades sexuales, en lugar de como una fuente de conexión emocional más profunda.

    El uso consciente puede reducir los daños

    Sin embargo, Shabahang afirma que hubo un hallazgo esperanzador.

    “Las personas que usaban la tecnología de forma más consciente tenían menos probabilidades de volverse adictas y reportaban menos problemas con su percepción del amor”, afirma. En otras palabras, usar la tecnología, incluidas estas herramientas, con consciencia resulta beneficioso. “Por ejemplo, preguntándote por qué las usas y recordando que las experiencias en estas plataformas pueden ser diferentes a las de la vida fuera de línea”.

    Una advertencia para futuras relaciones

    Los resultados respaldan la necesidad de que los usuarios sean conscientes de los riesgos que pueden sufrir al utilizar estas tecnologías.

    “Creemos que esta simple toma de conciencia puede ayudar a sacar el máximo provecho de la tecnología al tiempo que te proteges de sus daños”, añade Demetrovics, director del Instituto Flinders para la Salud Mental y el Bienestar.

    “La sociedad y las generaciones futuras todavía necesitan historias románticas que merezcan ser contadas, y la tecnología no debe ser un obstáculo para ello”.

    El trabajo se realizó en grupo ​​con el profesor Zsolt Demetrovics de la Universidad de Flinders, la profesora asociada Ágnes Zsila de la Universidad ELTE Eötvös Loránd, en Hungría, y otros expertos en psicología y comportamiento humano en la era digital.

  • El skate beneficia la salud mental de las mujeres jóvenes

    El skate beneficia la salud mental de las mujeres jóvenes

    Para niñas, adolescentes y veinteañeras con falta de confianza en su cuerpo, problemas de confianza en las relaciones y ansiedad este deporte puede ser un gran aporte.

    Gentileza de la Nottingham Trent University

    En una investigación realizada por la Universidad de Nottingham Trent, en el Reino Unido, participaron 48 patinadoras de entre 8 y 27 años, de diferentes capacidades y que practicaban una variedad de enfoques y estilos, en espacios y comunidades de skate tanto en zonas urbanas como rurales.

    Las entrevistas y los grupos focales interrogaron a las jóvenes sobre cómo el skate contribuye a su salud mental y bienestar.

    Los encuestados hablaron de la diversión y la emoción del deporte, especialmente en relación con la obtención de una descarga de adrenalina y la sensación de libertad física que viene con la confianza en la tabla.

    Concentración y calma

    Además de la emoción, las jóvenes también hablaron de sus experiencias de concentración y sensación de fluidez, ya que la concentración y la inmersión necesarias para andar en patineta les brindan una sensación de bienestar y calma. Esto también les permitió estar en el momento presente sin pensamientos intrusivos, lo que les permitió escapar de los eventos difíciles de la vida.

    Este enfoque profundo también estaba vinculado con la autocompasión y la confianza en el cuerpo, y los patinadores confiaban en que sus cuerpos tendrían una idea de qué hacer a continuación sin preocuparse por las limitaciones o las fallas.

    Si bien a algunas personas les resulta más difícil convertirse en miembros plenos de las comunidades locales de skate, otras se benefician de la creciente adopción del skate por parte de las mujeres jóvenes, que encuentran una comunidad en grupos dominados por chicas o en sesiones regulares de mujeres jóvenes y niñas en skateparks administrados.

    Beneficios claros

    Se beneficiaron especialmente de la alegría, la calma y el reconocimiento mutuo de compartir sus experiencias en el skate con amigos, e incluso hablaron sobre la búsqueda de comunidades lejos de sus ciudades y países de origen.

    Carrie Paechter, profesora de Infancia, Juventud y Vida Familiar en la Facultad de Ciencias Sociales de la universidad dice: “El skate suele percibirse como una actividad arriesgada y dominada por los hombres, pero tiene el potencial de favorecer una mejor salud física y mental en mujeres jóvenes y niñas”.

    Y agrega que “la investigación nos permite ver que ofrece un espacio único para que las mujeres jóvenes, que pueden ser vulnerables en términos de salud mental y positividad corporal, cultiven la autocompasión corporal, encuentren una comunidad y mejoren su bienestar general”.

    “Incluso a nivel internacional, el fracaso y las caídas son parte de la competición y hay un considerable apoyo y estímulo mutuos, especialmente entre las niñas y las jóvenes competidoras”, concluye.

  • Cómo luchar contra la adicción a Tik Tok

    Cómo luchar contra la adicción a Tik Tok

    Los videos cortos están diseñados para crear dependencia, con los peligros que eso conlleva. Por suerte, el control de la atención se puede mejorar con la práctica.

