En algunas decisiones difíciles, un menor tiempo de reflexión se asocia con una mayor calidad de las decisiones.
Universidad Ludwig-Maximilians de Múnich (LMU) y Universidad de Bonn
En ajedrez, las decisiones más rápidas suelen ser las de mayor calidad. Esta es la conclusión de un equipo de investigadores de la LMU y científicos de la Universidad Erasmus de Róterdam y la UniDistance Suisse. ¿Y en la vida?
Para lo primero, los expertos se basaronn en datos de partidas profesionales de ese juego, donde investigaron la relación entre el tiempo empleado para tomar una decisión estratégica compleja y la calidad de dicha decisión.
El profesor Uwe Sunde y sus colegas creen que los resultados de su investigación indican que el tiempo de decisión refleja la dificultad –percibida subjetivamente– del problema, la cual puede variar según la situación.
El experto razona que tomarse más tiempo para tomar una decisión puede resultar en una decisión mejor meditada, que es lo que suele pensarse como lo mejor. Sin embargo, también puede indicar que la pregunta que requiere respuesta se percibe como más difícil, lo que podría estar asociado con una menor calidad de la decisión.
“Con este estudio, hemos podido demostrar que, si se mantiene constante la dificultad objetivamente medible de la decisión, quien reflexiona durante más tiempo tomará peores decisiones”, afirma el investigador.
Una persona que reflexiona sobre un asunto durante más tiempo puede percibir, como se dijo, un mayor nivel de complejidad. Por el contrario, un menor tiempo de toma de decisiones podría indicar que el jugador tiene una fuerte intuición, es decir, un sentido innato de cuál es la mejor opción.
Lo anterior “es lo que distingue a los humanos de las máquinas: los humanos suelen reconocer qué es bueno y qué no lo es en una situación”. Por ello, “si una persona no logra comprender la situación rápidamente, le resulta difícil seguir analizando el problema racionalmente”, explica Sunde.
Correlación entre velocidad y calidad
Como economista conductual, Uwe Sunde está interesado en explorar cómo las personas toman decisiones. “Anteriormente, la mayoría de los estudios sobre el tiempo y la calidad de las decisiones han analizado decisiones relativamente simples, frecuentemente con estudiantes en entornos de laboratorio estandarizados”, explica Sunde. “En nuestra investigación, cuando examinamos decisiones reales fuera del laboratorio, a menudo tenemos que basarnos en observaciones que no son estrictamente comparables”.
En colaboración con su equipo de coautores, el economista halló una forma alternativa de analizar decisiones estratégicas complejas: analizaron los movimientos individuales de los jugadores en torneos profesionales de ajedrez. Midieron el tiempo que tardaban en tomar sus decisiones y compararon el resultado con los parámetros de referencia establecidos por los programas de ajedrez para obtener una evaluación objetiva de la calidad. Los investigadores compararon las decisiones que un jugador tomaba en diferentes configuraciones del tablero contra el mismo oponente.
Las “otras” decisiones
No obstante, la gente no vive la vida como si fuera un juego de ajedrez donde en cada movimiento puede jugarse el destino final. Las opciones suelen ser, o verse, como menos trascendentes.
Por ejemplo: ¿Darse un capricho o ahorrar para unas vacaciones inolvidables? ¿Relajarse en el sofá o hacer ejercicio? ¿Comerse una tableta entera de chocolate o guardar algo para después? En estas decisiones se presenta un dilema entre la necesidad de gratificación inmediata frente a un deseo a largo plazo. Lo que sabemos que el comportamiento de las personas es muy individual en este sentido, y también parecen existir diferencias entre culturas.
Justamente, para comprender mejor este tipo de decisiones, psicólogos de la Universidad de Bonn, también en Alemania, colaboran con investigadores de 77 países en un estudio en línea de gran envergadura: se encuestará a unas 15 000 personas hasta el 18 de agosto de 2026.
¿Correcto e incorrecto?
Cuando sopesamos las consecuencias a corto y largo plazo, tomamos lo que se conoce como “decisiones intertemporales” (esto es que una de las partes de lo que se decide no está o no ocurre en un momento inmediato). “Estas decisiones dan forma a nuestra vida cotidiana”, afirma el Dr. Kristof Keidel, coordinador del estudio y miembro del Departamento de Psicología de la Universidad de Bonn.
En la actualidad, la tendencia al consumo inmediato, incluso, se ha inmortalizado en el himno del rock “Lo quiero todo, lo quiero ya”. Sin embargo, en muchos casos, las mayores ventajas solo se hacen evidentes tras un periodo de tiempo más prolongado. Las decisiones intertemporales, y el sacrificio que conllevan, son la base de las grandes compras, la salud y la sostenibilidad.
“Aquí no hay decisiones correctas ni incorrectas”, subraya Keidel. “Se trata simplemente de preferencias personales, que, naturalmente, también están influenciadas por la situación”. Cuando los recursos son limitados, puede ser incluso mejor optar por la recompensa menor de inmediato, ya que no está claro si quedará algo mañana. Además, estas decisiones suelen depender del estado de ánimo: quienes buscan comodidad son más propensos a optar por el consumo inmediato que quienes tienen una visión optimista del futuro.
No obstante, además de las preferencias individuales, los hallazgos de estudios previos indican que el comportamiento en la toma de decisiones intertemporales también puede variar entre países y culturas. ¿Una conclusión clara e importante? No confundir la impulsividad o los apetitos con la intuición, pero darse cuenta, también, de que darle demasiadas vueltas a las cosas trascendentes puede ser un obstáculo.


