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  • El poder de la música para prevenir el deterioro cognitivo

    El poder de la música para prevenir el deterioro cognitivo

    Sea practicándola o escuchándola, los efectos positivos contrarrestan, parcialmente, el envejecimiento cerebral.

    Université de Genève e Ingenio

    El envejecimiento normal está asociado a un deterioro cognitivo progresivo. Pero ¿podemos entrenar nuestro cerebro para retrasar este proceso? Una de las medidas propuestas, recientemente, es aprender un nuevo idioma o una disciplina ajena; matemáticas, por ejemplo. Ahora, un equipo integrado por científicos de la Universidad de Ginebra (UNIGE), Suiza, HES-SO Ginebra y EPFL ha descubierto que practicar y escuchar música puede alterar el deterioro cognitivo en ancianos sanos, al estimular la producción de materia gris.

    Para lograr estos resultados, los investigadores siguieron a más de 100 jubilados que nunca habían practicado música. Se les inscribió en un curso de piano y sensibilización musical durante seis meses.  Los resultados produjeron entusiasmo.

    Plasticidad en baja

    A lo largo de nuestra vida, nuestro cerebro se remodela. La morfología y las conexiones cerebrales cambian en función del entorno y las experiencias. Por ejemplo, cuando aprendemos nuevas habilidades o superamos las consecuencias de un ictus. Sin embargo, a medida que envejecemos, esta “plasticidad cerebral” disminuye. El cerebro también pierde materia gris, donde se encuentran nuestras más preciadas neuronas. Esto se conoce como “atrofia cerebral”.

    Debido a ello, poco a poco, aparece un declive cognitivo. La memoria de trabajo es una de las funciones cognitivas que más sufre. La memoria de trabajo se define como el proceso en el que retenemos y manipulamos brevemente la información para alcanzar un objetivo, como recordar un número de teléfono el tiempo suficiente para escribirlo o traducir una frase de un idioma extranjero.

    Sin embargo, el estudio antes citado reveló que la práctica musical y la escucha activa podían prevenir el deterioro de la memoria de trabajo. Estas actividades demostraron fomentar la plasticidad cerebral y asociarse a un aumento del volumen de materia gris. También se midieron los efectos positivos sobre la memoria de trabajo. Este estudio se realizó entre 132 jubilados sanos de 62 a 78 años. Una de las condiciones para participar era que no hubieran tomado clases de música durante más de seis meses en su vida.

    Practicar frente a escuchar

    “Queríamos personas cuyos cerebros aún no mostraran ningún rastro de plasticidad relacionada con el aprendizaje musical. De hecho, incluso una breve experiencia de aprendizaje a lo largo de la vida puede dejar huellas en el cerebro, lo que habría sesgado nuestros resultados”, explica Damien Marie, primer autor del estudio, investigador asociado en el Centro de Imágenes Biomédicas CIBM, la Facultad de Medicina y el Centro Interfacultativo de Ciencias Afectivas (CISA) de la UNIGE, así como en la Escuela de Ciencias de la Salud de Ginebra.

    Los participantes fueron asignados aleatoriamente a dos grupos, independientemente de su motivación para tocar un instrumento. El segundo grupo recibió clases de escucha activa, centradas en el reconocimiento de instrumentos y el análisis de propiedades musicales en una amplia gama de estilos musicales. Las clases duraban una hora. Los participantes de ambos grupos debían hacer deberes durante media hora al día.

    Efectos positivos en ambos grupos

    “Al cabo de seis meses, observamos efectos comunes en ambas intervenciones, afirma Clara James, última autora del estudio y profesora titular de la Escuela de Ciencias de la Salud de Ginebra. Y agrega que “las neuroimágenes revelaron un aumento de la materia gris en cuatro regiones cerebrales implicadas en el funcionamiento cognitivo de alto nivel en todos los participantes, incluidas las zonas del cerebelo relacionadas con la memoria de trabajo. Su rendimiento aumentó un 6 % y este resultado se correlacionó directamente con la plasticidad del cerebelo”. Los científicos también descubrieron que la calidad del sueño, el número de lecciones seguidas a lo largo de la intervención y la cantidad de entrenamiento diario repercutían positivamente en el grado de mejora del rendimiento.

    Sin embargo, los investigadores también hallaron diferencias entre los dos grupos. En los pianistas, el volumen de materia gris se mantuvo estable en el córtex auditivo primario derecho, una región clave para el procesamiento del sonido, mientras que disminuyó en el grupo de escucha activa. Además, se observó un patrón cerebral global de atrofia en todos los participantes. Por tanto, “no podemos concluir que las intervenciones musicales rejuvenezcan el cerebro en su totalidad. Sólo previenen el envejecimiento en regiones específicas”, concluye Damien Marie. No es poco, dado que, otras investigaciones muestran que la pérdida auditiva acelera los procesos asociados a la demencia.

    En resumen, estos resultados demuestran que practicar y escuchar música favorece la plasticidad cerebral y la reserva cognitiva. Los autores del estudio creen que estas intervenciones lúdicas y accesibles deberían convertirse en una prioridad política de primer orden para promover un envejecimiento saludable. El siguiente paso del equipo es evaluar el potencial de estas intervenciones en personas con deterioro cognitivo leve, un estadio intermedio entre el envejecimiento normal y la demencia.