Cualquiera puede experimentar la felicidad, pero su naturaleza y calidad varían significativamente entre individuos con diferentes niveles de madurez.
Gentileza National Research University Higher School of Economics
El deseo de felicidad es universal, pero cada persona tiene su propia receta para alcanzarla. Mientras que una deliciosa barra de chocolate puede ser suficiente para alegrar a una persona, otra puede encontrar la verdadera satisfacción solo en la conquista del Monte Everest. Algunas personas viven según los principios del hedonismo, buscan placeres simples y luchan por la comodidad y la tranquilidad. Por el contrario, otros encuentran satisfacción al superar los desafíos, fomentar el crecimiento personal y nutrir a los demás. Esta última mentalidad a menudo se asocia con una personalidad más madura, pero ¿realmente el crecimiento interior nos trae más felicidad?
Niveles avanzados
Un estudio realizado en el Laboratorio Internacional HSE de Psicología Positiva de la Personalidad y la Motivación indica que solo existe una correlación débil entre el nivel de bienestar de un individuo y su madurez psicológica. Si bien cualquiera puede experimentar la felicidad, su naturaleza y calidad pueden variar significativamente entre individuos con diferentes niveles de madurez. Parece que el principal determinante del bienestar en los niveles avanzados de desarrollo personal es la búsqueda del sentido de la vida.
“El bienestar emocional funciona como un termómetro: podemos medir la temperatura de una persona para evaluar su estado general, ¿su vida va bien?, pero la temperatura por sí sola es insuficiente para hacer un diagnóstico, ¿qué tipo de vida es?”, pregunta Evgeny Osin, jefe del estudio, Profesor Asociado de la Escuela de Psicología HSE.
Desarrollo del ego
Los autores del estudio, Evgeny Osin, Elena Voevodina y Vasily Kostenko, realizaron una encuesta en línea a más de 360 personas mayores de 18 años para evaluar sus niveles de desarrollo personal según la teoría del desarrollo del ego de Jane Loevinger. En el centro del enfoque de Loevinger se encuentra la noción de ‘ego’, que describe el nivel de madurez de un individuo, que se manifiesta en las propias estrategias para dar sentido a las experiencias de la vida, establecer relaciones, ejercer la autorregulación y las propias preocupaciones conscientes.
El desarrollo del ego implica una adquisición progresiva de una mayor autonomía y una mayor flexibilidad en el comportamiento de uno. Los niveles más tempranos y básicos de la formación del ego incluyen las etapas Impulsiva y Autoprotectora, cuando los individuos están mayormente preocupados por sus propios deseos y emociones. En los niveles más avanzados, que incluyen las etapas Consciente, Individualista y Autónoma, las personas se vuelven conscientes de su autonomía y diferencia de los demás, aprenden a lidiar con sus sentimientos y a tomar decisiones difíciles teniendo en cuenta diversas perspectivas.
Se utilizó una prueba proyectiva de completar oraciones para determinar los niveles de desarrollo del ego de los participantes del estudio. Se pidió a los encuestados que completaran oraciones abiertas, como ‘Estar con otras personas…’ o ‘La educación es…’, que luego fueron interpretadas por los expertos centrándose en la relación de cada encuestado con el mundo, otras personas y ellos mismos.
“Por ejemplo, oraciones completas como ‘Estar con otras personas es genial’, ‘… es algo que disfruto’ o ‘… es horrible’ indican una etapa temprana del desarrollo del ego. Por el contrario, oraciones como ‘Estar con otras personas pueden ser aburridas, pero a menudo útiles’ o ‘… significa observar su personalidad y aprender de ellas’ sugieren una etapa más avanzada del desarrollo del ego y una mayor complejidad de autopercepción”, dice Osin.
Esta evaluación cuantitativa de la etapa de desarrollo del ego se comparó luego con el bienestar psicológico de los participantes y la importancia de los diferentes motivos conductuales. Se preguntó a los participantes con qué frecuencia experimentaban felicidad y satisfacción con la vida, qué tipo de relaciones tenían con las personas que los rodeaban, si sentían que su vida tenía sentido, si buscaban activamente llenarla de sentido y si tenían más probabilidades de perseguir el placer o luchar por el crecimiento personal, conquistar obstáculos o aceptar nuevos desafíos.
Los investigadores descubrieron que las personas con niveles más altos de desarrollo del ego no abandonan los motivos hedónicos, como la búsqueda del placer y la comodidad. Sin embargo, el cultivo de la conciencia y la búsqueda de significado adquieren mayor importancia en sus patrones de comportamiento. Para ellos, el significado de la vida sirve como una meta a perseguir, una experiencia a abrazar y una fuerza guía para el desarrollo personal. Su búsqueda de significado es un proceso continuo, donde la cuestión del significado se transforma de una investigación filosófica abstracta en una herramienta para la autorregulación y un marco que guía la toma de decisiones en diversas situaciones de la vida.
Algunas evolucionan, otras…
“Curiosamente, en los adultos, el nivel de desarrollo del ego ya no depende de la edad. Mientras que algunas personas progresan a niveles más altos de madurez psicológica a medida que envejecen, otras permanecen en las etapas impulsivas o autoprotectoras sin avanzar más. El estudio demuestra que el significado de la vida no es una noción abstracta, sino un desafío de la vida real que las personas encuentran a medida que alcanzan un mayor nivel de madurez personal. Es muy probable que todos, en algún momento de su vida, enfrenten este desafío”, dice Osín.
Los investigadores enfatizan que uno de los dominios prácticos donde se aplica el conocimiento sobre la madurez personal y los motivos principales del comportamiento es en el ámbito de los negocios. Por ejemplo, para elegir un director ejecutivo para una gran corporación, es fundamental identificar a una persona madura capaz de conceptualizar y defender un objetivo compartido, al mismo tiempo que muestra suficiente flexibilidad para considerar los intereses de las personas con diversas perspectivas y valores.
Esta persona necesita ser capaz de buscar compromisos racionales y creativos, mientras se abstiene de actuar únicamente sobre sus propias ideas o emociones y de imponer su visión estrecha de los problemas a los demás.


