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  • Actividad mental intensa rejuvenece 13 años la velocidad mental

    Actividad mental intensa rejuvenece 13 años la velocidad mental

    La mejora es de 17 años entre los hombres, 10 años entre las mujeres. Incluye, leer revistas y libros, ir a clases, jugar juegos sencillos o bingos.

    Gentileza de la American Academy of Neurology

    Diversos estudios han demostrado que la actividad física y mental ayuda a preservar las habilidades de pensamiento y retrasar la aparición de demencia. Un nuevo estudio sugiere que estos beneficios pueden variar entre hombres y mujeres, pero que pueden ser más importantes de lo que pensamos.

    El estudio, publicado en julio de 2022 en Neurology, la revista médica de la Academia Estadounidense de Neurología analiza los efectos de actividades físicas y mentales como: leer, ir a clases, jugar a las cartas o juegos, sobre la reserva cognitiva en las áreas vinculadas a velocidad de pensamiento y memoria. La reserva cognitiva es la “reserva” que se forma cuando las personas desarrollan fuertes habilidades de pensamiento y les permite funcionar con normalidad, incluso, cuando sus cerebros ya muestran signos de los cambios subyacentes asociados con el deterioro cognitivo y la demencia.

    Memoria y actividad física

    “Descubrimos que una mayor actividad física se asoció con una mayor reserva de velocidad de pensamiento en las mujeres, pero no en los hombres”, dice la autora del estudio, Judy Pa, experta de la Universidad de California en San Diego. En tanto que, “participar en más actividades mentales se asoció con una mayor reserva de velocidad de pensamiento tanto para hombres como para mujeres”.

    En cuanto a otro aspecto central en los problemas de envejecimiento, una mayor actividad física no se asoció con la reserva de memoria en hombres o mujeres.

    Cabe notar que el estudio involucró a 758 personas con una edad promedio de 76 años. Algunas no tenían problemas de memoria o de pensamiento, algunas tenían un deterioro cognitivo leve y otras tenían demencia. Los participantes se sometieron a escáneres cerebrales y tomaron pruebas de memoria y velocidad de pensamiento. Para calcular la reserva cognitiva, las puntuaciones de las pruebas de pensamiento de las personas se compararon con los cambios en el cerebro asociados con la demencia, como el volumen total del hipocampo, una región clave del cerebro afectada por la enfermedad de Alzheimer.

    También se preguntó a las personas sobre su actividad física semanal habitual. Para la actividad mental, se les preguntó si habían participado en tres tipos de actividades en los últimos 13 meses: a) leer revistas, periódicos o libros; b) ir a clases; y c) haber participado en juegos de cartas, otros juegos o bingo. Se les asignó un punto por cada tipo de actividad, hasta un máximo de tres puntos.

    Prevención que vale oro

    Para la actividad mental, los participantes promediaron 1,4 puntos. Para la actividad física, los participantes participaron, en promedio, en al menos 15 minutos por semana de actividades que elevan el ritmo cardíaco, como caminar a paso ligero y andar en bicicleta.

    Pa asevera que cada actividad mental adicional en la que participaban las personas correspondía a 13 años menos de envejecimiento en su velocidad de procesamiento en sus habilidades de pensamiento: 17 años entre los hombres y 10 años entre las mujeres.

    “Dado que posiblemente tenemos pocos o ningún tratamiento efectivo para la enfermedad de Alzheimer, la prevención es crucial. Cien gramos de prevención valen más que un kilo de tratamiento”, destaca Pa. “Saber que las personas podrían mejorar potencialmente su reserva cognitiva tomando medidas simples como ir a clases en el centro comunitario, jugar al bingo con sus amigos o pasar más tiempo caminando o haciendo jardinería es muy emocionante”.

    Pa agrega que, según los tamaños del efecto observados en el estudio, duplicar la cantidad de actividad física equivaldría a unos 2,75 años menos de envejecimiento en lo que respecta a la velocidad de procesamiento de las habilidades de pensamiento de las mujeres.