    Frontiers

    En las redes sociales, los vídeos cortos, como los de TikTok, están por todas partes. La exposición repetida a este contenido breve, denso en información y gratificante estimula el cerebro, haciéndonos sentir que la experiencia es placentera o satisfactoria. Pero, si se consume en exceso, se puede desarrollar una adicción a ellos, un patrón desadaptativo que dificulta la regulación del consumo de este tipo de vídeos.

    Con la proliferación de vídeos cortos en línea, tal adicción es una preocupación creciente, ya que afecta la eficiencia en la vida diaria y repercute negativamente en la salud física y mental. Por ello, comprender este tipo de adicción, relativamente nueva, es fundamental: se sabe poco sobre los mecanismos psicológicos que aumentan la vulnerabilidad.

    Ansiedad

    Ahora, una nueva investigación realizada en China ha examinado cómo la ansiedad por apego —un patrón de relación caracterizado por el miedo al abandono que a menudo se forma en la primera infancia— contribuye a gastar tiempo excesivo mirando estos videos.

    La adicción posee, además, un ángulo inesperado: “Demostramos que niveles más altos de ansiedad por apego se asocian con un mayor riesgo de violencia sexual”, afirma el primer autor, Haodong Su, profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Anhui. Sucede que “un menor control atencional, es decir, un control deficiente sobre lo que elegimos ignorar o en lo que nos centramos, así como dificultades para procesar las emociones propias o ajenas, pueden explicar en parte esta relación”.

    Caminos hacia la adicción

    Para su estudio, los investigadores reclutaron a 342 estudiantes de entre 18 y 22 años y utilizaron diferentes escalas para medir sus niveles de adicción a los videos cortos (AVC), ansiedad por apego, control atencional (comúnmente conocido como concentración) y alexitimia, un rasgo de carácter caracterizado por la dificultad para identificar y describir emociones. Investigaciones previas sugieren que la alexitimia es relativamente común entre los jóvenes, especialmente durante etapas clave del desarrollo o cuando se enfrentan a situaciones de estrés.

    Los resultados mostraron que niveles más altos de ansiedad por apego aumentaban la probabilidad de desarrollar agresión sexual afectiva. Esta susceptibilidad puede estar influenciada tanto por el control atencional como por la alexitimia, mecanismos que influyen en el procesamiento emocional.

    Investigaciones previas han demostrado que niveles más altos de ansiedad por apego conllevan una disminución del control atencional y que las personas con mayores niveles de ansiedad por apego tienden a presentar rasgos alexitímicos más severos. Cuando estos mecanismos no logran regular completamente las emociones, las personas pueden recurrir a reguladores externos, como videos cortos, para afrontar los efectos negativos.

    “Las personas con síntomas de alexitimia más graves mostraron niveles significativamente más altos de adicción, lo que indica que tener dificultades para identificar y expresar emociones puede aumentar la dependencia de los vídeos cortos como una forma de escape emocional”, explica Su.

    Un control atencional deficiente, que a su vez suele intensificar y aumentar los niveles de alexitimia, también medió la relación entre la ansiedad por apego y la adicción a este tipo de videos.

    Protegidos por la atención

    Si bien un control deficiente de la atención puede hacer que los adolescentes sean más propensos a volverse adictos a los videos cortos, entrenar la concentración también puede lograr el efecto contrario y desempeñar un papel protector en el desarrollo de esta adicción.

    “Los jóvenes que tienen mayor capacidad para regular y mantener su atención son menos propensos a desarrollar patrones adictivos de uso de vídeos cortos, incluso cuando experimentan dificultades emocionales como la ansiedad por apego”, señala Su.

    Pequeñas medidas, como establecer límites de tiempo para el consumo de vídeos, programar periodos específicos sin teléfono o establecer rutinas que fomenten la reflexión sobre las emociones, pueden ser puntos de partida útiles para los adultos jóvenes que tienen problemas de concentración o alexitimia.

    “El control de la atención no es una habilidad fija y se puede mejorar con la práctica”, dijo Su. “Estrategias como el entrenamiento en atención plena, la reducción de la multitarea y la programación deliberada de períodos de actividad concentrada pueden ayudar a fortalecer la regulación de la atención y reducir el riesgo de adicción”.

    La muestra también presentó un desequilibrio de género, con aproximadamente el 72 % de los participantes siendo hombres. Dado que la ansiedad por apego y el control atencional difieren según el género, futuras investigaciones con muestras más equilibradas serán importantes para determinar si estos patrones se mantienen en ambos sexos. Asimismo, son necesarios estudios que abarquen períodos de tiempo más prolongados para confirmar las relaciones aquí identificadas.

    “Nuestros hallazgos demuestran que fortalecer el control atencional y la conciencia emocional, en lugar de depender únicamente de restringir el uso de la tecnología, puede ser eficaz para prevenir la adicción a los videos cortos”, concluye Su. “La adicción a los videos cortos no se trata solo del tiempo frente a la pantalla, sino también de la regulación emocional y cognitiva”.