Nuestras ensoñaciones y divagaciones producen un mayor bienestar cuando se centran en el futuro o en temas positivos, y cuando fluyen libremente de un tema a otro.
Julia Kam, Caitlin Mills, Jessica Andrews-Hanna, The Conversation
A lo largo del día, nos vienen a la mente multitud de pensamientos. Quizás recordemos nuestras últimas vacaciones, pensemos en alguna noticia, rememoremos una conversación divertida o evaluemos planes para el fin de semana. Estos pensamientos no solo son muy comunes en la vida cotidiana, sino que también tienen un gran impacto en nuestro funcionamiento.
Nuestra investigación demuestra que distintos tipos de pensamientos están estrechamente relacionados con el bienestar emocional. Al comprender estas conexiones, las personas pueden identificar nuevas maneras de cuidar y mejorar su salud mental.
Esto cobra especial relevancia dado el aumento global de los problemas de salud mental, agravado por la escasez y el agotamiento de los profesionales en este campo. Ante estos desafíos, consideramos importante ampliar los enfoques de salud mental para incluir la prevención, además de la intervención.
Alerta con el estrés
Las iniciativas de prevención requieren comprender cómo surgen los patrones de pensamiento clínicamente significativos para elaborar estrategias de prevención eficaces que, en última instancia, puedan evitar que el estrés cotidiano se convierta en problemas de salud mental.
Como equipo de científicos cognitivos que estudian la divagación mental y su importante relación con el bienestar emocional —así como los patrones cerebrales y de movimientos oculares que la sustentan—, realizamos varios estudios para examinar la relación entre pensamientos y emociones. En resumen, descubrimos que aquello en lo que la gente piensa está estrechamente relacionado con cómo se siente.
Pensamientos y sentimientos
En una serie de estudios, nos propusimos comprender esta relación entre estudiantes de Canadá y Estados Unidos. Durante una semana, enviamos diariamente varias encuestas breves a diferentes personas, pidiéndoles que informaran sobre sus pensamientos y emociones. Esto nos permitió captarlas de forma natural, en el momento en que realizaban sus actividades cotidianas.
Descubrimos que las personas tendían a reportar un peor estado de ánimo cuando experimentaban pensamientos ajenos a la tarea, a menudo denominados divagaciones mentales (por ejemplo, pensar en qué preparar para la cena mientras se está en el trabajo). Por el contrario, tendían a reportar un mejor estado de ánimo cuando sentían que tenían el control de sus pensamientos y podían elegir en qué concentrarse (por ejemplo, pensar en la pareja durante una conversación importante).
Las personas también reportaron un mejor estado de ánimo cuando sus pensamientos fluían libremente de un tema a otro. Por ejemplo, sus pensamientos pueden ir desde recuerdos de la infancia hasta un video divertido o unas próximas vacaciones. El tipo de pensamientos que experimentan las personas está estrechamente relacionado con su estado de ánimo del momento.
Distraídos de lo que hacemos
Si bien estos estudios fueron un buen punto de partida, también nos interesaba saber qué revelaba el conjunto de investigaciones existentes, especialmente si el contenido de los pensamientos de las personas influía en su estado de ánimo. Identificamos 76 estudios que examinaban una relación similar y realizamos una revisión sistemática y un metaanálisis para determinar la evidencia general.
Nuestro análisis reveló que los pensamientos ajenos a la tarea suelen estar relacionados con un peor estado de ánimo, especialmente cuando estos pensamientos se sienten fuera de control, son rumiantes o se centran en temas negativos. Es importante destacar que los pensamientos pueden estar relacionados con un mejor estado de ánimo cuando se centran en el futuro o en temas positivos y cuando fluyen libremente de un tema a otro.
En pocas palabras, lo que pensamos puede influir en nuestra felicidad.
Prestar atención a los patrones de pensamiento
¿Cómo pueden las personas aprovechar este conocimiento para mejorar su salud mental? Un primer paso importante implica la autoconciencia, el proceso de prestar atención a nuestros patrones de pensamiento y cómo estos afectan nuestras emociones.
Si bien nuestros hallazgos sugieren que ciertos tipos de pensamientos están vinculados a variaciones del estado de ánimo en la población general, estas relaciones pueden ser diferentes para cada individuo. Es fundamental identificar los pensamientos que influyen positiva y negativamente en nuestra propia felicidad.
Pasos
El siguiente paso es explorar estrategias que puedan cambiar la relación que se tiene con los pensamientos o modificarlos directamente. Primero, es importante normalizar los pensamientos que se desvían de la tarea e incluso los pensamientos negativos; casi todos los humanos los experimentamos en una situación determinada. No son un defecto del pensamiento humano, sino más bien una característica inherente. Por lo tanto, hay que intentar adoptar un estado de consciencia plena, que implica no juzgarse a uno mismo ni a nuestros pensamientos, sino reconocer que los pensamientos negativos van y vienen.
En segundo lugar, consideremos maneras de aumentar los pensamientos que generan un estado de ánimo positivo y disminuir los que generan un estado de ánimo negativo. Por ejemplo, si notamos que los pensamientos rumiantes (como una discusión acalorada con nuestras parejas) nos generan un estado de ánimo negativo, hay que considerar estrategias establecidas como la atención plena (o diversas formas de meditación), que han demostrado reducir los pensamientos rumiantes.
Cabe destacar que no todas las estrategias funcionan para todo tipo de pensamiento ni para todas las personas; la clave está en encontrar la que mejor funcione para cada uno y para los tipos de pensamientos que se desea cambiar.
Aunque nos hemos centrado principalmente en cómo los pensamientos pueden afectar el bienestar emocional, es importante tener en cuenta que lo contrario también puede ser cierto: cómo uno se siente también puede influir en lo que se piensa. Estas estrategias pueden ayudar a modificar tanto los pensamientos como las emociones.
Prestar atención a dónde se dirigen los pensamientos y aprender a cambiarlos según se desee, puede ayudar a las personas a sentirse más contentas y evitar que el estrés cotidiano se convierta en problemas de salud mental más graves.