    Los investigadores también analizaron si la relación entre las actividades físicas y mentales, y la reserva cognitiva se veía afectada por el gen que conlleva el mayor riesgo de Alzheimer, llamado APOE e4. Encontraron qué para las mujeres, tener el gen disminuye los efectos de la relación beneficiosa entre las actividades físicas y mentales, y la reserva cognitiva.

    En términos metodológicos estrictos, el estudio no prueba que las actividades físicas y mentales ayuden a mejorar la reserva cognitiva. Solo muestra una asociación.

    Otra limitación del estudio fue que las personas informaron sobre su propia actividad física y mental, por lo que es posible que no recordaran correctamente. Además, los factores estructurales y sociales que afectan la reserva cognitiva, como la educación, no se midieron en el estudio.

  • Los optimistas furiosos se autoengañan

    Los optimistas furiosos se autoengañan

    Cuando se trata de decisiones importantes, es mejor desconectar la confianza en que todo saldrá naturalmente bien.

    Gentileza de la University of Bath

    El pensamiento optimista ha sido inmortalizado durante mucho tiempo en los libros de autoayuda como la clave para la felicidad, la buena salud y la longevidad, pero también puede conducir a tomar malas decisiones, con implicaciones particularmente graves para el bienestar financiero.

    De hecho, una investigación de la Universidad de Bath muestra que el optimismo excesivo en realidad está asociado con habilidades cognitivas más bajas, como la fluidez verbal, el razonamiento fluido, el razonamiento numérico y la memoria. Por el contrario, aquellos con una alta capacidad cognitiva tienden a ser más realistas y pesimistas en sus expectativas sobre el futuro.

    Expectativas irreales

    “Pronosticar el futuro con precisión es difícil y por esa razón podríamos esperar que aquellos con baja capacidad cognitiva cometan más errores en sus juicios, tanto pesimistas como optimistas. Pero los resultados son claros: una baja capacidad cognitiva conduce a más sesgos de auto halago: las personas esencialmente se engañan a sí mismas hasta cierto punto”, afirma el Dr. Chris Dawson, de la Escuela de Administración de la Universidad.

    “Esto apunta a la idea de que, si bien la evolución puede preparar a los humanos para esperar lo mejor, aquellos con una alta capacidad cognitiva son más capaces de anular esta respuesta automática cuando se trata de decisiones importantes. Los planes basados en creencias demasiado optimistas conducen a malas decisiones y seguramente producirán peores resultados que los que se obtendrían con las creencias realistas”, añadió el Dr. Dawson.

    Las decisiones sobre cuestiones financieras importantes, como el empleo, las inversiones o los ahorros, y cualquier elección que entrañara riesgo e incertidumbre, eran particularmente propensas a este efecto y planteaban graves implicaciones para las personas.

    “Las expectativas financieras irrealmente optimistas pueden llevar a niveles excesivos de consumo y deuda, así como a ahorros insuficientes. También pueden llevar a un exceso de entradas de negocios y fracasos posteriores. Las posibilidades de iniciar un negocio exitoso son mínimas, pero los optimistas siempre piensan que tienen una oportunidad y pondrán en marcha negocios destinados al fracaso”, afirmó el Dr. Dawson.

    El estudio tomó datos de una encuesta del Reino Unido de más de 36.000 hogares y encontró que aquellos con mayor capacidad cognitiva experimentaron un aumento del 22 % en la probabilidad de “realismo” y una disminución del 35 % en la probabilidad de “optimismo extremo”.

    “El problema de que estemos programados para pensar positivamente es que puede afectar negativamente nuestra calidad de la toma de decisiones, particularmente cuando tenemos que tomar decisiones serias”, afirma.

    “El optimismo poco realista es uno de los rasgos humanos más generalizados y las investigaciones han demostrado que las personas constantemente subestiman lo negativo y acentúan lo positivo. El concepto de ‘pensamiento positivo’ está casi incuestionablemente arraigado en nuestra cultura, y sería saludable revisar esa creencia”, finaliza el Dr. Dawson.